martes, 3 de marzo de 2026

El lado correcto de la historia: la música militar nunca me supo levantar.

El lado correcto de la historia: la música militar nunca me supo levantar

Escribo con voz propia y a título personal. Y lo hago poniendo voz a la que quiero que sea brújula: las personas concretas y, muy en particular, los más desfavorecidos. 


Trato de ser un hombre que quiere elegir la coherencia de la verdad por encima de cualquier eslogan.

A estas alturas ya me he convencido, creo, de que ningún pueblo se libera bajo las bombas o bajo el asedio económico.

La idea de que Occidente puede 'educar en democracia' a una nación mediante el castigo colectivo es un crimen de lesa humanidad antes que político.

Las bombas y los asedios y sanciones económicas son una guerra invisible que no merma el poder, por más dictatorial y tiránico que sea, sino que devora el presente y el futuro de las personas concretas.

Los medios de comunicación a los que habitualmente tengo acceso suelen seguir un guion obsceno hasta la saciedad.

La narrativa es monocromática: estadounidense y occidental.

Y se alimenta por precisos centros de poder y lobbies geopolíticos, que reducen al otro a adversario y enemigo: un objetivo estratégico y táctico, abstracto, deshumanizado… para justificar su destrucción.

Lo demás... en el mejor de los casos es 'daño colateral'.

No, no es cuestión de defender a este dictador o a aquel tirano. Los valores más originales de humanidad llevan nombres de derecho, igualdad, fraternidad, libertad, justicia…

Y precisamente por eso también rechazo con fuerza la ecuación tóxica y el simplismo deliberado de las narrativas estadounidenses y occidentales.

Este momento de la historia del mundo es vibrante y complejo. Seguramente no más que otros momentos.

 

Se va adueñando en mí la sensación de agotamiento porque entiendo que todo se reduce a un terreno de enfrentamiento simbólico entre imperios, a polarizaciones temibles entra partidos, etc.

 

Y trato de observar el caos presente, en mil y un conflictos de alta, mediana o baja intensidad, con lucidez… pero, me temo, que uno va viendo naufragar demasiadas ilusiones como para poder alimentar otras nuevas.

 

Las bombas y los asedios y sanciones económicas no generan democracia.

 

La actual también es una mitología peligrosa que solo sirve para cambiar una sumisión por otra: cambiar de amo nunca ha sido una liberación.

 

Alguien que me lee me dice que la lucidez impone honestidad. Es verdad. No existen atajos geopolíticos.

 

La alternativa no suele ser el falso dilema. Por ejemplo, entre la teocracia y los bombardeos, entre la república islámica y una monarquía restaurada.

 

El verdadero cambio suele residir en una transformación interna, compleja y necesaria, que conduzca a un pueblo al pluralismo político, a la justicia social, a la reconciliación nacional,…,

 

Y ese no se desencadena con bombas o con asedios y sanciones económicas.


El derecho, la igualdad, la fraternidad, la libertad, la justicia… no son un paquete entregado desde fuera sino una conquista de la conciencia colectiva.

 

Hay quien cree en la revolución como un acto inmediato, una ruptura violenta y definitiva.

 

La sensatez que da la madurez y, quiero pensar, la lección de la Historia, me ayuda más bien a creer que la verdadera revolución es un proceso lento: es cultural, social, moral…

 

Y significa liberarse, ante todo, de la lógica del asedio, del odio, de la propaganda… que convierte a los seres humanos en blanco de estrategias y tácticas.  

Recordaba una canción. Seguramente ya olvidada para una gran parte del público: «La mauvaise réputation» - “La mala reputación” en castellano -. Una canción del cantautor francés Georges Brassens, publicada en 1952 en el álbum homónimo. 

Éste, creo, es el lado correcto de la historia. 

No, la música militar nunca me supo levantar. Y seguramente este es el mayor pecado para algunos: el de no seguir los dictados de los abanderados de turno llenos de poder y de soberbia. 

No, no estoy con los misiles. Tampoco con los fanáticos… ni de uno ni de otro bando.

 

Trato de estar de parte de la gente común que son quienes mueren por decisiones tomadas en Washington, Tel Aviv o Teherán… No sé si me explico.


La Historia nos ha mostrado la caída de ideologías y sus imperios que pretendían ser eternos. Otros siguen resistiendo.

 

La vida cotidiana enseña que la libertad (el derecho, la igualdad, la fraternidad, la justicia…) no nace del estruendo de las armas, sino de la dignidad cotidiana de las personas.

 

Y enseña que el futuro no pertenece a los generales ni a los grupos de presión, sino al pueblo que, tarde o temprano, pide cuentas a todos: a sus gobernantes y a quienes, desde fuera, juegan cínicamente con su destino.

 

Probablemente la mía es la mirada de un ingenuo.

 

Soy un hombre que contempla este momento de la historia del mundo, y a los señores poderosos que juegan a sus batallas, con dolor. Creo que también con lucidez.

 

Y al que le gustaría tener una obstinada esperanza.

 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

 

Posdata:

Por si te interesa, amable lector, te dejo estos links que te pueden interesar: 

La mauvaise réputation con Georges Brassens (con subtítulos en castellano): https://www.youtube.com/watch?v=-oUo80SSnoc 

La mala reputación con Paco Ibáñez: https://www.youtube.com/watch?v=ZN1TGK5FAas&list=RDZN1TGK5FAas&start_radio=1 

Y éste es el link con el texto en castellano de La mauvaise réputation - La mala reputación -: https://trianarts.com/recordando-a-georges-brassens-la-mala-reputacion/#sthash.T90EeoVE.dpbs 




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