martes, 7 de enero de 2025

La nave de los locos.

La nave de los locos

Una nave a la deriva, sin velas y sin timón, que navega llevando consigo una carga de humanidad enloquecida, completamente inconsciente de su estado y de la naturaleza del barco y empeñada sólo en satisfacer su propia voracidad incontenible. Se trata de “El barco de los locos”, obra de 1494 del pintor flamenco Hieronymus Bosch y conservada en el Louvre; un tema, la locura, que entonces dominaba el arte, la literatura y la política. Una pequeña obra al óleo (menos de 60 centímetros por 30 de madera pintada). Y son muchos los significados que se le han atribuido, que aquí, con cierta libertad, intento utilizar también como metáfora o representación del mundo actual. 

Porque Trump, Putin, Netanyahu, Musk… hoy están locos -y la lista no termina aquí porque se podría agregar a los negacionistas de la crisis climática; la Europa y la Suiza que suspenden procedimientos y decisiones para solicitantes de asilo sirios; el húngaro Orban; el argentino Milei que anda con una motosierra en la mano empobreciendo a su país; los paranoicos primero contra los inmigrantes y los barcos de las ONG y ahora contra magistrados y sindicatos; los llamados tecnócratas; los populistas y soberanistas/autócratas; el capitalismo y el neoliberalismo (pero que son la misma cosa); Silicon Valley y las grandes empresas tecnológicas que nos imponen su voluntad (y sus productos para obtener ganancias, diciendo que lo hacen para ayudarnos y hacernos la vida más fácil, mientras nos roban la vida robando nuestros datos), sin importar ningún proceso ni sistema democrático que gobierne la innovación. 

Pero todos estamos locos también si les permitimos hacerlo: cada vez más guerras, más y más crisis climática, más y más capitalismo y explotación de los seres humanos y de la biosfera, más y más desigualdades sociales y pobres, la caza de inmigrantes, cada vez más, el beneficio de unos pocos cada vez más, la violación de la privacidad y de la libertad individual cada vez más, las motosierras sociales (pero no sobre el gasto militar, al contrario) – incluso en Suiza – cada vez más…. Es decir, el barco está sobrecargado pero cada día alguien intenta subir a bordo y el barco se inclina, se vuelve más pesado pero no se hunde, es el barco de los locos, enfrascados en su guerra de todos contra todos contra los que acumulan más y más, porque en realidad el timón está ahí y se llama beneficio, y la crisis climática cada vez más grave bastaría para demostrarlo. Pero nos consolamos con unos auriculares en los oídos o viviendo de TikTok, o atiborrándonos de series de televisión en Netflix, o esquiando felices en la nieve (aprovechémoslo, mientras esté; el que quiera ser feliz, que sea, ahí está no hay certeza sobre el mañana…; o en todo caso estaremos todos muertos, entonces…). 

Un barco/mundo verdaderamente loco. Por supuesto, este mundo de locos no es el único mundo. Escondidos hay otros mundos hechos de solidaridad, de justicia social, de sostenibilidad, de cultura, de análisis en profundidad, de pensamiento crítico, de náufragos. Pero claro, el de los locos parece ser el mundo dominante. 

Se dice que estamos en una poli-crisis, es decir, con muchas crisis (militar, política, ecológica, social, antropológica, de valores…) todas juntas y al mismo tiempo. Sin embargo, tal vez sea más correcto utilizarlo, tomándolo de la economía y del ‘corporacionismo’ (al fin y al cabo, ¿ni siquiera los estados se gobiernan ahora como empresas...? ¿Y no se reduce quizás ahora el mundo a un gran mercado...? ) - quizás sea más correcto utilizar el concepto de perturbación (es otra manera de decir locura) y aplicarlo también a la Tercera Guerra Mundial en fragmentos y a la muerte del derecho internacional y a la crisis climática y medioambiental. 

El barco de los locos. Perturbador de enésimo grado –en el mercado como en las relaciones internacionales y hacia la casa común que es la Tierra– pero muy rentable en términos capitalistas. “¿Por qué no se rebelan?” – escribió Karl Marx – reflexionando sobre la derrota del proletariado en el París del golpe de Estado de Luis Bonaparte en 1851. Sí, ¿por qué nadie se rebela? De hecho, ¿no somos cada vez los que votamos por los locos del barco? 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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