Mi carta a la Navidad
Querida Navidad:
He decidido escribirte un poco pronto. Además, como bien sabes, los míos son deseos que cultivo desde hace mucho tiempo; por lo tanto, no deben sorprenderte.
Tal vez ya haya preparado los regalos, listos para ser entregados bajo mi árbol. Danos el valor de cambiar, de modernizarnos, de tener una visión de mundo para el futuro y de ponerla en práctica.
Danos una mayor conciencia, una información correcta y seria, el arduo pero esencial don de la capacidad crítica. Permitir que todos los niños y jóvenes se apasionen por el estudio, la lectura, la cultura; que siguen siendo la única oportunidad real de elevación social en un mundo, en una sociedad, con riesgo de estancamiento. Y tener educadores igualmente apasionados por su trabajo, satisfechos de la misión que cumplen como actores del crecimiento del capital humano, el más preciado que tenemos.
Danos la alegría de una clase política que piense en los ciudadanos, que asuma responsabilidades, que no persiga consensos a corto plazo sino que mire a las generaciones futuras. Y danos la capacidad de elegir, como nuestra clase dirigente, a quienes abandonen toda tentación de poder y de persecución de objetivos a corto plazo.
Danos una clase empresarial que prefiera invertir a especular. Y una clase sindical que comparta la laboriosa responsabilidad de la transformación productiva de la sociedad y del mundo.
Querida Navidad, tráenos una reforma profunda de la Unión Europea, capaz de hacerla reaccionar con mayor prontitud y eficacia ante los crecientes desafíos internos y globales, para hacerla escapar de una marginación, por lo demás inexorable, de lo mejor de la civilización europea en el mundo de mañana. No sólo capaz de tener un arranque de orgullo bajo la presión de una guerra globalizada aquí y allá; sino normalmente capaz de actuar como un actor único en la competencia internacional; no enredándose en interminables discusiones diplomáticas para lograr la unanimidad en las decisiones. Cercana a los ciudadanos, no la expresión de gobiernos nacionales individuales que ocupan un escaño en el Consejo. Con un parlamento que se proclame audazmente asamblea constituyente, reescribiendo la forma de estar juntos y las competencias de los Estados y de la Unión. Transformarnos en una auténtica democracia multinivel.
Estas pocas cosas me bastarían para ser feliz. Después de todo, para ti no debería ser tan difícil. Y cuando me despierte correré bajo el árbol en busca de tus regalos. Y si no los encuentro, no te preocupes; realizarlos será mi batalla diaria durante años. Como lo ha sido hasta hoy... cada día.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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