El Señor de la Vida nos precede en nuestra Galilea de cada día
En el Evangelio de la Resurrección de Jesús hay una frase sobre la que me gustaría detenerme:
«Entonces
Jesús dijo a las mujeres: “No temáis; id a decir a mis hermanos que vayan a
Galilea, y allí me verán”» (Mateo 28, 10).
Jesús parece querer decir: allí, no aquí, me verán, porque la «exclusiva» de aquí les ha
tocado a unas pocas testigos, es decir, a las mujeres que habían ido al
sepulcro para llorar a Jesús y se encontraron, en cambio, ante una novedad
impactante.
Además, porque el «allí, en Galilea» significa
que ver y reconocer al Resucitado indica cualquier parte del mundo, incluso las
más recónditas, se entrelaza con las tramas de la historia y de la vida
cotidiana, va de la mano de esos gérmenes de esperanza que florecen cuando el
hombre «piensa y actúa de forma positiva», cuando se orienta hacia el bien,
cuando…
En este punto, sin embargo, surge una pregunta:
«¿dónde se puede ver hoy al Resucitado?»,
¿dónde se le reconoce en las tierras maltratadas, ensangrentadas y devastadas
por la guerra (Ucrania, Palestina, Irán, Líbano, por citar algunas…), dónde se
le ve en la violencia contra las mujeres, en los disturbios sociales, en los
negocios ilícitos, en la degradación del medio ambiente…?
Dan ganas de decir: «Aquí no está el Resucitado, hay
que buscarlo en otra parte», pero también debemos ser conscientes de
que nada ni nadie puede detener la Pascua: ni siquiera los guardias o los
«comandantes de la historia» puestos a custodiar los sepulcros creados por
ellos mismos, con sus acciones.
Porque Alguien ya ha cambiado la historia, ha cambiado
su perspectiva, ha hecho florecer esa esperanza que parecía perdida con la
lápida y se puede acoger con alegría un anuncio - «¿por qué buscáis entre los
muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado como había dicho»
(Lucas 24, 5-6) - que solo asusta a los hombres sin fe.
Pero
entonces, ¿cuántos creen verdaderamente en el Resucitado?
¿Cuántos, incluso entre aquellos que estos días han llenado las iglesias para
los ritos del Triduo Pascual, perciben en los acontecimientos actuales la
victoria de Cristo sobre la muerte, como percibimos en el aire el regreso de la
primavera? ¿No es que nuestra civilización, nuestra cultura, nuestras tradiciones… se han convertido en «el
lugar donde lo habían puesto» (Jesús muerto en la cruz) porque ya no
nos dice nada, porque, como afirmaban los discípulos de Emaús, «esperábamos
que fuera Él quien liberara a Israel…»?
Entonces, ¿dónde se puede ver al Resucitado?
En todas partes: dondequiera que el hombre plante y
construya su tienda de humanidad, cumpla su jornada de trabajo y contribuya a
la realización de la creación, oriente su corazón hacia el bien, viva el
mandamiento del amor,…, porque Él ya ha superado la oscuridad de la muerte y se
puede razonablemente pensar, esperar obtener y cultivar el bien, incluso de las
situaciones más trágicas.
Él nos precede: este es el mensaje de la Pascua y allí
donde nos precede lo vemos como el Señor de la vida, el Dios de la luz, el Bien
Supremo…
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF


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