domingo, 15 de marzo de 2026

Jesús es la misma Resurrección - San Juan 20, 1-9 -.

Jesús es la misma Resurrección - San Juan 20, 1-9 -

María Magdalena, en esa hora entre la oscuridad y la luz, entre la noche y el día, cuando las cosas no se ven pero el corazón las intuye, va sola y no tiene miedo. Como la novia del Cantar de los Cantares: durante la noche busco al amado de mi corazón.

 

El amanecer de Pascua está lleno de aquellos que han vivido más intensamente el amor de Jesús: María Magdalena, el discípulo amado, Pedro, las mujeres.

 

La primera señal es tan humilde: no una aparición gloriosa, sino un sepulcro vacío en el frescor del amanecer. Es poco y no es fácil de entender. Y María no lo entiende, corre hacia Pedro no para anunciar la resurrección del Maestro, sino para denunciar una artimaña de los enemigos, un dolor más: se han llevado al Señor. Ya ni siquiera tenemos un cuerpo sobre el que llorar.

 

Todos corren en esa madrugada: María, Pedro, Juan... No se corre así por una pérdida o por un duelo. Sino porque algo inmenso está surgiendo, asoma la cabeza, urge el nacimiento de algo enorme, confuso y grandioso.

 

Llegan al sepulcro y les ayuda otra pequeña señal: los lienzos colocados, el sudario envuelto con cuidado. Si alguien se hubiera llevado el cuerpo, no lo habría liberado de los lienzos ni del sudario. Ha sido otra cosa la que ha liberado la carne y la belleza de Jesús del velo oscuro de la muerte.

 

Nuestra fe comienza con un cuerpo ausente. En la historia humana falta un cuerpo para cerrar en empate el recuento de víctimas, falta un cuerpo en la contabilidad de la muerte. Sus cuentas están en números rojos. Y esto abre una brecha, un espacio de rebelión, una zambullida más allá de la vida asesinada: la muerte no vencerá para siempre.

 

Aunque ahora parezca triunfante: el mal del mundo me hace dudar de la Pascua, es demasiado; el terrorismo, el cáncer, la corrupción, la multiplicación de muros, barreras y naufragios; niños que no tienen comida, agua, hogar, amor; las finanzas que dominan al hombre me hacen dudar.

 

Pero luego veo inmensas energías de bien, mujeres y hombres que transmiten vida y la custodian con amor divino; veo a jóvenes fuertes que cuidan de los débiles; a ancianos creadores de justicia y belleza; a gente honesta hasta en las cosas pequeñas; veo ojos de luz y sonrisas más bellas de lo que la vida permite. Estos hombres y estas mujeres nacieron la mañana de Pascua, llevan dentro la semilla de Pascua, el cromosoma del Resucitado.

 

Porque Jesús no es simplemente el Resucitado. Él es la Resurrección misma, es la acción, el acto, la savia continua del resurgir, que hace que la vida vuelva a empezar desde el principio, la conduce de inicio en inicio, arrastrándola hacia lo alto consigo: fuerza ascendente del cosmos hacia una vida más luminosa.

 

Y no descansará hasta que se rompa la tumba de la última alma, y sus fuerzas logren hacer florecer la última rama de Vida.


 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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