martes, 14 de abril de 2026

El Pastor Enamorado - San Juan 10, 1-10 -.

El Pastor Enamorado - San Juan 10, 1-10 -

He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. Para mí, una de las frases más luminosas de todo el Evangelio. Es más, es la frase de mi fe, la que me seduce y me regenera cada vez que la escucho: estoy aquí por la vida plena, abundante, poderosa.

 

No solo la vida necesaria, no solo ese mínimo sin el cual la vida no es vida, sino la vida exuberante, magnífica, excesiva; una vida que rompe los diques y se desborda y fecunda, un derroche, un despilfarro que huele a amor, a libertad y a valentía.

 

Así es Dios: maná no para un día, sino para cuarenta años en el desierto; pan para cinco mil personas; piel de primavera para diez leprosos; piedra apartada para Lázaro; cien hermanos para quien ha dejado su casa; perdón setenta veces siete; vaso de nardo por 300 denarios.

 

Jesús no vino a traer una teoría religiosa, un sistema de pensamiento. Nos comunicó la vida y creó en nosotros el anhelo de una vida más plena.

 

El Evangelio contiene la respuesta al hambre de vida que todos llevamos dentro y que nos apremia.

 

El primer gesto que caracteriza al verdadero pastor, dador de vida, es el de entrar en el redil de las ovejas, llamar a cada una por su nombre (Jesús utiliza aquí una metáfora excesiva, ilógica, imposible para un pastor «normal», pero el gesto subraya lo más, el amor exagerado del Señor) y luego sacarlas fuera.


Jesús saca a sus ovejas del redil, un lugar que da seguridad pero que al mismo tiempo quita libertad. No las lleva de un redil a otro, de las instituciones del antiguo Israel a nuevos y mejores esquemas.

 

No, Él es el pastor de los espacios abiertos; lo que Él inicia es un proceso de liberación interminable, una inmensa migración hacia la vida. Por dos veces asegura: «Yo soy la puerta», el umbral siempre abierto de par en par, que nadie volverá a cerrar, más fuerte que todas las prisiones (entrará y saldrá y encontrará...), acceso a una tierra donde manan leche y miel, leche de justicia e inocencia, miel de libertad. Más vida.

 

La segunda característica del auténtico pastor es la de caminar delante de las ovejas. No tenemos un pastor de retaguardia, sino un guía que abre caminos e inventa rutas.

 

No un pastor que grita o amenaza para que le sigan, sino uno que precede y convence, con su andar seguro, delante de todos, enfrentándose al sol y al viento, pastor del futuro que me asegura: tú, conmigo, perteneces a un sistema abierto y creativo, no a un viejo recinto cerrado, bloqueado, donde solo hay que obedecer.

 

Vivir es pertenecer al futuro: el Buen Pastor lo mantiene abierto, Él es el Pastor Enamorado, el único pastor que nos hace caminar por los cielos mientras peregrinamos por la tierra


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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