Raza o el Espíritu de una raza, la española
El franquismo no es un vestigio del pasado. No es una sombra confinada a los libros de historia o a los rituales nostálgicos de una minoría. Es una corriente subterránea, kárstica, que atraviesa la democracia y resurge cada vez que ésta se debilita.
Alguien se preguntará ¿qué queda del franquismo? La
respuesta hasta puede ser radical. El mal no es un paréntesis cerrado el 20 de
noviembre de 1975 sino una continuidad que se renueva.
Desde el final de la dictadura, un traspaso
ininterrumpido de testigo entre hombres, ideas, lenguajes y aparatos ha
permitido que la mitología y la ideología política del franquismo sobrevivieran
al nacimiento de la Constitución y a los pasos de esta democracia.
Evidentemente no todas las formas se repiten tal cual…
sino que se adaptan (y camuflan) de manera estratégica: permanecen idénticas la
visión racista de la humanidad, la idea de una nación basada en el ADN, la
aversión a cualquier principio de igualdad, el culto a un modelo autoritario,
el odio a la diversidad…
La continuidad del mal derriba el mito consolador de
una derecha conservadora, moderada, institucional y dispuesta a mantenerse
dentro de los límites de la Constitución. No me refiero a la extrema derecha
que está todavía más allá de ese mito consolador. El proyecto es derribar la
democracia y devolvernos al odio y al miedo.
No soy quien para reconstruir la genealogía de las
ideas que dominan el discurso público contemporáneo: el miedo a lo diferente
como instrumento de gobierno, la obsesión identitaria, el dominio patriarcal,
la admiración por las sociedades «espartanas» que practican el apartheid y la
violencia… Pero cada palabra se remite a su fuente, cada fórmula se remonta a
su origen.
No, no se trata de una diatriba sino un acto de verdad
política. O, si se prefiere, de llamar a las cosas por su nombre se. Porque ese
ejercicio también se convierte en una necesidad democrática. Para comprender lo
que está sucediendo. Para reconocer la matriz de la intolerancia y del discurso
del odio. Para romper la continuidad del mal y detener el ascenso de los mismos
perros con distintos collares: aún estamos a tiempo. Si los vemos tal y como
son en realidad.
Tiendo a pensar que una de las vacunas de las
democracias es el pensamiento crítico para disentir y resistir ante cierta
deriva franquista. Porque ese pensamiento es seguramente el único de
inmunizarnos a nosotros que estamos expuestos a las toxinas de la mentira en la
era de la posverdad, de la profunda crisis de las democracias.
Cuando estas derecha y extrema derecha se envalentonan
me pregunto cuáles son realmente las ideas de sus líderes, de sus clases
dirigentes: cuál es su visión del mundo, más allá de la propaganda, y cuál es su
proyecto de sociedad.
A estas alturas no me parece que falte, al menos en
una versión sistemática, un análisis de lo que estas derechas ocultan sino de
lo que dicen abiertamente de sí mismas y del mundo, de lo que escriben, de lo
que proclaman en voz alta.
El núcleo ardiente de cierta ideología, o quizás mejor dicho mitología, se refiere a la idea de nación, la identidad, la raza,… Sí, de raza. De raza blanca europea cristiana incapaz de perpetuarse a través de los nacimientos y que peligra de ser sustituida por morenos o negros islámicos.
De hecho, son ideas con un pasado, y que hoy reaparecen, en un contexto internacional en el que por ejemplo el presidente de lo MAGA jerarquiza racialmente el mundo a través de las guerras y a su país mediante la deportación y el terror.
En el trasfondo de lo que pretendo decir está, por ejemplo, Raza, también llamada Espíritu de una raza - versión de 1950 -, producción española que sintetiza el ideario del buen español desde la perspectiva del régimen del general Francisco Franco en los primeros años de la posguerra a través de la historia de tres hermanos y sus vicisitudes durante la guerra civil.
Y aunque estas ideas adopten formas aparentemente
nuevas y encubiertas, es posible demostrar su genealogía en ese franquismo histórico
que se perpetúa... como el mismo perro con distinto collar.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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