Contemplar y acoger el don de Dios - San Mateo 17, 1-9 -
Para comprender la Transfiguración, es importante leer lo que sucedió antes, para situarla en su contexto histórico adecuado.
Jesús y su comunidad están viviendo un momento
difícil, porque Jesús ya ha comprendido que se enfrenta a la Pasión y comienza
a hablar de ello abiertamente con los Doce.
El resultado es desastroso.
Jesús trata a Pedro como a Satanás (adversario) y se encuentra
solo, debido a la incomprensión de sus amigos más cercanos.
El estado de ánimo de Pedro y sus compañeros no es
mejor.
El ambiente se carga de silencios y caras largas.
¡Quién sabe cuántas cosas habrán pensado del maestro
en esos días!
«Seis», con exactitud, nos dice el
evangelista: señal de que lo recuerda.
Es comprensible que los discípulos no logren entender
que Jesús toma esta decisión por su bien y el nuestro.
Hoy en día también sucede muchas veces, por pequeñas
cosas, que se discute porque no se entienden las buenas intenciones del otro.
¡Imaginemos si la persona en la que me apoyo me dice que debe irse o morir!
Encontramos un paralelismo en la historia de Abraham.
Debió de ser difícil para Abraham escuchar la voz que le invitaba a partir;
pero también debió de ser difícil para los miembros de su clan aceptar la idea
de emprender un camino desconocido, dejando atrás las fértiles llanuras a las
que estaban acostumbrados. Quién sabe cuántos murmullos y discusiones.
Lo mismo nos ocurre a nosotros cada vez que los
caminos del Señor se oponen a los nuestros.
Para intentar remediar esta situación de malestar,
Jesús invita a Pedro y a sus compañeros a ir a rezar a la montaña.
Allí se manifiesta el don de Dios, que viene a
confirmar a Jesús en su madurez y a reavivar la confianza de los discípulos en
Jesús.
Todavía no comprenden el discurso de la Pasión, pero
confían y se ponen de nuevo en camino.
Jesús nos invita hoy a detenernos y a orar, para que
él pueda ayudarnos a contemplar y acoger el don de Dios.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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