Cada día camino hacia la montaña (a modo de confesión espiritual) - San
Mateo 28, 16-20 -
Camino respirando el silencio; aquí siempre hay
silencio, en estas montañas, como si fuera el aliento íntimo de las hojas, como
si fuera el paso callado de las nubes. Mastico el viento, lloro, sonrío, vivo,
pienso, camino.
Subo hacia la montaña, Tú siempre me señalas una
montaña, me parece llevarla dentro como un puñado de roca, desde siempre,
incrustada en los ojos y en el corazón, me parece que toda mi vida no ha sido
más que un avanzar por senderos pedregosos y escarpados, puntiagudos. Te estoy
profundamente agradecido. No soy capaz de quedarme quieto.
Camino hacia la montaña que Tú me has señalado para
reconocerme. Once,
incompleto, pero no quiero reemplazar al traidor, lo llevaré dentro, lo
arrastraré conmigo, grabado en el nombre, Judas será el amigo al que agradecer,
el santo en quien confiar, Judas soy yo, desgarro de la perfección, descarte,
Judas es el motivo de mi camino, la providencia que no permite transformar el
camino hacia Ti en un camino fácil, Judas soy yo que me escondo, que reniego,
que me cuelgo de un árbol a la espera de ser recogido.
Judas es lo que me permite seguir siendo el Once,
el que falta, mendigando una felicidad que por mí mismo ya ni siquiera puedo
imaginar. Once es el lado vacío del corazón, el que me arrancaron a
mordiscos lo que ha muerto en mí y me ha dejado aquí, esperando, deseando. Yo
soy el Once y sigo caminando solo por ese Uno que falta, por esa
Ausencia y ese Vacío que me habitan.
Camino porque te intuyo, por fin te sospecho, y ya no eres la proyección perfecta de mis fantasías, no eres el trazo seguro de mis reflexiones limpias, no eres lo que necesito, no eres el consuelo de mis miedos, no eres la revancha de mis fracasos. Te intuyo porque no eres como yo te querría. Y así me postro, perdido y derrotado, para que Tú me recojas y me levantes para ponerme siempre en camino.
Y que yo dude hasta me hace sonreír y tener buenas
esperanzas. Porque si yo dudo, al menos Tú seguirás preocupándote por mí;
porque si yo dudo, al menos Tú no puedes estar en paz, ni siquiera resucitado,
porque el amor no se pacifica, porque mi duda te ayuda a seguir siendo amor a
mi lado, enamorado en busca de lo que falta.
Así te acercas, claro que te acercas Tú, yo estoy
postrado, estoy inmóvil, no soy nada si Tú no vienes.
Así te acercas, de tus labios fluye el cielo y se
concreta la tierra, del sonido de tu boca todo el poder de la Vida, abundante,
definitiva, plena que Tú creas. No sabes más que plasmar Vida ni siquiera
después de haber sido crucificado, ni siquiera antes de ascender. Eres la Vida
que nos habita y en la que somos, nos movemos y existimos.
Claro que iré a hacer discípulos, pero lo haré como
discípulo, seré el traidor y el mendigo, el loco y el verdugo, seré el pecador
y el ahorcado, seré testigo de humanidad con tu misericordia gratuita e
inmerecida. Y siento tus manos sobre mí. Y te elijo de nuevo, elijo ser
obediente a ese amor primero, a esa gracia sobre gracia, y lo hago porque Tú eres
lo único que me mantiene con vida.
Y bautizaré al mundo entero sumergiéndolo todo en Ti. Y
cumpliré lo que Tú me has enseñado pronunciar balbuciéndolo. Porque lejanos son
los tiempos en que creía que era yo quien podía elegirte. Eres Tú quien me has
elegido para que esté contigo. Que Tú estés conmigo todos los días es una
garantía que recuerdo todos los días mientras cada día me pongo en camino hacia
la montaña en la que Tú me citas. A veces dudo. Pero de mí mismo, no de tu amorosa
compañía. Tan discreta. Y tan fuerte.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

No hay comentarios:
Publicar un comentario