Los sonámbulos
La figura del «sonámbulo», portador involuntario de un estado de conciencia reducido o alterado, está muy arraigada y parece traspasar sus límites temporales. Incluso en el siglo XXI el «sonámbulo» todavía nos representa.
Hay una figura que me ayuda a acercarme a la
del «sonámbulo».
Una figura generada por el entramado del siglo XX: son los «hombres
huecos» de T. S. Eliot (el poema «Los hombres huecos» es de 1925): https://cmsantillana.org/wp-content/uploads/2014/09/eliot.pdf
Los «hombres huecos» («los
hombres rellenos de paja, que se apoyan unos en otros, con la cabeza llena de
paja») no tienen forma,
sostenidos por una «fuerza paralizada». Ninguna acción los saca de su letargo.
Caen en la grieta que se ha abierto «entre la idea y la realidad, entre el gesto
y el acto», vencidos por la impotencia.
Ciertamente sorprende encontrar la figura del «sonámbulo»
varias décadas después, en un marco muy diferente, en un mundo que ha cambiado de piel,
como si nunca hubiera abandonado su posición, pasando más o menos indemne
por transformaciones inusuales.
Uno fija y se fija clavando los ojos en una pantalla. Quizás soñando
en otra parte, o ni siquiera soñando, acariciando otros deseos y, para
reparar su propia necesidad o vulnerabilidad, persiguiendo el rastro de
otras imágenes, buscando otras presencias, anhelando otros acompañantes, para
calmar la inquietud y sanar la ausencia del vacío.
Y así, el sonámbulo, incapaz no solo de
comunicarse, flota entre lo real y virtual, lo cercano y lo lejano, lo presente
y lo ausente, lo que le rodea y lo distante,…, la vida y la pantalla… mientras
se tambalea esquivando a su paso a otros sonámbulos como él.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

No hay comentarios:
Publicar un comentario