viernes, 23 de enero de 2026

Una llamada a la conversión y a la misión - San Mateo 4, 12-23 -.

Una llamada a la conversión y a la misión - San Mateo 4, 12-23 -

Este pasaje del Evangelio presenta el comienzo de la vida pública de Jesús con un mensaje de vida y esperanza: Él es verdaderamente el nuevo comienzo, ha venido a traer vida nueva y abundante para todos (cf. Jn 10,10).

 

Él es compañero de viaje, aliado y amigo de todos los pueblos y culturas. Ha venido a dar plenitud y a cumplir las aspiraciones más profundas de cada persona y de todos los pueblos.

 

Desde sus primeras manifestaciones en público, Jesús se presenta como un misionero itinerante: de pueblo en pueblo, enseña, predica la Buena Nueva del Reino, cura a los enfermos, llama a discípulos....

 

No comienza su misión en el Templo, ni en otros lugares importantes y religiosos como Jerusalén, sino en zonas periféricas, entre los alejados, los heterodoxos, los menos religiosos, los semipaganos, los impuros en contacto con los paganos. Así eran (considerados) los habitantes de Galilea, región al norte de Palestina.

 

Dejando Nazaret, Jesús se va a vivir a Cafarnaúm, una ciudad fronteriza, con una aduana para las mercancías en tránsito por la «vía del mar», el camino imperial que unía Egipto, Palestina, Siria y Mesopotamia. Desde la antigüedad, por lo tanto, Galilea era una zona de cruce de pueblos, un cruce de caminos sometido al paso de tropas y al control del tráfico, con las consiguientes contaminaciones, corrupción y repercusiones morales.

 

El evangelista Mateo ve que con la presencia de Jesús se inicia una misión llena de esperanza, basada, sin embargo, en un exigente programa de conversión a Dios y de compromiso con su Reino: «Convertíos, porque el Reino de los cielos está cerca».


Con esta elección inicial, Jesús muestra que los primeros destinatarios de su Evangelio y del Reino no son los justos, los observantes o los que se consideran tales, sino los alejados, los excluidos... Es el humilde comienzo de una misión que tendrá horizontes universales y que será llevada adelante por los discípulos y sus sucesores, llamados a seguir a Jesús para ser, en todas partes del mundo, «pescadores de hombres».

 

La vocación al Reino implica siempre un éxodo, una partida, a menudo también geográfica, dejar a alguien y algo; siempre hay un desprendimiento, una salida del propio egoísmo y del propio entorno limitado.

 

Aquí Jesús deja Nazaret; Abraham salió de su tierra y de su parentela; así, dos grupos de hermanos, llamados por Jesús a seguirlo, dejan las redes, la barca y al padre. En cualquier caso, la vocación nunca es una partida hacia el vacío: es dejar algo para seguir a Alguien, una partida al encuentro de Otro. En primer lugar está siempre el encuentro y el apego a la persona de Jesús.

 

Esta vocación-misión tiene sus raíces en una conversión («Convertíos...»), un cambio de mentalidad, una nueva orientación hacia Dios y su Reino, del que Jesucristo es la plenitud.

 

La conversión a Cristo implica el seguimiento y la misión, estar bien arraigados en Él y bien insertados en los caminos del mundo: «Os haré pescadores de hombres».

 

La propuesta misionera y vocacional de Jesús es global: se articula en cuatro momentos: 

·  1. mirada a la situación del mundo: poblaciones lejanas y periféricas, poco religiosas;

·  2. invitación a la conversión del corazón hacia Dios y su Reino;

·  3. encuentro y seguimiento de Cristo: «Venid en pos de mí...»;

·  4. misión en el mundo: «pescadores de hombres», dedicados sobre todo a los débiles y enfermos. 

La misión pública de Jesús comienza en la Galilea de los gentiles y, según el Evangelio de Mateo, Jesús resucitado la concluirá también en Galilea (cf. Mt 28,7.10.16), enviando desde allí a los discípulos en misión a todas las naciones (Mt 28,19).


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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