miércoles, 22 de enero de 2025

Resistir al mal a fuerza de bien.

Resistir al mal a fuerza de bien 

La espectacularización del mal es una técnica utilizada sistemáticamente en la guerra. Actos atroces, perpetrados contra civiles indefensos, filmados y difundidos como trofeos. Con un objetivo claro: la desfiguración del cuerpo del otro como forma no sólo de crear una clara distinción entre amigo y enemigo, entre los de este bando y los de aquel, sino de humillar y aniquilar a los del otro bando. 

Multiplicar el impacto de la violencia a través del sistema mediático desde la televisión a las redes sociales, actúa como caja de resonancia, explotando la ola emocional y la indignación que generan actos tan impactantes, es una forma de ampliar la identificación en torno a una causa común, pero también de radicalizar el conflicto, cualquier conflicto, alejando cualquier posibilidad de mediación y negociación. 

Pero este cálculo siempre es erróneo. Mostrar el mal explícitamente suscita consternación e indignación. El mal no se sostiene por sí mismo, sino que siempre necesita esconderse detrás de alguna justificación del bien. Cuando muestra su verdadero rostro - brutal e inhumano - no puede sino suscitar un profundo sentimiento de rechazo. La violencia, antes o después, se vuelve regularmente contra quienes la llevaron a cabo. La violencia de la guerra, con sus atentados y actos de pura crueldad, no beneficia en nada a la causa que se pretende defender. Al contrario, la debilita, socavando las frágiles vías hacia el diálogo y la paz, a los que tarde o temprano, habrá que volver. 

Siempre hay que seguir esperando que la respuesta violenta no se vea arrastrada al torbellino de la venganza. La más arcaica de las leyes, la ley del talión, no sirve para resolver los intrincados problemas a los que nos solemos enfrentar los seres humanos. Al contrario, su ceguera acaba agitando los agravios y las razones, en un círculo infernal sobre el que todo corre el riesgo de girar. No pocos conflictos están ocurriendo en un momento en que parece crecer la convicción de que el proyecto perseguido durante las últimas décadas -que recibió el nombre de globalización- ha fracasado. Y de sus ruinas brotan ahora torrentes de odio que amenazan con arrastrar al mundo a una espiral destructiva cuyo final no podemos ver. 

Lo que hace falta es otra idea del mundo que no sea la que hoy se impone por todos lados, a saber, que las disputas pueden resolverse mediante la confrontación armada. Mediante la guerra. Esto es lo que siempre han querido los terroristas y los dictadores: arrastrar al mundo entero a la espiral de la guerra con sus designios criminales. Crear el caos, destruir la legalidad, atizar las enemistades, borrar la humanidad. El punto sólido de resistencia que hay que buscar se encuentra entre la capacidad de no aceptar la extensión de la violencia -y rechazar así estos actos ilegales, inmorales e inhumanos- y el reconocimiento de la necesidad de encontrar soluciones que hasta ahora han faltado para los numerosos focos de tensión. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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