Los ángeles enviados por el Señor para sostenernos - San Mateo 4, 1-11 -
La Cuaresma es hermosa.
No se impone como un tiempo de penitencia, sino que se
propone como un tiempo de nuevos comienzos: de la primavera que renace, de la
vida que se dirige directamente hacia la luz de la Pascua. Un tiempo de novedad, de estilos
de vida nuevos, sencillos, solidarios y concretos, cuidados por la «Casa común»
y todos sus habitantes.
¡Di que estas piedras se conviertan en pan!
El pan es un bien, un valor indudable, santo porque
conserva lo más santo, la vida. ¿Qué hay de malo en el pan?
Pero Jesús nunca buscó el pan para su propio
beneficio, se hizo pan para el beneficio de todos. Nunca utilizó su poder para
sí mismo, sino para multiplicar el pan para el hambre de todos. Jesús responde
al primer desafío jugando al alza, ofreciendo más vida: «No solo de pan vivirá el hombre».
El pan da vida, pero más vida viene de la boca de
Dios. De su boca vino la luz, el cosmos, la creación. Vino el aliento que nos
da vida, viniste tú, hermano, amigo, amor mío, que eres palabra pronunciada por
la boca de Dios para mí y que me da vida.
Segunda tentación: tírate desde el pináculo del
templo y Dios enviará una bandada de ángeles.
La respuesta de Jesús suena severa: no
tientes a Dios, no lo hagas a través de lo que parece la máxima confianza en Él,
y en cambio es una caricatura, la búsqueda exclusiva de tu propio beneficio.
El más astuto de los espíritus no se presenta a Jesús
como un adversario, sino como un amigo que quiere ayudarle a ser mejor Mesías.
Y además, la tentación se hace con la Biblia en la mano: haz un buen milagro, señal de que
Dios está contigo, la gente ama los milagros y te seguirá.
En cambio, Jesús enviará a casa a los sanados por su
mano con una recomendación sorprendente: cuida de no decir nada a nadie. Él no
busca el éxito, se contenta con que los hombres vuelvan completos, libres y
felices.
En la tercera tentación, el diablo sube la apuesta: Adórame
y te daré todo el poder del mundo. Adórame, sigue mi lógica, mi política. Toma
el poder, ocupa los puestos clave, imponte. Así resolverás los problemas, y no
con la cruz.
La historia se doblega con la fuerza, no con la
ternura. ¿Quieres tener a los hombres de tu lado, Jesús? Asegúrales tres cosas:
pan, espectáculos y un líder, y los tendrás en la mano.
Pero para Jesús todo poder es idolatría. Él no busca
hombres a los que dominar, quiere hijos que se hagan libres y amantes.
Entonces se le acercaron los ángeles y le servían. El
Señor sigue enviando ángeles, a cada casa, a cualquiera que no quiera acumular
y dominar: son aquellos que saben inventar una nueva caricia, tienen ojos de
luz y no huyen. Son aquellos que me sostendrán con sus manos, incansables y
ligeras, cada vez que tropiece.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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