Cortina de humo
El título en castellano de aquella película fue “Cortina de humo”. Así se tradujo «Wag the dog». Según explica Wikipedia, Wag the dog es un juego de palabras que se explica en un pie de foto al principio de la película: “¿Por qué un perro mueve la cola? Porque el perro es más inteligente que su cola. Si fuera la cola la más inteligente, sería ella la que movería al perro”.
Sea como sea, la película merece ser vista y revisada,
también en estos tiempos de guerra, e incluso de las fotografías del actual
presidente norteamericano en el “caso Epstein”, de los excesos del
celo policial en Minneapolis,…
El reparto es excepcional (Dustin Hoffman, Robert De
Niro, Anne Heche, Woody Harrelson, Kirsten Dunst, William H. Macy), la
dirección es del célebre director Barry Levinson y la película es de 1997, pero
revela mecanismos de manipulación de los medios de comunicación que siguen
siendo actuales e instructivos.
Resumida al máximo, la trama es la siguiente: la CIA, para desviar la atención internacional de una Casa Blanca sacudida por un escándalo sexual, contrata a un conocido productor de Hollywood para montar una campaña mediática destinada a convencer a la opinión pública de que Estados Unidos de América está en peligro porque está siendo atacado por... Albania. De ahí surge una serie de noticias falsas y vídeos grabados ad hoc para «difundirlos» en los medios de comunicación y hacer plausible la situación de peligro.
Una práctica y una filosofía que recuerdan mucho a lo
que está sucediendo en estas semanas…
La intención del director es poner al descubierto la
capacidad engañosa del poder y la terrible eficacia de los instrumentos de
manipulación a su servicio. Si no es funcional a los fines de quienes controlan
el sistema, incluso la verdad se convierte en un adorno inútil, un error que
siempre se puede corregir con la ayuda de un buen productor y un equipo
adecuado.
“Cortina de humo” narra una doble
manipulación. Por un lado, está la capacidad del poder para utilizar medios
sofisticados con el fin de ofrecer a los medios de comunicación una verdad
falsa, inventada de la nada y, precisamente por eso, aún más perfecta y creíble
que la realidad; por otro, la facilidad con la que los instrumentos de
comunicación logran difundirla, amplificarla y transformarla en emoción.
Sin embargo, si todo se limitara a esto, no sería nada nuevo. Muchas películas han contado la sutil relación entre el poder y la información «creativa». La especificidad de “Cortina de humo” reside en la ligereza juguetona con la que se mueven los protagonistas, sorprendente y decididamente más eficaz que la seriedad con la que se ha abordado el tema en otras ocasiones.
Entre las escenas más increíbles y, en cierto modo,
impactantes estaban aquellas en las que el teatro de guerra se recreaba dentro
de un estudio cinematográfico con la ayuda del “chroma key” y los
gráficos por ordenador que ciertamente en 1997 aún estaban en sus inicios.
Si la crítica de todo el mundo la elogió, si el jurado
del Festival de Berlín le concedió el Oso de Plata, en Estados Unidos de
América fue recibida con cierta frialdad y acusada de «cinismo». Quizás porque no
se apreciaban demasiado las reflexiones irónicas sobre las guerras que surgían
de los diálogos entre De Niro y Hoffman...
Hoy reflexionaba precisamente sobre esto cuando veía
las noticias de las fotografías del actual presidente norteamericano en el “caso
Epstein” y de los excesos y asesinatos del celo policial en Minneapolis.
¡Qué fácil es diseñar y hacer ejercicios distracción para
alimentar a la opinión pública - que si Venezuela, que di Groenlandia, que si Irán,
que si... -!
En aquella época aún no se hablaba de «fake news», pero “Cortina de humo” fue realmente una película profética al ilustrar lo que el poder puede hacer cuando quiere desviar nuestra atención, o confundir la realidad, o inventar otra verdad… Se dice que la realidad supera, y con creces, la imaginación de los artistas.
“Cortina de humo” sigue siendo
emblemática por el hecho de que en la película es un Estado democrático el que
está en el centro de este engaño… uno hasta se puede imaginar lo que puede
hacer el aparato de ese Estado democrático en manos de su presidente Donald
Trump.
La propaganda siempre ha utilizado tanto armas sutiles
como estiletes como otras más contundentes como misiles con el único objetivo
de influir en la opinión pública, y si antes solo teníamos que cuidarnos de la
prensa, la televisión y el cine, hoy son las redes sociales y la web los nuevos
campos de batalla donde se juega la partida para captar, al mismo tiempo,
nuestra atención y nuestra distracción.
A nosotros, los «espectadores», solo nos queda el
arma del análisis en profundidad para intentar hacer frente a este gigantesco
espectáculo del entretenimiento informativo… mientras algunos u otros quieren distraernos, entretenidos y divertidos, de aquellas noticias que ponen de manifiesto, negro sobre blanco, la calidad democrática
de un Estado como Estados Unidos de América en manos de un presidente con
semejante calado ético y moral humano como el de Donald Trump.
En los 250 años de historia de los Estados Unidos de América
se ha documentado tal vez por primera vez que su Presidente fuera amigo íntimo y compañero habitual en la vida
social de un pedófilo condenado y traficante sexual.
Es verdad. En los llamados archivos Epstein no hay
pruebas directas de la culpabilidad de Donald Trump: hay pruebas
circunstanciales, acusaciones nunca
investigadas, insinuaciones…
Pero Donald Trump no es
simplemente otro nombre en los archivos. Es un Presidente ya condenado años atrás. Los estadounidenses lo
votaron no una, sino dos veces. Sabían a quién estaban eligiendo. Y no les
importó.
Todo lo anterior para decir que la cortina de humo parece que es efectiva y funciona.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF


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