viernes, 17 de abril de 2026

El verano de la mano de Antonio Vivaldi.

El verano de la mano de Antonio Vivaldi


 

Miremos donde miremos, nos vemos inundados de anuncios, escaparates, vallas publicitarias y canciones, todos con un único mensaje: el verano ha llegado. Nosotros también celebraremos la llegada de la bella estación junto al Maestro Antonio Vivaldi: escucharemos, de hecho, el Concierto en sol menor para violín, cuerdas y continuo «El verano» de Las cuatro estaciones.

 

Abro un paréntesis. Solamente para recordar que la famosa colección Las cuatro estaciones de Antonio Vivaldi consta de cuatro conciertos solistas para violín: Primavera, Verano, Otoño e Invierno. Estos sirven de introducción a la que quizá sea la obra más famosa del gran maestro veneciano, titulada «Il cimento dell’armonia e dell’invenzione», compuesta en 1725 y formada por 12 conciertos. Esta colección no solo refleja los gustos de la época, sino que aporta una gran innovación: todos son conciertos de tipo solista.

 

En Las cuatro estaciones Antonio Vivaldi acentúa el contraste agógico entre los movimientos alegres iniciales y finales, y los movimientos lentos centrales, muy profundos y expresivos, en los que el violín solista entrelaza su voz predominante con la de la orquesta, que actúa como masa sonora.

 

En cada partitura, se recurre a un violín solista, un cuarteto de cuerda compuesto por un primer violín, un segundo violín, una viola y un violonchelo, y un bajo continuo que puede interpretarse, a elección, con un clavicémbalo o un órgano.

 

Otra innovación introducida por el Maestro es la denominada «música programática», es decir, composiciones de carácter descriptivo. Son imágenes sonoras las que Antonio Vivaldi representa en su colección dedicada a las estaciones, imágenes sugeridas por un soneto descriptivo que acompaña a cada concierto. Hasta aquí el paréntesis.


 

También el Verano, al igual que los demás, se basa en un soneto: 

Allegro non molto

Bajo dura estación por el Sol encendida
languidece el hombre, languidece el rebaño, y arde el pino;
suelta el cuco la voz, y cuando la entienden
cantan la torcaz y el jilguero.
El Céfiro dulce sopla, pero en disputa
se mueve Bóreas de improviso a su lado;
y llora el zagal, porque suspendida
teme a la fiera borrasca, y su destino.
 

Adagio

Roba a sus miembros laxos el reposo
el miedo al relámpago, y los fieros truenos
¡y de las moscas, y moscones, el tropel furioso!
 

Presto

¡Ah, que son sus temores verdaderos!
Truena y fulmina el cielo y el granizo
trunca las cabezas de las espigas y los granos altera.
 

Tal vez el Verano sea el único concierto del ciclo que refleje con eficacia la carga explosiva de la estación; además, puede considerarse en su conjunto, sin distinción entre los distintos movimientos. La descripción fluye ininterrumpida y crea un clímax ascendente que culmina en el famosísimo último movimiento. Pero no nos adelantemos.


 

El verano —«Languidez por el calor»—, como reza el subtítulo del primer movimiento de la partitura en sol menor, se abre con un Allegro non molto. En esta composición, de forma aún más eficaz que en las demás, el verano se plasma de una manera, como mínimo, palpable. 


El oyente tiene la oportunidad de sentir en carne propia el bochorno opresivo de los meses de verano a través de las notas iniciales de los profundos violonchelos, las pausas significativas y los agudos violines que se alternan, se persiguen, se encuentran y se entrelazan. Un preludio musical rico y, sobre todo, eficaz a la hora de plasmar el calor veraniego.

 

Tras esta aparente calma se esconde, sin embargo, una tormenta que se gesta en el horizonte. El pastor se encuentra, pues, exhausto por este calor asfixiante, que se vuelve aún más insoportable por la imposibilidad de encontrar un poco de sombra donde descansar y agua en la cantimplora para saciar su sed. 


Al igual que él, la naturaleza que lo rodea yace indefensa bajo los rayos cegadores del sol abrasador. Al levantar la vista al cielo, grandes nubes grises se acercan amenazantes, hasta el punto de oscurecer el sol, y él no sabe si alegrarse o entristecerse por la inminente tormenta, ya que las tormentas de verano no son agradables y, a veces, no traen consigo un gran frescor. Decide, pues, volver a casa.

 

En el siguiente Adagio —«Miedo a los relámpagos y a los truenos»— la inquietud va en aumento. El pastor, agotado, encuentra un árbol cuya sombra le ofrece un respiro momentáneo. Se tumba para intentar descansar, pero se ve continuamente molestado por moscas y mosquitos, lo que queda bien reflejado en el motivo insistente de los violines. 


Un trueno lejano lo hace sobresaltarse, pero, sin alarmarse demasiado, sigue descansando. Al segundo trueno le sigue una serie de retumbos que, gracias a la maestría de la masa orquestal, anuncian la llegada cada vez más inminente de la tormenta. El pastor, cuyo estado de ánimo cada vez más intimidado representa el primer violín, no tiene tiempo de pensar qué hacer antes de quedar atrapado por la fuerte lluvia torrencial que se desata.

 

En el tercer movimiento, Presto, – «Tiempo impetuoso de verano» – la estructura compositiva se basa en un tema inicial interpretado por toda la orquesta que reaparece periódicamente, alternándose con el violín solista, el cual, en este tercer movimiento, se presta a grandes muestras de virtuosismo técnico y tímbrico, alcanzando grandes picos de dramatismo. 


La tormenta ya ha estallado, privando al pobre pastor de un refugio seguro. Al igual que él, toda la naturaleza a su alrededor se ve devastada por los grandes torrentes de agua que desestabilizan el terreno y arrancan las hojas de los árboles. La tormenta es la protagonista indiscutible del movimiento, que hace alarde de todo su poder, contra el cual ni siquiera el hombre puede hacer nada. Ahora está a merced de los elementos y solo puede esperar salir vivo de allí.


 

En El verano de Antonio Vivaldi, la progresión de los estados meteorológicos y, por tanto, emocionales, que pasan de la «Languidez por el calor» al «Temor a los relámpagos y los truenos» hasta el «Tiempo impetuoso de verano», lleva al oyente a vivir sensaciones absolutamente envolventes y exaltantes, gracias a una escritura musical que evoca imágenes casi visibles.

 

Bueno, como siempre, y llegados a este punto, lo más importante es tu ejercicio de audición. Aquí te dejo el link con una de las versiones que a mí más me gustan: https://youtu.be/RvDt_KtOzbc?is=0M1ZzzzLHfuEcZfs 


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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