martes, 7 de enero de 2025

¿Y para qué nos sirve un Sínodo sobre la sinodalidad?

¿Y para qué nos sirve un Sínodo sobre la sinodalidad? 

También es el momento de hacernos preguntas, no sé si de darnos todas las respuestas porque hoy tenemos las respuestas pero son las respuestas de una época que ya no existe, son las respuestas a preguntas que hoy ya no valen. Este es el momento de hacernos preguntas nuevamente, pero preguntas generativas, no qué hacer -que son preguntadoras agotadoras- ni cómo hacerlo sino '¿por qué?', '¿por qué estamos haciendo estas cosas?', '¿por qué la sinodalidad?' Debemos volver a la dimensión del significado y no aplastarnos en una dimensión funcional, operativa, que no nos ayuda, y trataré de comprenderla juntos. 

Sin la ansiedad de volver a casa con soluciones porque hoy no las tenemos, y lo digo de forma tranquilizadora. Hoy no tenemos las soluciones, no sabemos cuál es la forma de parroquia, cuál es la mejor forma de Cáritas. Es un tiempo de discernimiento. 

¿Para qué sirve un Sínodo sobre la sinodalidad? El Sínodo es el de la Iglesia universal. El Sínodo es un acto jerárquico regulado canónicamente y que luego tiene como objetivo crear un documento con indicaciones. El Espíritu actúa desde dentro, ni desde arriba ni desde abajo. No debo escuchar solamente mi sueño… sino el sueño que Dios tiene para mí. No es "mi sueño" lo que está en juego sino algo más grande, porque en todo esto el Espíritu ya ha hecho cosas nuevas. Isaías dice: “¿Pero no os dais cuenta de que la novedad ya está brotando?”. No es mi creatividad lo que está en juego. Se trata, pues, ante todo, de un proceso espiritual. 

¿Y por qué entonces celebrar un Sínodo sobre la sinodalidad? Porque no se reflexiona sobre lo otro, sobre lo demás. La Iglesia ya había empezado a echar las cartas - escuchemos a los jóvenes, escuchemos a la familia, escuchemos a los pobres... - el debate siempre gira en torno a los demás, en cambio el Papa dijo: "No, no, en el debate somos nosotros". Por eso es necesario un Sínodo sobre la sinodalidad, lo que significa que la Iglesia o se vuelve sinodal o no lo es. La sinodalidad no es un evento sino un estilo evangélico con el cual vivir este tiempo. 

Si no entramos de lleno en esta dinámica será difícil porque en el fondo de todo está esta pregunta, que el Papa nos recuerda varias veces: vivimos en un cambio de época, y no en una época de cambios. En una época de cambios basta con hacer ajustes. Entendemos que estos son juegos que están bien en un contexto donde hay pequeños cambios, porque los arreglamos y es suficiente. Pero cuando la era cambia... ¿Qué significa que una era ha cambiado? Si no entendemos esto, es difícil entender las enseñanzas del Papa Francisco. 

Cambiar de época significa que los modelos que utilizamos para comprender la realidad, las palabras que utilizamos para nombrar las cosas, ya no funcionan. Significa que la vida ya no fluye dentro de nuestras categorías y las categorías con las que analizamos y explicamos la realidad han desaparecido. Significa que el conocimiento ya no se produce de forma acumulativa lineal porque se ha creado una fractura por la que tenemos que atravesar un tiempo en el que ya no tenemos mapas precisos para movernos y en el que no. Ya ni siquiera disponemos de equipamiento (como si tuviéramos que cruzar un desierto pero estuviéramos vestidos para ir a la montaña). Pero esto no es un problema porque en la historia se han producido muchos cambios de época: es normal que se produzcan cambios de época. No es algo extraordinario, y la Iglesia ya tiene todo lo necesario, tiene una Tradición, las herramientas para vivir estos pasajes. Yo creo que debemos aceptar esto, lo que significa que una era está muerta - "proceso de duelo" - y debemos desatar las ataduras y dejarla ir. De otra manera esa época se convierte en fantasma y los fantasmas son reales, son esas cosas que no hemos podido soltar y que perturban nuestras noches, nos mantienen agitados. 

¿Qué pasa en un cambio de era? Se crea una fractura profunda entre (por un lado) las formas en que vivimos la experiencia de fe, las palabras con las que expresamos la fe y (por otro lado) nuestra experiencia de vida. 

Hay algunas formas que ya no nos corresponden. Ciertos tipos de anunciar, o ciertas palabras que decimos, ya no corresponden a la vida cotidiana. Una cierta manera de reflexionar y de decidir sentimos que ya no nos aporta algo significativo, algo deseable. El deseo está en juego. Son cosas que hacemos porque tenemos que hacerlas, más como un deber, más con una ansiedad de deber que con una ansiedad de amor, de deseo, de pasión. Pero esto sucede, no es extraordinario. Entonces, ¿qué hace la sinodalidad? La sinodalidad efectúa un tejido, repara esta fractura, repara el tejido de la comunidad, repara el tejido de los significados, intenta volver a hacer corresponder ciertas formas donde vivimos la fe con la vida y el fluir de la vida de las personas, lo cual no es más tiempo dentro de nuestras agendas. 

El proceso sinodal es un proceso espiritual. 

Pero ¿qué es lo que pone esto en duda? ¿Somos nosotros? ¿Nuestras nuevas ideas? No, es el Espíritu Santo, porque el Espíritu es el vino nuevo, no somos nosotros, no es nuestra creatividad el vino nuevo. El Espíritu es el vino nuevo que ya no cabe dentro de esas formas. Dentro de las formas históricas donde hemos enjaulado la fe y la espiritualidad ya no hay lugar. 

Estaban bien antes. Ojo, no hay bien ni mal en estas reflexiones y debates, recordémoslo. Lo que hemos hecho hasta ahora estuvo bien y fue hermoso. Pero cuando una era cambia no está bien ni está mal, es lo que es apropiado y lo que ya no es apropiado. 

Kairòs¿qué nos llama este tiempo a vivir hoy? Es el Espíritu el que genera esta tensión: ¿cómo entendemos que es el Espíritu? Porque no es una cosa intelectual: el Espíritu no actúa para conocer o saber, actúa para gustar y saborear. ¿Era mejor o peor antes? ¡No! – es que la realidad cambia y si queremos adaptar la realidad a la idea que teníamos antes, no funciona. Por eso el Papa dice que la realidad es superior a la idea: no porque la idea no sea importante, sino que si no purificamos la idea con la realidad, caemos en la ideología. Éste es el gran riesgo hoy. La ideología es precisamente una idea que adapta la realidad a sí misma, a sus propios esquemas, a sus propias certezas o agendas. 

¿Qué nos pide hoy este tiempo? Para escapar de esas formas, de esas palabras que la gente ya no entiende. ¿Por qué el Papa escribió un documento sobre la santidad? Porque la palabra santidad hoy no significa nada para el hombre. Perdón si lo digo pero lamentablemente es así. Si hoy dices la palabra santidad a la gente, no toca sus corazones, pero eso no significa que sea una palabra incorrecta. Quizás nos afecte porque crecimos allí pero si lo decimos a los jóvenes… ¿qué les significa esa palabra? La palabra santidad no está mal, pero hay que devolverle un sentido, por eso el Papa escribió un documento sobre eso, porque hay que regenerarla en sentido, hay que conectarla con otras imágenes, con otras visiones, a otro idioma que se corresponda más con la experiencia de vida de las personas de otro modo ya no es comprensible. ¿No hizo esto Jesús en su anuncio? No cambió ni un ápice la Tradición pero le devolvió un significado renovado y fresco, comprensible y sabroso. 

Entonces, ¿qué nos pide el Espíritu? Dejar esa tierra - esto es lo que Abraham pide "Abraham, deja esa tierra de lo contrario no podrás ver las estrellas", no puedes ver las estrellas porque la contaminación lumínica de tus certezas, la contaminación lumínica de tus hábitos es demasiado fuerte para ver la estrellas. ¡Estoy hablando de contaminación lumínica, no de la oscuridad! Estamos en un cambio de era. Y en un cambio de época cambian las palabras y cambian las formas. 

Jesús hablaba así, Jesús dijo: “Habéis oído que… Pero yo os digo…”. Cambio de era: utilizar un enfoque para generar una nueva visión. Si no generamos una nueva visión, un nuevo sueño de la Iglesia, no creamos que hoy se puede proponer como atractivo el Evangelio. 

Esto entonces es un desafío. ¿Cómo entonces afrontamos este desafío? Como nos decía el Papa, una vez toda la Iglesia usó tres verbos: ver, juzgar, actuar. Debíamos ver la realidad, analizar la realidad, realizar un análisis de las necesidades, sobre la base del análisis de las necesidades juzgábamos, fijábamos objetivos, determinábamos acciones, tomábamos decisiones. Era el ‘modo proyecto’. Entonces trabajamos por proyectos, por planes, por programas: proyectos pastorales, planes pastorales... Bueno, este tiempo está muerto. Sé que para muchos da miedo porque al menos era una certeza (es lo que yo sé hacer, siempre se ha hecho así). Pero este es un tiempo diferente, es un tiempo donde entramos en una lógica de procesos, no de proyectos. Por eso el Papa nos dio otros tres verbos en el Sínodo de los jóvenes sobre el discernimiento: reconocer, no ver, porque en un cambio de era ya no sé ver la realidad porque domino la realidad a través de las categorías que ya tengo, y nuestros ojos ven lo que nuestro cerebro puede reconocer, lo que el cerebro acepta. No vemos la realidad tal como es, no podemos porque la adaptamos a las categorías de la época anterior. Entonces no se trata tanto de juzgar a la luz de lo que ya sabemos sino de interpretar lo que el Espíritu nos dice para luego tomar decisiones. 

Entendemos que es un proceso de acción que se basa en una dinámica espiritual que es el discernimiento. El discernimiento nos hace salir de nuestras ideas, de nuestras fijaciones, para entrar en un nosotros espiritual, que es fundamentalmente un nosotros relacional. Si concluimos un discernimiento con opciones que nos resultan cómodas, entonces seguramente no lo hemos hecho bien porque el Espíritu se siente incómodo, va más allá. Los caminos del Espíritu son caminos incómodos, pero así es, son incómodos porque sirven para liberarnos. La verdad nos hace libres, no nos hace felices. Y seguimos haciendo cursos sobre la felicidad…, pero la Verdad nos hace libres, y queremos más la libertad que la felicidad porque a través de la libertad llegamos a la alegría –la de Evangelii Gaudium, que es otra cosa-. 

El camino de la sinodalidad es una acción de liberación, de la propia pobreza, de la propia esclavitud, de las propias ideas. Esta liberación comienza primero con nosotros, es un largo camino, como el Éxodo. El camino del Éxodo pudo haber sido más corto en términos geográficos, pero Dios les hizo tomar el camino largo porque no era la esclavitud del Egipto físico de la que debían purificarse, era la esclavitud del Egipto internalizado que llevaban en sus vidas, corazones, de esos hábitos que habían adquirido con el tiempo y que eran difíciles de romper. 

Se trata de empezar a experimentar algo nuevo. El cambio profundo no se puede explicar a las personas, hay que hacerlo, empezando por alguien. La Iglesia siempre ha cambiado así: a través de los dinamismos del Reino, recordando así el estilo evangélico, es decir, la levadura, la pequeña semilla que atrae. Como los dos discípulos del Bautista, se detuvieron ese día con él: “¿Dónde vives?”, “Venid y veréis”. Ellos se detuvieron ese día con Él no porque entendieran algo de quién era (no entendían nada, ni siquiera entendían al final), sino porque vieron dónde vivía, porque era hermosa la forma en que miraba a las personas, porque era sabroso el tono de voz de esas palabras que decía,…, porque lo que les ofrecía era Bueno porque hacía Bien. Entendemos que hay otros criterios que estamos llamados a utilizar hoy. Ya no es por convicción – decía el Papa Benedicto, luego repetido por el Papa Francisco – sino por atracción. Hay una belleza de la que somos custodios, no de ideas, no vendemos ideas pero deseamos compartir una realidad viva. 

¿Por qué celebrar un Sínodo sobre la sinodalidad? Hagamos un Sínodo sobre la sinodalidad para reactivar tres dinamismos de participación, misión y comunión: 

Escuchar: escuchar al Espíritu, no a nuestras ideas, no a nuestras categorías mentales, a los signos de los tiempos, al magisterio. Este es el camino sinodal. 

Liberar: debemos liberar, es un tiempo de liberación, es la libertad que estamos llamados a vivir, que nos pide convertirnos, reactivar dinamismos. He aquí los caminos: son dinamismos, no son proyectos. No tenemos que hacer proyectos, sino suscitar dinamismos. Volviendo a soñar con la Iglesia: ¿sabemos cuál es el sueño de Dios? Porque los cristianos damos nuestra vida por un sueño. 

Tejer: retejer. Se trata de retejer comunidad, también de retejer significado y de retejer lazos con la realidad de la historia y del mundo en el presente. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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