De la Bestia… líbranos Señor
La bestia que hay en nosotros se desata bajo el efecto de estímulos incontrolados de codicia, de poder sin límites, de ambición absurda, de instinto feroz…
Hoy asistimos al espeluznante espectáculo de lo
inhumano, al que nos estamos acostumbrando dramáticamente. De hecho, el horror
se está convirtiendo en normalidad, en una práctica cotidiana.
Las películas de terror y de la realidad son, de
hecho, indistinguibles. Las ojivas nucleares se exhiben junto con los tanques
de última generación y se publicitan como prendas de alta costura. El precio de
los instrumentos de muerte es incalculable, los intereses son demenciales,…, es
más, todo es demencial.
De ahí aquella reflexión anterior “La
nave de los locos” (https://kristaualternatiba.blogspot.com/2025/01/la-nave-de-los-locos.html).
Hay quienes llegan a decir que el desarme global es
cosa de enfermos mentales. ¿No será que los locos que hay que internar son
precisamente los fabricantes de armas, sus comerciantes, sus clientes sanguinarios
y sus consumidores?
Sin tener en cuenta que hoy en día una guerra «seria»
no se libra con armas convencionales, basta con una bomba atómica o una ampolla
de virus letal...
La corrupción y la mentira imperan, desde la política hasta la economía. Gran parte de la información está al servicio del poder y, por lo tanto, difunde impunemente mentiras macroscópicas.
Las redes sociales son el marcador de la maldad y la
superficialidad rampantes. Basta con leerlas para comprender inmediatamente de
lo que es capaz el cerebro humano, habitado por la mentira y la maldad cargada
de envidia y odio hacia cualquiera que piense de forma diferente.
Debates insoportables e inaudibles, llenos de insultos
e intolerancia destructiva, a veces falsos y tendenciosos, con lenguaje vulgar.
La carga de odio y violencia ha alcanzado niveles similares a los del
Holocausto de la Segunda Guerra Mundial. Por poner un ejemplo.
La insensibilidad y el racismo feroz campan a sus
anchas sin pudor. Se puede matar a una mujer (compañera, esposa, ex…) y luego
ir al bar de siempre a tomar una cerveza con la cuadrilla antes del partido de
fútbol.
Es desconcertante quien clama contra la eutanasia y el
aborto, pero guarda silencio ante las miles de personas desesperadas que mueren
en el Mediterráneo. No digamos ante los miles de asesinados en Gaza.
Se necesita un pacto firme para recuperar una ética
común, partiendo de los valores fundamentales que son indispensables para
resurgir, empezando por las familias, la escuela, la política, las
asociaciones, el deporte, las religiones…
Hay mucha gente aparentemente silenciosa e invisible,
a la que hay que buscar e involucrar. Creo que son muchos los que discrepan de
la cultura efímera de la nada, de la muerte, de la avaricia asesina, del
egoísmo, del cinismo, del fanatismo religioso, de la crueldad violenta, del
nacionalismo exacerbado,…, hecha de palabras y acciones.
De hecho, ella - la Humanidad - está viviendo en nosotros
y en cualquiera que haya elegido seguir siendo humano.
Pienso esto también ante la enésima… guerra ya en marcha.
Yo pensaba que hacer la guerra era convertirse en asesinos múltiples, renunciar a la Humanidad, maldecir el don de la vida para convertirse en sus amos. Que no había nada peor. Y lo sigo pensando.
El debate, la oposición, la confrontación… humanas son una variedad natural y positiva de la vida humana. Convertirlas en un absoluto destructivo es una traición a la Humanidad. Esto hay que decirlo y vivirlo. Solo esto es política humana.
Todas las guerras son actos de asesinos. Los rusos
hicieron mal al invadir Ucrania, pero también fueron muy provocados por la OTAN
desde 1989. Una cadena maldita. Una espiral de muerte. Tenemos razón al condenarlos.
Pero el mal es también un misterio profundo y
espantoso. Nadie es puro, incluidos nosotros, todos incluidos.
También el antídoto contra el mal es un gran misterio,
que hay que invocar. Se trata de la necesidad de Dios, el Viviente (sea cual
sea la invocación religiosa o no), para poder vivir como seres humanos.
La guerra le quita sentido a nuestra existencia. Es
imposible hacerla encajar en lo humano, porque demuele lo humano, el
reconocimiento mutuo: las víctimas inocentes - los niños,…- son testigos de esta
nada que viola el ser.
La ley es un frágil dique cuando se hace uso de la
fuerza bruta. Hoy, peor que usada, se niega la ley.
El sheriff del mundo tiene menos pudor que los demás y
lo declara fanfarrón: “la ley soy yo”. Hace daño no solo matando, sino también
suprimiendo el último pudor de la ley.
Hay quien dirá que la realidad es ambigua. Es verdad. Por eso hay que elegir siempre y únicamente opciones más claras que redunden en Humanidad.
La verdadera fuerza humana es la que no es violenta. La
que ayuda a reconocerse mutuamente en la diferencia. Incluso en la discrepancia.
La cuestión es la esencia. No se trata en absoluto de disculpar
a Putin, o de condenar a Trump. Ni lo contrario. Tampoco se trata de empobrecer
la tragedia humana. Cada decisión y acción particulares tienen su peso de
incertidumbre y de falibilidad.
Pero quien hace la guerra, siempre hace la guerra a la
Humanidad.
Después de 1945, la humanidad comenzó a construir el
derecho internacional, por encima de las potencias soberanas que había
traicionado la Humanidad. Hoy en día, la única tarea es reafirmar el derecho internacional,
sin concesiones para nadie.
Toda guerra es asesinato. Responder a la guerra con la
guerra es convertirla en una regla desesperada. Iniciar una guerra es una
traición a toda la Humanidad.
El juicio final, anunciado por el Profeta de Galilea
en el capítulo 25 del Evangelio de San Mateo, y que es una página intuida en
toda espiritualidad humana sea de la confesión que sea, es que no vivirá quien
no ayude a vivir, quien despliegue enemistad, dominio, guerra,…, y que vivirá
quien ayude a otros a vivir.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF


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