El don de la Pascua: la armonía resucitada
Armonía es una diosa, hija de los opuestos: el dios de la Guerra (Ares, hijo de Zeus y Hera, para los griegos; Marte para los romanos) y el Amor (Afrodita, principal diosa griega del amor; Venus, la antigua diosa romana del amor).
Esta palabra implica en la vida un arduo trabajo de
escucha, comprensión y reconciliación de las diferencias.
Palabra que se utiliza en muchos idiomas del mundo.
Hoy en día, se puede afirmar que refleja la necesidad más urgente de la
humanidad contemporánea, donde las divisiones, las guerras y las
contradicciones en todos los ámbitos son cada vez más dominantes.
Una nueva e imprevista época de rupturas sociales,
geopolíticas, medioambientales y tecnológicas. Rupturas entre generaciones,
culturas, religiones e ideas. Incluso rupturas dentro de nosotros mismos. La
armonía es la única respuesta que puede transformar la diversidad en riqueza,
el conflicto en colaboración.
La armonía es también un término musical. Representa
la dimensión vertical del sonido: es el arte (y la ciencia) de combinar varias
notas simultáneamente para formar acordes. Mientras que la melodía se
desarrolla horizontalmente en el tiempo, la armonía constituye su fondo y su
soporte.
Algunos instrumentos, como el piano o la guitarra, se
denominan «armónicos» porque pueden producir varias notas simultáneamente, a
diferencia de los instrumentos melódicos como la flauta o la trompeta.
La orquesta del mundo nos presenta cada día nuevos instrumentos, nuevas
sensibilidades, nuevas energías; a nosotros nos corresponde la tarea de crear
algo nuevo, una nueva Diosa que resuene más allá de las fronteras, más allá de
los prejuicios, más allá del odio y la guerra para crear acuerdos, paz,..., armonía.
También la Iglesia subraya la importancia y la
necesidad de la armonía. Recordando que las diversidades son riqueza, no
amenaza; que construir juntos es más poderoso que combatirse.
La armonía no es un simple acuerdo estético sino una
fuerza espiritual y social profunda.
El Espíritu Santo es armonía: una expresión patrística
subraya que el Espíritu Santo «ipse harmonia est» - es la armonía
misma -. Él es el único capaz de crear unidad a partir de la diversidad,
evitando tanto la uniformidad como la división.
El Papa León XIV promueve activamente la armonía como
pilar de su pontificado, centrándose en el diálogo interreligioso, la
convivencia pacífica y la unidad en la diversidad. Exhorta a tender puentes entre culturas y
credos, contrarrestando la violencia con la justicia, el perdón y el encuentro
fraterno.
Se puede situar la armonía en diversos contextos:
-Social
y Paz: como cultura de la armonía frente a la cultura del enfrentamiento.
-Fe y
Razón: sin la armonía entre fe y razón, la búsqueda de la verdad está destinada
a perderse.
-Diálogo
interreligioso: la armonía entre las diferentes confesiones.
-La armonía
de los tres lenguajes insiste en la integración de la persona a través
de la armonía entre la cabeza, el corazón y las manos. Esto significa pensar lo
que se siente y se hace, sentir lo que se piensa y se hace, y hacer lo que se
piensa y se siente.
-Música
y fe: la armonía musical era un reflejo del orden divino. En tantos
compositores clásicos se puede apreciar una armonía perfecta de cada nota, capaz
de elevar la mente hacia el gran Compositor del universo.
-Social
e interreligiosa: En contextos de diálogo, la armonía se presenta como un don
de los creyentes al mundo. Se manifiesta en la capacidad de construir un
entendimiento mutuo entre etnias y religiones diferentes, oponiéndose a las
fuerzas que intentan separar a las comunidades. Y aquí quiero aludir a esta
iniciativa de la que estamos disfrutando en Vic (Barcelona): “Instrumentos del
Alma”.
-…
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