domingo, 15 de marzo de 2026

Fuera del sepulcro es primavera - San Juan 20, 1-9 -.

Fuera del sepulcro es primavera - San Juan 20, 1-9 -

La Pascua se nos presenta con un armonioso entrelazamiento de signos cósmicos: la primavera, la luna llena, el primer día de la semana, la primera hora del día.

 

Un marco de comienzos, de nuevos inicios: comienza una nueva semana (unidad bíblica de medida del tiempo), comienza el día, el sol es nuevo, la luz es nueva.

 

El primer día, temprano por la mañana, se dirigieron al sepulcro. Los Evangelistas casi se olvidan del sujeto, pero no hace falta que nos digan quiénes son, todos saben que son ellas, las mujeres, las mismas que el viernes no retrocedieron ni un milímetro del pequeño perímetro alrededor de la cruz.

 

Aquellas a quienes se les detuvo el corazón cuando oyeron detenerse el latido del corazón de Dios. Aquellas que en el gran sábado, bisagra temporal entre el viernes del fin y el primer domingo de la historia, costura entre la muerte y el nacimiento de la vida, prepararon aceites aromáticos para contrarrestar, como pudieron, la muerte, para tocar y acariciar aún las llagas del crucificado.

 

Las mujeres son un bálsamo de Dios: van a llevar al Señor su presencia y su cuidado. La presencia: el otro nombre del amor.

 

Ante el sepulcro vacío, ante el cuerpo ausente, es necesaria una nueva anunciación, ángeles vestidos de destellos: ¿por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí. Ha resucitado.

 

Una cascada de belleza. El nombre ante todo: «el Viviente», no simplemente uno entre los demás vivos, sino Aquel que es la plenitud de la acción de vivir. Y luego: «¡no está aquí!» Él está, pero no aquí; está vivo y no puede estar entre las cosas muertas; está en todas partes, pero no aquí. El Evangelio es infinito precisamente porque no termina con una conclusión, sino con un nuevo comienzo.

 

Pascua significa paso: tenemos un Dios que cruza fronteras, un Dios migrante. No es una fiesta para residentes o sedentarios, sino para migrantes, para quienes inventan senderos que nos hacen partir de nuevo y traspasar nuestro yo.

 

Y ellas recordaron sus palabras. Las mujeres creen, porque recuerdan. Creen sin ver; por la palabra de Jesús, no por la de los ángeles; recuerdan sus palabras porque las aman.

 

En nosotros solo permanece vivo lo que nos importa: vive lo que es amado, vive mucho tiempo lo que es muy amado, vive para siempre lo que vale más que la vida misma. También para mí, creer comienza con el amor a la Palabra, a un Hombre.

 

Lo que hace falta es la humanidad de Dios, que no se queda lejos, sino que entra en nuestro pánico, en nuestro vacío, visita el sepulcro, nos toma de la mano y nos saca de allí. Y fuera es primavera.

 

He aquí el corazón de la Pascua: el bien es más profundo que el mal.



P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Mi miedo a la creciente ignorancia.

Mi miedo a la creciente ignorancia Muchos autores han recurrido a la etiqueta " sociedad de la información " para definir el mundo...