Negacionismo
“Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas” (Mariano José de Larra).
El negacionismo es una herramienta política utilizada
para conquistar y/o mantener el poder.
Negar la realidad, especialmente aquella realidad que
provocaría un cambio en las actitudes políticas adoptadas por un poder
determinado, es una necesidad intrínseca de los poderes totalitarios, que
tienden a imponer su propia visión del mundo. Y ésta es la esencia del
problema.
Los partidos políticos de extrema derecha, que por
naturaleza son conservadores, tienden a tomar el poder para imponer una visión
del mundo, una forma de pensar la realidad. Todo lo que pueda interferir en el
cambio de esta visión se convierte en un obstáculo que hay que superar.
En este punto, el negacionismo es una herramienta de
persuasión de las masas, porque su objetivo es mantener su visión del mundo declarando
falso todo lo que pueda obstaculizarla.
Y la mentira es otro aspecto fundamental de los
sistemas de extrema derecha.
El negacionismo contemporáneo, especialmente evidente
en los movimientos de extrema derecha, trasciende la mera ignorancia o el
escepticismo. Es una estrategia política deliberada para consolidar y mantener
el poder, imponiendo una visión monolítica del mundo y combatiendo las
realidades que desafían esta narrativa.
La negación de la realidad factual, junto con el uso
sistemático de mentiras, se convierte en un pilar fundamental de estos
regímenes y movimientos.
La necesidad de negar hechos concretos surge cuando la
realidad amenaza las actitudes políticas adoptadas por un poder concreto.
Como observa la filósofa política Hannah Arendt en su ensayo Verdad y política, los regímenes totalitarios muestran un profundo desprecio por los hechos objetivos. Para Hannah Arendt, «el sujeto ideal del régimen totalitario no es el nazi convencido o el comunista convencido, sino las personas para las que la distinción entre hecho y ficción (es decir, la realidad de la experiencia) y la distinción entre verdadero y falso (es decir, los estándares del pensamiento) ya no existe» (Hannah Arendt, Entre pasado y futuro).
La imposición de una «visión del mundo» exige
que todo lo que pueda interferir o modificar dicha visión del mundo sea
declarado falso.
El sociólogo y filósofo Jürgen Habermas sostiene que
la comunicación política debe basarse en supuestos de veracidad y racionalidad.
El negacionismo, al subvertir estos supuestos, corrompe la propia esfera
pública democrática.
El negacionismo sirve como herramienta para persuadir
a las masas, con el objetivo de mantener la cohesión en torno a la ideología
dominante.
La negación del consenso científico (como el cambio
climático o, en su momento, la eficacia de las vacunas) o de hechos históricos
(como el Holocausto) no es un debate racional, sino un ataque a la autoridad
del conocimiento compartido.
En este contexto, la mentira es un aspecto fundamental
de los sistemas de extrema derecha. El historiador Robert Ower Paxton, en Anatomía del fascismo, describe
cómo los movimientos fascistas utilizaban la «banalización de la mentira»
y la manipulación de la información para crear una realidad paralela que
sirviera a sus propósitos.
El filósofo político Leo Strauss, al analizar la
naturaleza de la disimulación política, sugirió que la mentira puede utilizarse
para proteger el orden social, pero en los regímenes modernos y totalitarios se
emplea para destruir el orden social existente e imponer uno nuevo.
El negacionismo, alimentado por mentiras y
manipulaciones, es, por lo tanto, una herramienta intrínseca de los poderes
totalitarios o autoritarios. No busca el debate ni la verdad, sino más bien la
sumisión de la realidad a los dictados ideológicos, con el objetivo de mantener
el poder a cualquier precio, como lo demuestra el auge y la actuación de los
partidos políticos de extrema derecha en la época contemporánea.
“Negar un hecho es lo más fácil del mundo.
Mucha gente lo hace, pero el hecho sigue siendo un hecho” (Isaac
Asimov).
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF


No hay comentarios:
Publicar un comentario