miércoles, 4 de marzo de 2026

Disuasión avanzada: cuando a la desolación le llamamos paz

Disuasión avanzada: cuando a la desolación le llamamos paz

En nombre de la hegemonía occidental en Oriente Medio (y de la liberación de las mujeres de esa inmensa prisión que en el imaginario colectivo es el Islam), la ofensiva impulsada por Israel y Estados Unidos (con el silencio-consentimiento de la vieja Europa en proceso de rearme) comienza a arrasar ciudades.

 

Y se entierran bajo decenas de bombas quirúrgicas a jefes de Estado escondidos; se desarticula el sistema nervioso productivo y defensivo del país; se causa daños colaterales irrelevantes… como la muerte de niñas de una escuela femenina.

 

Y en medio de este panorama desolador… hay quien se echa las manos a la cabeza por los retrasos aéreos en Dubái… Lo que importa a nuestra opinión pública, una vez más, será poner a salvo a todos nuestros compatriotas.

 

Al final, sin embargo, intentaremos imponer, a través de nuestra prepotencia, gobiernos y refundaciones institucionales compatibles con nuestros intereses capitalistas y occidentales que, decimos, democráticos y liberales.

 

Asistimos al ajuste de cuentas en torno a uno de los últimos intentos del siglo XX de escapar del orden capitalista y democráticos occidentales - faltan Cuba, Corea del Norte,… -.


Sorprenden los comentarios en los que la crítica mediática occidental traiciona, de forma meridiana, los lugares comunes en torno a la cultura islámica y la demonización obtusa de los símbolos histórico-religiosos y de la relación entre «sociedad civil» y «religión» en esos mundos.

 

Utilizamos la cuestión global de las libertades femeninas como palanca para desmontar toda credibilidad histórica de las comunidades que se quieren ser alternativas a lo que para nosotros es la única perspectiva no de convivencia civil, sino de desarrollo económico ordenado según nuestros intereses.

 

En un pasado reciente se justificó la subyugación y la devastación de Afganistán en nombre de la liberación del burka, fingiendo de mala fe que las organizaciones socioculturales seculares podrían ser desmanteladas en pocos años y bajo la amenaza de nuestras armas.

 

Ni sucedió. Ni podía suceder. Lo mismo se quiere presumir en Irán.

 

Está por ver cuál será el giro que tome esta historia.

 

Occidente quiere la occidentalización precipitada y liquidadora de todo bajo la diosa «prosperidad» en cuyos altares se sacrifica toda decencia y todo escrúpulo.

 

Mientras tanto tendremos que lidiar con los escombros y el desencanto que provocan aquellos que, con aparente espíritu de liberación, confían en la redención de la tiranía a base de misiles.



En lugar de dotarnos de un mínimo de conciencia histórico-cultural como requisito previo para confrontarnos e interactuar diplomáticamente con las mil experiencias históricas legítimamente diferentes que llamamos “Islam”, y en lugar de plantearnos el problema de cómo reconocer, en el respeto mutuo, el derecho de esos mundos a un papel y un futuro autónomos,…, en lugar de todo ello a Occidente le interesa que los «otros» sean compatibles a nuestros ‘intereses’, a nuestro ‘crecimiento’, a nuestro ‘desarrollo’…

 

Y en esta tesitura Occidente exige a los otros que no se armen por esa misma disuasión en nombre de la cual nosotros exigimos rearmarnos y usar las armas.

 

En realidad, Occidente no tiene nada que reconocer y garantizar, salvo la subordinación de los otros y la arrogancia del dominio occidental. En el lenguaje moderno a esto se le llama la disuasión avanzada. Porque, como dice el Presidente de la República francesa: “En este mundo peligroso e inestable, para ser libre hay que ser temido”.

 

Hay algo de loco en los tiempos que vivimos y que nos deja impotentes y al borde del abismo. Con Oriente en llamas, uno teme que nada bueno saldrá de esta guerra.

 

Todo tiene su vuelta y su revuelta. Tiempo al tiempo. O nosotros, o los que nos sucedan, pagaremos el odio.

 

Me recordaba alguien que hay una frase extraída de una obra escrita hace casi dos mil años por el historiador romano Tácito. Una frase para el recuerdo. Son las palabras de un jefe británico, Calgaco, mientras arengaba a sus hombres antes de la batalla. Los romanos estaban conquistando Britania, que hoy llamamos Gran Bretaña. La campaña militar estaba dirigida por el general romano Julio Agrícola.

 

Ésta es la frase en cuestión: «A la desolación la llaman paz». Las palabras de Calgaco deberían recordarnos que las cosas de cierto modo de entender y ejercer el poder en realidad no ha cambiado esencialmente en estos 2000 años. Como para decir que la historia enseña... cuando repetimos los mismos errores.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

No hay comentarios:

Publicar un comentario

De la Bestia… líbranos Señor.

De la Bestia… líbranos Señor La bestia que hay en nosotros se desata bajo el efecto de estímulos incontrolados de codicia, de poder sin lími...