martes, 7 de enero de 2025

Del pensamiento sinodal a la acción sinodal.

Del pensamiento sinodal a la acción sinodal 

Quien tuviera el deseo de entrar en una de las páginas web… blogs… de inspiración religiosa, encontraría abundancia de títulos sobre el tema del Sínodo. Hace poco conté más de quince en un blog cristiano, fruto de diferentes firmas: del teólogo popular al especialista, del obispo al laico,… Las perspectivas también son diferentes: de lo bíblico a lo teológico, de lo experiencial a lo «analógico» -insistiendo en la relación entre la Iglesia sinodal y la comunión-. Hay, pues, una vasta cosecha de material sobre el tema del Sínodo, señal de que al menos en el plano del pensamiento, de la reflexión algo se mueve, siempre en la estela del Concilio Vaticano II y de sus profundas intuiciones. Luego están los diversos comentarios, cortos y largos, sobre las palabras del Papa. 

Sin duda, detrás de esta proliferación subyacen también muchas y diversas motivaciones: el Sínodo, la visión sinodal de la Iglesia y de la parroquia, la sinodalidad como motivo para «actualizar» las estructuras (y el pensamiento) son temas de gran actualidad, y un largo etcétera, temas que de alguna manera afectan a nuestro ser cristianos hoy. Una página sugerida, leída, pensada, debatida es siempre bienvenida, porque ayuda a mantener el fuego encendido, a no dejar que decaiga la atención, aunque -es bien sabido- el número de lectores de temas cristianos es más bien reducido. Eso sí, una página ayuda a leer los signos de los tiempos, a alimentar la meditación y la oración, a vivir inmersos en el mundo de hoy sin escapismo y sin simplificación, a inspirar iniciativas adecuadas a nuestro tiempo, etc. 

Detrás de tanta reflexión… y más allá de los titulares espectaculares y redondos… el camino pos-sinodal es tan difícil de iniciar en la vida cotidiana. Porque necesita reflexión, necesita ideas y visiones, necesita arraigo bíblico y teológico, comparación y diálogo. Hay, por tanto, necesidad de sangre en la mente, para que luego pueda animar la acción. 

Y aquí está el punto delicado, ya que el pos-sínodo, su recepción, su puesta en marcha,…, corren el riesgo de convertirse en un fenómeno de profesionales, gestores y coordinadores -los pastores- que no logran interceptar al Pueblo de Dios más cercano a la Iglesia. Mucho menos, al más lejano de la Iglesia quien, a lo mejor, también tendría algo que decir. 

Es una urgencia, la del pensamiento, propia de nuestro mundo posmoderno, donde dominan las emociones, los instintos, la posverdad, los disparates metodológicos, en detrimento de un enfoque racional sereno, serio y fundamentado. Quizá en este horizonte y también en ese sentido se pueda leer e interpretar la llamada del Papa a la Comisión Teológica Internacional a realizar (pensar, profundizar,…) una Teología de la Sinodalidad. 

Asimismo, son las diócesis y las comunidades cristianas las que deben convertirse en “talleres de pensamiento”, para dar alma y, al mismo tiempo, dar verdadera concreción al itinerario pos-sinodal que se propone vivir a la Iglesia del siglo XXI, aunque muy pocos, tal vez, lo hayan notado. Necesitamos nuevas ideas para convertirnos en habitantes de nuestras comunidades cristianas; se necesita coraje y creatividad para hacer del Sínodo una actitud, un método, evitando el peligro de una oportunidad perdida y la trampa de la autorreferencialidad, que los cristianos con demasiada frecuencia no hemos sabido evitar. 

Necesitamos pensamiento para luego pasar a la acción: esa acción que ya no podemos posponer, sin anacronismos y nostalgias que traen miedo, cierres, esterilidad. Se necesitan, como el aire, pensadores valientes, hombres y mujeres de profecía, que no confirmen lo que existe… sino que nos alienten a mirar más allá… Y también es necesario releer algunos clásicos, algunas mentes sabias del pasado, que habían comprendido lo que estaba pasando y habían sido capaces de sugerir nuevos caminos. 

Toda fecundidad presupone una salida: "Un sembrador salió a sembrar" (Lucas 8, 5ss). 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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