Un corazón pastoral según el Papa Francisco
«Cristo tiene nostalgia de quien se aleja»: así se expresaba el Papa Francisco en la catequesis de una audiencia general el 18 de enero de 2023 (https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2023/documents/20230118-udienza-generale.html), y en el marco del ciclo de catequesis sobre la evangelización y el celo apostólico después del ciclo sobre el discernimiento.
El Papa Francisco reflexionaba sobre Jesús y su corazón, que no deja que nadie «se las arregle», es decir, que no se olvida de nadie, sino que todos están en su corazón. Para describir esta «pasión de Jesús por el hombre», el Papa Francisco utilizó la imagen del Buen Pastor que «da la vida por sus ovejas» (Jn 10,11).
En aquella época, ser pastor no era solo un trabajo que requería tiempo y mucho esfuerzo, sino que era una forma de vida: veinticuatro horas al día, estar con el rebaño, llevarlo a pastar, dormir con ellas, cuidar de las más débiles. En pocas palabras, Jesús no hace algo por nosotros, sino que lo da todo, da su vida por nosotros y su corazón es pastoral porque hace de pastor con todos nosotros.
Este término, pastoral, también indica la acción de la Iglesia, de la comunidad de cristianos que debe confrontarse e imitar, en su acercamiento al mundo y en su acción evangelizadora, el modelo de Jesús, Buen Pastor.
De ahí la invitación del Papa Francisco a estar con Jesús para descubrir su «corazón de pastor» que late siempre por los que están extraviados, perdidos y alejados: «Cuántas veces nuestra actitud con las personas un poco difíciles se expresa con estas palabras: ‘Es problema suyo, que se las arregle’. Pero Jesús nunca dijo esto, sino que siempre fue al encuentro de todos los marginados, de los pecadores. Se le acusaba de esto, de estar con los pecadores, porque precisamente a ellos les llevaba la salvación de Dios».
De ahí deriva «el celo de Dios», que no se queda contemplando el redil de las ovejas ni las amenaza para que no se vayan, sino que busca a las que se han escapado o perdido. El Papa Francisco dice: «Jesús siente una nostalgia continua por los que se han ido... no tiene ira ni resentimiento, sino una nostalgia irreductible por nosotros. Jesús tiene nostalgia de nosotros y este es el celo de Dios».
¿Y nosotros, cristianos, qué podemos y debemos hacer? En las vicisitudes de nuestra vida cotidiana, al encontrarnos con los demás, tenemos una hermosa y gran oportunidad de dar testimonio de la alegría de un Padre que los ama y que nunca los ha olvidado; sin hacer proselitismo porque, dice el Papa Francisco, «hacer proselitismo es una cosa pagana, no es religiosa ni evangélica... Pidamos en la oración la gracia de un corazón pastoral, abierto, que se ponga cerca de todos para llevar el mensaje del Señor y también sentir por cada uno la nostalgia de Cristo».
Por último, una advertencia para todos y otra para aquellos que tienen la responsabilidad de guiar: «Sin este amor que sufre y arriesga, corremos el riesgo de alimentarnos solo a nosotros mismos, nuestra vida no va... los pastores que son pastores de sí mismos, en lugar de ser pastores de la grey, son peluqueros de ovejas exquisitas».
Todo lo dicho hasta ahora son imágenes de una Iglesia «hospital de campaña» -tan querida por el Papa Francisco-, que no tiene miedo de mezclarse con los acontecimientos del mundo y del hombre, aunque no sea «del mundo»... ¿Por qué, si no, se encarnó Dios, se hizo hombre?
Vale la pena leer y reflexionar lo que significa y cómo se educa un corazón pastoral.
Un corazón que sufre, un corazón que arriesga. Sufre: sí, Dios sufre por quien se va y, mientras lo llora, lo ama todavía más. El Señor sufre cuando nos distanciamos de su corazón. Sufre por los que no conocen la belleza de su amor y el calor de su abrazo. Pero, en respuesta a este sufrimiento, no se cierra, sino que arriesga: deja las noventa y nueve ovejas que están a salvo y se aventura por la única perdida, haciendo algo arriesgado y también irracional, pero acorde con su corazón pastoral, que tiene nostalgia de los que se han ido. La nostalgia por aquellos que se han ido es continua en Jesús. Y cuando escuchamos que alguien ha dejado la Iglesia ¿qué decimos? “Que se las arregle”. No, Jesús nos enseña la nostalgia por aquellos que se han ido; Jesús no tiene rabia ni resentimiento, sino una irreductible nostalgia por nosotros. Jesús tiene nostalgia de nosotros y esto es el celo de Dios.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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