Cuando el diablo se acerca y susurra 'sígueme' - San Mateo 4, 1-11 -
Si Jesús hubiera respondido de otra manera a las tres propuestas, no habríamos tenido ni la cruz ni el cristianismo. Pero, ¿qué proponía el diablo que era tan decisivo?
No las tentaciones que habríamos esperado, no aquellas
en las que se ha centrado y obsesionado cierta espiritualidad cristiana: la
sexualidad o las observancias religiosas.
Se trata, en cambio, de elegir qué tipo de Mesías
convertirse, qué tipo de hombre.
Las tres tentaciones rediseñan el mundo de las
relaciones: la relación conmigo mismo y con las cosas (¿piedras o pan?); con
Dios, a través de un desafío abierto a la fe (buscar un Dios mágico a nuestro
servicio); con los demás (el poder y el dominio).
¡Di que estas piedras se conviertan en pan!
El pan es un bien, un valor indudable, pero Jesús
nunca buscó el pan para su propio beneficio, se hizo pan para el beneficio de
todos. Y responde jugando al alza, ofreciendo más vida: «No solo de pan vivirá el hombre».
El pan es bueno, el pan da vida, pero más vida viene
de la boca de Dios. De su boca salió la luz, el cosmos, la creación. Llegó el
aliento que nos da vida, llegaste tú, hermano, amigo, amor, que eres palabra
pronunciada por la boca de Dios para mí. Y también de ti vivo.
Lánzate, así podremos ver una bandada de ángeles en
vuelo...
Un bonito milagro, a la gente le encantan los
milagros, y te seguirán. El diablo es seductor, se presenta como un amigo, como
alguien que quiere ayudar a Jesús a ser mejor Mesías.
Y además, la tentación se hace con la Biblia en la
mano (está escrito...). ¡Tírate, provoca un milagro!
La respuesta: no tientes a Dios, a través de lo que parece
la máxima confianza en la Providencia y que, en cambio, es una caricatura,
porque solo es la búsqueda del propio beneficio. No confías en Dios, solo
quieres explotarlo, quieres un Dios a tu servicio.
En la tercera tentación, el diablo sube aún más la
apuesta: adórame y te daré todo el poder del mundo.
Adórame, es decir, sigue mi lógica, mi política. Toma
el poder, ocupa los puestos clave, cambia las leyes. Así resolverás los
problemas, y no con la cruz; con relaciones de fuerza y engaño, no con amor.
¿Quieres tener a los hombres de tu lado? Asegúrales
pan, milagros y un líder y los tendrás en tus manos.
Pero Jesús no busca hombres a los que dominar, quiere
hijos libres y amantes, al servicio de todos y sin ningún amo. Para Jesús, todo
poder es idolatría.
«Y he aquí que se le acercaron ángeles y le
servían».
Acercarse y servir, verbos propios de ángeles. Si en
esta Cuaresma fuera capaz de acercarme y cuidar de alguien, regalando un poco
de tiempo y un poco de corazón, inventando una nueva caricia, para esa persona sería
el descubrimiento de que las manos de quien ama terminan siendo manos de ángeles.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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