La pedagogía de Jesús - San Mateo 28, 16-20 -
Todos acudieron a la cita en el monte de Galilea.
Todos, incluso los que aún dudaban, una comunidad herida que había conocido la
traición, la huida y el suicidio de uno de los suyos...
Pero el Maestro no los abandona, y realiza uno de sus
gestos más característicos: se acercó y les dijo... cuando ama,
Dios realiza gestos muy humanos.
Jesús no acepta distancias: aún no se ha cansado de
acercarse y de explicar. Aún no se cansa de esperarme en mi lentitud para
creer, se acerca más, mirada a mirada, aliento a aliento.
Es el viaje eterno de nuestro Dios «en
salida», que recorre toda la tierra, que llama a la puerta del ser
humano, y la puerta del ser humano es el rostro, o el corazón. Y si yo no abro,
como tantas veces ha sucedido, él me deja una flor en la puerta. Y volverá. Y
no duda de mí.
Estoy con vosotros todos los días. Con vosotros, en las soledades, los abandonos y las
caídas; con vosotros también tras las puertas cerradas, en los días en que
dudáis y en los que creéis; en los días de canto y en los de lágrimas, cuando
la noche os envuelve y cuando os parece volar.
La última y suprema pedagogía de Jesús es así de
sencilla: «acercarse siempre, estar juntos, susurrar al corazón, consolar y animar».
Id por todo el mundo y anunciad. Confía la fe y la palabra de felicidad a discípulos
con un peso en el corazón, y sin embargo lo lograrán, y se extenderá por todos
los paisajes del mundo como agua fresca y clara.
Id y bautizad, sumergid cada vida en el océano de
Dios. Acompañad cada vida al encuentro con la vida de Dios y que sea sumergida
en ella, que se impregne y se empape de ella, ¡y luego sea elevada en alto por
su ola suave y poderosa!
Hacedlo «en el nombre del Padre»: corazón que late en
el corazón del mundo; «en el nombre del Hijo»: el más bello entre los nacidos
de mujer; «en el nombre del Espíritu»: viento que lleva el polen de la
primavera y nos convierte a todos en viento en su Viento.
Como todos los dogmas, también el de la Trinidad no es
un frío destilado conceptual, sino un cofre que contiene la sabiduría de vivir,
una sabiduría sobre la vida y la muerte: en el principio de todo, en el cosmos
y en mi íntimo, como en el cielo así en la tierra, se establece un vínculo de
amor. «En el principio, el vínculo».
Y yo, creado a imagen y semejanza de la Trinidad, puedo finalmente comprender por qué me siento bien cuando estoy con quien me quiere, comprender por qué me siento mal cuando estoy en soledad: es mi naturaleza profunda, nuestro origen divino.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF


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