sábado, 25 de abril de 2026

La mística del Evangelio - San Juan 14, 15-21 -.

La mística del Evangelio - San Juan 14, 15-21 -

 

Un Evangelio para místicos, ante el cual solo cabe balbucear o callar llevándose la mano a la boca. La mística, sin embargo, no es una experiencia reservada a unos pocos privilegiados, es para todos: «El cristiano del futuro será místico o no será» - Karl Rahner -.

 

El pasaje se desarrolla a lo largo de siete versículos en los que, siete veces, Jesús vuelve a proponer su mensaje: en el principio de todo, en el fin de todo, un vínculo de amor. Y son palabras que rezuman unión, cercanía, intimidad, cara a cara, cuerpo a cuerpo con Dios, en una divina monotonía: el Padre os dará el Espíritu que permanezca con vosotros, para siempre; que esté junto a vosotros, que estará en vosotros; yo mismo vendré a vosotros; vosotros estaréis en mí, yo en vosotros; nunca seréis huérfanos.

 

Estar en, permanecer en: cada uno es un sarmiento que permanece en la vid, la misma planta, la misma savia, la misma vida. Cada uno es una gota de la fuente, una llama de la zarza, un aliento en su viento.

 

Si me amáis...

 

Un punto de partida tan libre, tan humilde. No dice: debéis amarme, es vuestro deber preciso; ni tampoco: ¡ay de vosotros si no me amáis! Ningún chantaje, ninguna coacción, puedes aceptar o puedes rechazar, en total libertad.

 

Si me amáis, observaréis...

 

Amarlo es peligroso, sin embargo, te cambia la vida. Imposible amarle impunemente sin pagar el precio en moneda de vida nueva: si me amáis, seréis transformados en otra persona, os convertiréis en prolongación de mis acciones, reflejo de mi mirada.

 

Si me amáis, observaréis mis mandamientos, no por obligación, sino por fuerza interna; tendréis la energía para actuar como yo, para adquirir un sabor de cielo y de buena historia, de enemigos perdonados, de mesas repletas, y luego de pequeños abrazados.

 

No por deber, sino como expansión hacia el exterior de una energía que ya presiona en el interior —y es el amor de Dios— como la savia de la vid en primavera, cuando presiona sobre la corteza seca de los sarmientos y los abre, y sale en forma de yemas, de hojas, de racimos, de flores.

 

El cristiano es así: un amado que se convierte en amante. En el amor, el hombre asume un rostro divino, Dios asume un rostro humano.

 

Los mandamientos de los que habla Jesús no son los de Moisés, sino los suyos, vividos por Él. Son la concreción, la crónica del amor, los gestos que resumen su vida, que al verlos no te puedes equivocar: es realmente Él.

 

Él, que se pierde tras la oveja perdida, tras los publicanos, las prostitutas y las viudas pobres; que hace de los niños los conquistadores de su reino; que ama primero y hasta perder el corazón. No os dejaré huérfanos. Yo vivo y vosotros viviréis.

 

Vivimos de la vida recibida y luego de la vida transmitida. Nuestra vida biológica debe alimentarse continuamente; pero nuestra vida espiritual vive cuando alimenta la vida de alguien. Yo vivo de la vida donada.

 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Madre es tu nombre María…

Madre es tu nombre María…   María es la primera entre los discípulos, ella la primera cristiana, ella, la hija de su pueblo, la sierva de la...