La Buena Noticia de tu nombre, María
Te invito a orar contemplando, admirando y agradeciendo: https://www.youtube.com/watch?v=ykihAuW4cRs
Me pregunto: ¿era realmente necesario incluir la Anunciación a María en la historia de Jesús?
Si en el centro del relato del Evangelio está el Hijo de Dios hecho hombre, ¿por qué «perder el tiempo» contando también este episodio que concierne a su madre? ¿Dónde está la «buena nueva» de este pequeño relato?
Quizás se haya incluido en el Evangelio para mostrarnos el buen ejemplo de María, capaz de aceptar con generosidad y valentía esta gran y difícil tarea que se le ha encomendado.
Y también podría hacernos hacer un buen examen de conciencia sobre nuestra escasa capacidad de escuchar al Señor, dado que siempre estamos tan absortos en escuchar las muchas voces del mundo, de los medios de comunicación, de las charlas inútiles que nos distraen de las palabras más importantes de Dios, al contrario de María, que prestó atención de inmediato a las palabras del ángel.
Sin embargo, tal interpretación de este episodio de la Anunciación no responde a la pregunta fundamental: ¿en qué sentido esta historia es «Evangelio», es decir, «Buena Noticia»? ¿Es solo una de las muchas historias edificantes con moraleja final?
La Anunciación es «Evangelio» precisamente porque nos habla de Dios, que elige pasar por el «estrecho» de una vida humana pequeña y normal para entrar en la historia del mundo con su don de Salvación, que es Jesús.No sabemos nada de la vida de María, nada heroico o especial que pueda situar a esta joven por encima de otras chicas o mujeres de su época. No es una reina, una líder, hija de algún poderoso o personaje famoso.
Creo que si se quisiera hacer una película sobre la vida de esta joven de Nazaret, habría que inventarse algo diferente y ficticio para poder hacerla realmente atractiva para el público y no aburrirlo.
En los relatos de los Evangelistas es la historia de su hijo la que destaca, mientras que ella aparece muy pocas veces y sin especial revuelo.
Es esto, en mi opinión, lo que hace que María sea «simpática», precisamente porque es una de nosotros. Dios la elige en su normalidad para una tarea extraordinariamente grande. Ahí está la «Buena Noticia» para mí, que hoy leo su historia.
Y la leo no para encontrar en ella enseñanzas morales o exámenes de conciencia, sino ante todo un anuncio que quiere devolverme la esperanza: ninguna historia queda excluida del plan de Dios, y el Todopoderoso se manifiesta verdaderamente en la normalidad de la vida.
Y tal y como el ángel le dice a María: «nada es imposible para Dios», incluso dentro de mis limitadas posibilidades y capacidades. No hace falta salir en la tele ni ser elegido presidente de los Estados Unidos de América para hacer algo importante que marque la historia.
Si creo en lo que le sucedió a María, entonces yo también sé que, a través de mis pequeños «sí» cotidianos, dejo que Dios entre en la historia del mundo.
Si hay una enseñanza que destacar en este relato, es la de adoptar una actitud más positiva hacia la propia vida, una actitud menos centrada en uno mismo y en los propios problemas.
Y de este relato surge también una tarea, que es la de convertirnos en dispensadores de esperanza, diciendo a quienes nos rodean, especialmente si están tristes y abrumados por los pesos de la vida, que precisamente allí donde viven, precisamente allí donde sienten que su vida y lo que hacen tienen poco sentido, Dios está presente.
La presencia de Dios, antes incluso que ser un juicio, es una propuesta y un aliento, tal y como lo fue para María.
El ángel (que es la voz de Dios) nada más entrar en escena se dirige a ella con palabras positivas: «Alégrate, llena de gracia: el Señor está contigo».
Sería hermoso que las primeras palabras que nos dirigimos, cada vez que nos encontramos, nunca fueran palabras de acusación inmediata, de juicio definitivo o de orden perentoria, sino que fueran siempre palabras (y también actitudes) con las que nos comuniquemos mutuamente alegría y esperanza.
Esto hace que incluso nuestras vidas, tan normales, se conviertan en como las de la tan normal (pero por eso grandísima) María…
Hay nombres que son también sabores, que cuando los
pronuncias dejan en los labios un sabor que perdura, como el recuerdo de un
beso. María, tu nombre es dulce.
Porque así te siento, María, tan cerca de mí. Y ya no
tengo miedo de sentarme entre Tú y Gabriel, entre la fuerza de la espera y el
valor de una vida que lo abarca todo.
Y me imagino a tu Hijo así, de verdad, embarcado conmigo,
ligado a mi historia, encarnado en la vida cotidiana… tantas veces amarga pero siempre
bendita.
Yo me imagino así, al Señor, porque al final la historia siempre es buena, todo deja tras de sí un nuevo nacimiento.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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