sábado, 31 de enero de 2026

Cortina de humo.

Cortina de humo

El título en castellano de aquella película fue “Cortina de humo”. Así se tradujo «Wag the dog». Según explica Wikipedia, Wag the dog  es un juego de palabras que se explica en un pie de foto al principio de la película: “¿Por qué un perro mueve la cola? Porque el perro es más inteligente que su cola. Si fuera la cola la más inteligente, sería ella la que movería al perro”.

 

Sea como sea, la película merece ser vista y revisada, también en estos tiempos de guerra, e incluso de las fotografías del actual presidente norteamericano en el “caso Epstein”, de los excesos del celo policial en Minneapolis,…

 

El reparto es excepcional (Dustin Hoffman, Robert De Niro, Anne Heche, Woody Harrelson, Kirsten Dunst, William H. Macy), la dirección es del célebre director Barry Levinson y la película es de 1997, pero revela mecanismos de manipulación de los medios de comunicación que siguen siendo actuales e instructivos.


Resumida al máximo, la trama es la siguiente: la CIA, para desviar la atención internacional de una Casa Blanca sacudida por un escándalo sexual, contrata a un conocido productor de Hollywood para montar una campaña mediática destinada a convencer a la opinión pública de que Estados Unidos de América está en peligro porque está siendo atacado por... Albania. De ahí surge una serie de noticias falsas y vídeos grabados ad hoc para «difundirlos» en los medios de comunicación y hacer plausible la situación de peligro.

 

Una práctica y una filosofía que recuerdan mucho a lo que está sucediendo en estas semanas…

 

La intención del director es poner al descubierto la capacidad engañosa del poder y la terrible eficacia de los instrumentos de manipulación a su servicio. Si no es funcional a los fines de quienes controlan el sistema, incluso la verdad se convierte en un adorno inútil, un error que siempre se puede corregir con la ayuda de un buen productor y un equipo adecuado.

 

Cortina de humo” narra una doble manipulación. Por un lado, está la capacidad del poder para utilizar medios sofisticados con el fin de ofrecer a los medios de comunicación una verdad falsa, inventada de la nada y, precisamente por eso, aún más perfecta y creíble que la realidad; por otro, la facilidad con la que los instrumentos de comunicación logran difundirla, amplificarla y transformarla en emoción.


Sin embargo, si todo se limitara a esto, no sería nada nuevo. Muchas películas han contado la sutil relación entre el poder y la información «creativa». La especificidad de “Cortina de humo” reside en la ligereza juguetona con la que se mueven los protagonistas, sorprendente y decididamente más eficaz que la seriedad con la que se ha abordado el tema en otras ocasiones.

 

Entre las escenas más increíbles y, en cierto modo, impactantes estaban aquellas en las que el teatro de guerra se recreaba dentro de un estudio cinematográfico con la ayuda del “chroma key” y los gráficos por ordenador que ciertamente en 1997 aún estaban en sus inicios.

 

Si la crítica de todo el mundo la elogió, si el jurado del Festival de Berlín le concedió el Oso de Plata, en Estados Unidos de América fue recibida con cierta frialdad y acusada de «cinismo». Quizás porque no se apreciaban demasiado las reflexiones irónicas sobre las guerras que surgían de los diálogos entre De Niro y Hoffman...

 

Hoy reflexionaba precisamente sobre esto cuando veía las noticias de las fotografías del actual presidente norteamericano en el “caso Epstein” y de los excesos y asesinatos del celo policial en Minneapolis.

 

¡Qué fácil es diseñar y hacer ejercicios distracción para alimentar a la opinión pública - que si Venezuela, que di Groenlandia, que si Irán, que si... -!


En aquella época aún no se hablaba de «fake news», pero “Cortina de humo” fue realmente una película profética al ilustrar lo que el poder puede hacer cuando quiere desviar nuestra atención, o confundir la realidad, o inventar otra verdad… Se dice que la realidad supera, y con creces, la imaginación de los artistas.

 

Cortina de humo” sigue siendo emblemática por el hecho de que en la película es un Estado democrático el que está en el centro de este engaño… uno hasta se puede imaginar lo que puede hacer el aparato de ese Estado democrático en manos de su presidente Donald Trump.

 

La propaganda siempre ha utilizado tanto armas sutiles como estiletes como otras más contundentes como misiles con el único objetivo de influir en la opinión pública, y si antes solo teníamos que cuidarnos de la prensa, la televisión y el cine, hoy son las redes sociales y la web los nuevos campos de batalla donde se juega la partida para captar, al mismo tiempo, nuestra atención y nuestra distracción.

 

A nosotros, los «espectadores», solo nos queda el arma del análisis en profundidad para intentar hacer frente a este gigantesco espectáculo del entretenimiento informativo… mientras algunos u otros quieren distraernos, entretenidos y divertidos, de aquellas noticias que ponen de manifiesto, negro sobre blanco, la calidad democrática de un Estado como Estados Unidos de América en manos de un presidente con semejante calado ético y moral humano como el de Donald Trump.


En los 250 años de historia de los Estados Unidos de América se ha documentado tal vez por primera vez que su Presidente fuera amigo íntimo y compañero habitual en la vida social de un pedófilo condenado y traficante sexual.

 

Es verdad. En los llamados archivos Epstein no hay pruebas directas de la culpabilidad de Donald Trump: hay pruebas circunstanciales, acusaciones nunca investigadas, insinuaciones…

 

Pero Donald Trump no es simplemente otro nombre en los archivos. Es un Presidente ya condenado años atrás. Los estadounidenses lo votaron no una, sino dos veces. Sabían a quién estaban eligiendo. Y no les importó.


Todo lo anterior para decir que la cortina de humo parece que es efectiva y funciona.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

Salir de nuestra lógica - San Mateo 5, 17-37 -.

Salir de nuestra lógica - San Mateo 5, 17-37 - 

Mi vida tiene el sabor agridulce del Evangelio. 

Y la Palabra ilumina los pasos de mi camino, sí. 

Sé que pertenezco al Señor, sé que lo he seguido dejando las redes, no todas, a decir verdad, y a veces tropiezo. 

Me he convertido en pescador de humanidad. Ante todo en mí mismo. Enamorándome perdidamente de la vida que me ha sido dada. Y del misterio que se esconde dentro de esta vida. 

Sé bien, como escribe Ben Sirach, que ante mí tengo agua y fuego. 

Sé bien que la vida de fe no se compone solo de gestos éticos, ni mucho menos de seguir una moral. No más de lo que quien ama se ve impulsado a respetar el amor que siente por la persona amada. Pero también sé que no hay nada más alejado del Evangelio que la intransigencia. De la regla. Y de la obsesión por la coherencia. 

Sé dónde buscar la felicidad, meditando las Bienaventuranzas, viviéndolas, plenamente consciente de mis límites. Pero en la infinita proporción de mi deseo profundo e íntimo. 

Del alma que se abre paso en cada acción. En cada pensamiento. 

Atrévete 

El Maestro habló de las Bienaventuranzas. 

Él vive esas Bienaventuranzas. Pidió a los discípulos que se atrevieran. Que creyeran en ellas. 

Al hacerlo, se convierten, nos convertimos, en testigos creíbles. Creyentes creíbles. 

En la vida cotidiana, fuera de los estrechos espacios de lo Sagrado en los que, con demasiada frecuencia, hemos relegado la inmensidad de Dios. 

Pero es difícil hablar de ello, difícil hablar de ello entre nosotros, los católicos. Porque con demasiada frecuencia hemos confundido los planos, hemos elevado a dogma divino nuestras costumbres (a veces bellas y sanas) y hemos reducido la fe a una costumbre ética. Como si la Iglesia fuera el club de los chicos buenos en vías de extinción y no el sínodo de los pecadores perdonados que se descubrieron amados. 

En cambio, nos hemos vuelto intransigentes. Casi siempre con los demás. 

Si lo entendiéramos... 

Jesús lo intenta, empuja, se atreve. Con los devotos de su tiempo, con nosotros, conmigo. 

San Pablo nos advierte: sal de tu lógica, entre nosotros no hablamos de lógica mundana, de costumbres sanas y santas, estamos en la esfera de lo divino, del sueño absoluto, de la plenitud que construimos día a día. El Espíritu las conoce en profundidad y las revela a quienes confían, a quienes van al corazón de la Ley, que es siempre y solo y totalmente Ley de amor. Ley entre amantes, norma de los amados. 

Ni una línea 

Jesús no cambia la Ley de los Padres, la devuelve a su origen. Le devuelve esa vitalidad que nuestros convencionalismos han trastocado y sofocado. 

Los doctores de la Ley y los fariseos, gente buena, competían y se esforzaban por ser íntegros ante Dios. Sabían (pensaban, ilusos) que podían presentarse ante Dios como los primeros de la clase, como buenos chicos, intactos en su rigidez espiritual y moral. 

Solo que Jesús pide más, pide superar esa justicia. 

Pide ir más allá. Arriesgado, sin duda. Ir más allá de la norma, la regla, la ética, la justicia hecha con regla y calculadora en mano. Para llegar a la misericordia. 

Pide cambiar de enfoque. Radicalmente. 

Pacificados 

El primer tema abordado de manera ejemplar es el difícil tema de la violencia y el asesinato, condenado por la Torá, que prevé la pena capital (Éxodo 20,13; 21,12). Jesús amplía la idea del asesinato extendiéndola a la calumnia y al juicio. El discurso del perdón a los hermanos está vinculado a la tradición del kippur: Dios perdona los pecados cometidos contra él, pero solo el hermano perdona los pecados cometidos contra el hermano. 

No es el acto lo que determina la gravedad de una acción, sino también su intención. 

Puedo vivir y cultivar el odio sin aparentemente cometer nunca un acto incorrecto, así como puedo usar la lengua como un arma afilada y matar. 

La prohibición de matar no se limita a la acción física, sino también, y sobre todo, a la de la voluntad: ¡puedo matar con el pensamiento, con las palabras, con el juicio, sin usar un arma! 

Personas, no cosas 

La misma lógica se aplica al papel de la mujer. 

Jesús es y sigue siendo un hombre (varón) de su tiempo y la mujer, en la lógica bíblica, está sin duda sujeta a la acción del padre primero y del marido después. Sin embargo, la afirmación de Jesús ha hecho reflexionar a muchos. 

La mujer no es propiedad del varón de la casa. No es un objeto para satisfacer sus aspiraciones sexuales. Es persona. Relación. Complemento. 

Objetivar al otro, sea hombre o mujer, reducirlo a uno mismo, utilizarlo, es precisamente perder la oportunidad de relacionarse. 

Jesús pide superar la lógica de la posesión, de la codicia, incluso dentro de una unión de pareja o de una familia. Respeta el misterio que eres. Acoge el misterio que es el otro. 

Auténticos 

El juramento es una práctica común a todos los pueblos, la Biblia lo atribuye tanto a los hombres como a Dios (Gn 22,16; Dt 1,8; Sal 132,11-12...). Es una especie de acto social y sagrado, la última garantía de verdad que el hombre puede ofrecer a su semejante. 

La Torá solo desaprueba el perjurio, el incumplimiento, la falsedad. Jesús, en cambio, desaprueba todo tipo de juramento, en contraste con los abusos que veía: era habitual intercalar el juramento entre los judíos de su tiempo. 

El abuso del juramento es indicio de desconfianza, de recelo, de insinceridad. Desacredita la Palabra y a Dios: la prohibición de Jesús es un llamamiento a la verdad, antes que a Dios, a la caridad, destruida por la duda y la desconfianza mutua. Fuera de la sinceridad solo hay mentira que, recuerda Juan, tiene por padre al maligno (8,44). 

El discípulo está llamado a ser sincero, a ser auténtico ante todo consigo mismo. La primera mentira que hay que evitar es la que nos decimos a nosotros mismos. 

Cuando nos encontramos con Dios y nos reflejamos en Él, ya no necesitamos aparentar ser diferentes, hacernos mejores, aparentar. Cuando nos acercamos a Dios, nos descubrimos a nosotros mismos, incluso nuestras sombras, por supuesto, pero que se reinterpretan a la luz de la Palabra. 

Dicho esto, si estamos llamados a ser siempre sinceros sin jurar, no significa que estemos llamados a decirlo todo a todo el mundo. Hay personas descaradas y curiosas, personas de las que hay que defenderse (¡no demos las perlas a los cerdos!). 

Junto al concepto de autenticidad y verdad, ponemos el de confidencialidad y pudor. 

Buscar la autenticidad en nosotros mismos no es fácil, pero es posible con la ayuda del Espíritu.

Más aún, entonces. Más que la justicia de los fariseos. 

Descubriendo que si queremos observar los mandamientos, ellos nos protegerán. 

Preparémonos para entrar en la lógica de Jesús. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

La novedad disruptiva de Jesús - San Mateo 5, 17-37 -

La novedad disruptiva de Jesús - San Mateo 5, 17-37 -

Os fue dicho... pero yo os digo


La novedad disruptiva que trajo Jesús no es rehacer un código, sino el valor del corazón, el valor del sueño de Dios. Actuando sobre tres palancas maestras: la violencia, el deseo, la mentira.

 

Fue dicho: no matarás; pero yo os digo: cualquiera que se enoje con su hermano, cualquiera que guarde rencor en su corazón es un asesino.

 

Jesús va directo al motivo de las acciones, al laboratorio interior donde se forman.

 

El Apóstol San Juan afirma algo enorme: «El que no ama a su hermano es un asesino» (1 Jn 3,15). Quien no ama, mata. La falta de amor no es solo mi lenta muerte, sino que es una incubadora de asesinatos.

 

Cualquiera que se enoje con su hermano, o le llame loco o estúpido, está en la línea de Caín... Jesús muestra los tres primeros pasos hacia la muerte: la ira, el insulto, el desprecio, tres formas de asesinato. El asesinato exterior proviene de la eliminación interior del otro.

 

«Quien le llame loco estará destinado al fuego del Gehena». El Gehena no es el infierno, sino aquel valle, en las afueras de Jerusalén, donde se quemaban los desechos de la ciudad, de donde salía perpetuamente un humo acre y maloliente.

 

Jesús dice: si desprecias e insultas al otro, conviertes tu vida en basura, la tiras a la basura; es mucho más que un castigo, es tu humanidad la que se pudre y se esfuma.

 

Escucha estas páginas, que son de las más radicales del Evangelio, y comprenderás que, paradójicamente, se convierten en las más humanas, porque Jesús solo habla del corazón y de la vida, y lo hace con las palabras propias de la vida: guarda tu corazón y no acabarás en el basurero de la historia.

 

Habéis oído que se dijo: no cometerás adulterio. Pero yo os digo: si miras a una mujer para desearla, ya eres adúltero. No dice simplemente: si deseas a una mujer; sino: si miras para desear, con actitud depredadora, para conquistar y violar, seducir y poseer, si la reduces a un objeto que tomar o exhibir, cometes un delito contra la grandeza de esa persona.

 

«Adulterio» viene del verbo a(du)lterare, que significa alterar, falsificar, arruinar. El adulterio no es un delito contra la moral, sino un delito contra la persona, contra el rostro noble y puro de la persona.

 

Tercera palanca: No juréis en absoluto; que vuestro hablar sea sí, sí; no, no. De la prohibición del juramento, Jesús llega a la prohibición de la mentira.

 

Di siempre la verdad, y ya no será necesario jurar; no necesitarás mostrarte diferente de lo que eres en tu interior, cuida tu corazón y podrás cuidar toda la vida que te rodea.

 

Cuida el corazón porque es la fuente de la vida. Guárdalo, Señor, este frágil, retorcido y espléndido don que nos has dado: este corazón que es de carne, pero que también sabe a cielo.


 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

Jesús viene a sanarnos, no a rehacer un «código» - San Mateo 5, 17-37 -.

Jesús viene a sanarnos, no a rehacer un «código» - San Mateo 5, 17-37 -

Pero yo os digo.

 

Jesús entra en el proyecto de Dios no para rehacer un código, sino para rehacer el valor del corazón, el valor del sueño. Actuando sobre tres palancas decisivas: la violencia, el deseo, la sinceridad.

 

Se dijo: no matarás; pero yo os digo: cualquiera que se enfada con su hermano, cualquiera que guarda rencor, es potencialmente un asesino.

 

Jesús va directo al motivo de las acciones, al laboratorio donde se ensamblan los gestos. El apóstol Juan afirmará algo enorme: «El que no ama a su hermano es un asesino» (1 Jn 3,15). El que no ama, mata. La falta de amor no es solo mi lenta muerte, sino que es una incubadora de violencia y asesinatos. Pero yo os digo: cualquiera que se enoje con su hermano, o le llame loco o estúpido, está en la línea de Caín...

 

Jesús muestra los tres primeros pasos hacia la muerte: la ira, el insulto, el desprecio, tres formas de asesinato. El asesinato exterior proviene de la eliminación interior del otro. Quien le llame loco estará destinado al fuego del Gehena.

 

El Gehena no es el infierno, sino ese valle a las afueras de Jerusalén, donde se quemaban los desechos de la ciudad, de donde salía perpetuamente un humo acre y desagradable. Jesús dice: si desprecias e insultas a tu hermano, conviertes tu vida en basura, la tiras a la basura; es mucho más que un castigo, es tu humanidad la que se pudre y se esfuma.

 

Escucha estas páginas, que son de las más radicales del Evangelio, y comprenderás por contraste que se convierten en las más humanas, porque Jesús solo habla de la vida, con las palabras propias de la vida: «Guarda mis palabras y ellas te guardarán» (Prov 4,4), y no acabarás en el basurero de la historia.

 

Habéis oído que se dijo: no cometas adulterio. Pero yo os digo: si miras a una mujer para desearla, ya eres adúltero. No dice simplemente: si deseas a una mujer; sino: si miras para desear, con actitud depredadora, para conquistar y violar, para seducir y poseer, si la reduces a un objeto que tomar o coleccionar, cometes un delito contra la grandeza de esa persona.

 

Adulterio viene del verbo a(du)lterare, que significa: tú alteras, cambias, falsificas, manipulas a la persona. Le robas el sueño de Dios. El adulterio no es tanto un delito contra la moral, sino un delito contra la persona, que desfigura el rostro noble y puro del hombre.

 

Tercera palanca: Pero yo os digo: No juréis en absoluto; que vuestro hablar sea sí, sí; no, no. Desde la prohibición del juramento, Jesús va hasta el fondo, llega a la prohibición de la mentira. Di siempre la verdad y ya no será necesario jurar.

 

No necesitamos mostrarnos diferentes de lo que somos en nuestro interior. Solo tenemos que cuidar nuestro corazón, para luego cuidar la vida que nos rodea; hay que sanar el corazón para luego sanar la vida.



P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

El objetivo de la Ley - San Mateo 5, 17-37 -.

El objetivo de la Ley - San Mateo 5, 17-37 -

Otro de los Evangelios «imposibles»: si todos los que llaman loco o estúpido a un hermano en un arrebato de ira fueran llevados a los tribunales o acabaran en el infierno, no habría ningún hombre libre en la tierra y, en el cielo, Dios estaría solo, entristecido en su paraíso vacío.

 

El mismo Jesús parece contradecirse: afirma la inviolabilidad de la ley hasta en los más mínimos detalles y transgrede la norma más importante, el descanso del sábado. Pero cada una de sus palabras converge hacia un objetivo: hacer aflorar el alma secreta, ir al corazón de la norma.

 

El Evangelio no es un manual de instrucciones, con todas las reglas ya listas para su uso, ya definidas y aplicables. El Evangelio es maestro de humanidad, no nos permite dejar de pensar con nuestra propia cabeza, convoca nuestra conciencia y la responsabilidad de nuestros actos, que no debemos delegar en ningún legislador.

 

Por eso hay que tratar de leer más profundamente y ver que Jesús cumple la ley en dos líneas: la línea del corazón y la línea de la persona.

 

- La línea del corazón. Se dijo: no matarás; pero yo os digo: cualquiera que se enoje con su hermano, es decir, cualquiera que alimente dentro de sí ira y rencor, ya es en su corazón un homicida. Jesús va a la fuente, al laboratorio donde se forma lo que luego saldrá al exterior como palabra y gesto: vuelve a tu corazón y cúralo, entonces podrás curar toda la vida. Va a la raíz que genera la muerte o la vida: «El que no ama a su hermano es un asesino» (1Jn 3, 15). La falta de amor mata. No amar a alguien es quitarle la vida; no amar es para ti una muerte lenta.

 

- La línea de la persona. Si miras a una mujer con deseo, ya eres adúltero... No dice: si tú, hombre, deseas a una mujer; si tú, mujer, deseas a un hombre. No es el deseo lo que se condena, sino ese «para», es decir, cuando te esfuerzas con gestos y palabras con el fin de seducir y poseer al otro, cuando tramas para reducirlo a tu objeto, pecas contra la grandeza y la belleza de esa persona. Es un pecado de adulterio en el sentido original del verbo adulterar: tú alteras, falsificas, manipulas, empobreces a la persona. Le robas el sueño de Dios, la imagen de Dios. Porque reduces a un cuerpo anónimo a él o ella, que en cambio son abismo y cielo, profundidad y vértigo. Pecas no tanto contra la moral, sino contra la persona, contra la nobleza, la singularidad, lo divino de la persona.

 

El objetivo de la ley moral no es otro que custodiar, cultivar, hacer florecer la humanidad del hombre.

 

Con este fin, Jesús propone un único salto de calidad: el retorno al corazón y a la persona. Entonces el Evangelio es fácil, muy humano, feliz, incluso cuando dice palabras que dan vértigo. No añade fatiga, no busca héroes, sino hombres y mujeres verdaderos.



P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

De Jesús no una nueva «moral», sino una liberación - San Mateo 5, 17-37 -.

De Jesús no una nueva «moral», sino una liberación - San Mateo 5, 17-37 -

Un Evangelio que da vértigo. ¿Y cómo es posible?

 

También María se lo preguntó aquel día al ángel, pero luego le dijo a Dios: «Hágase tu voluntad, moldeame en tus manos, yo, tu tierna arcilla, transforma mi corazón». Y dio a luz a Dios. También nosotros, como Ella, podemos traer a Dios al mundo: dar a luz el amor.

 

Habéis oído que se dijo... pero yo os digo. Jesús no contrapone a la moral antigua una supermoral mejor, sino que revela el alma secreta de la ley: su Evangelio no es una moral, sino una liberación conmovedora.

 

Jesús no es ni laxista ni rigorista, no es más rígido ni más complaciente que los escribas: Él hace otra cosa, toma la norma y la lleva adelante, la hace florecer como una flor, en dos direcciones decisivas: la línea del corazón y la línea de la persona.

 

Jesús lleva la ley a su plenitud y nace la religión de la interioridad.

 

Se dijo: no matarás; pero yo os digo: cualquiera que se enfada con su hermano, es decir, cualquiera que alimenta la ira y el rencor, ya es en su corazón un asesino.

 

Jesús va a la fuente: vuelve al corazón y cúralo, solo así podrás curar tus gestos. Vuelve al corazón y cuídalo porque es la fuente de la vida.

 

No juréis en absoluto; que vuestro hablar sea sí, sí; no, no. De la prohibición del juramento, llega a la prohibición de la mentira. Di siempre la verdad, y no será necesario jurar.

 

Lleva a cabo la ley en la línea de la persona: si miras a una mujer para desearla, ya eres adúltero. No dice simplemente: si tú, hombre, deseas a una mujer; si tú, mujer, deseas a un hombre. El deseo es un servidor necesario para la vida.

 

Jesús dice: si miras para desear, y significa: si te acercas a una persona para seducirla y poseerla, si reduces al otro a un objeto, pecas contra la grandeza de esa persona.

 

Cometes adulterio en el sentido original del término adulterar: alteras, falsificas, manipulas, empobreces a la persona. Le robas el sueño de Dios, la imagen de Dios. Peques no contra la moral, sino contra la persona, contra la nobleza y la profundidad de la persona.

 

¿Qué es entonces la ley moral? Escuchas a Jesús y comprendes que la norma es la salvaguarda de la vida, la custodia de lo que nos hace crecer o disminuir en humanidad.

 

Escuchas estas palabras, que son de las más radicales del Evangelio, y comprendes que se convierten en las más humanas, porque Jesús habla solo en defensa de la humanidad del hombre, con las palabras propias de la vida.

 

Entonces el Evangelio se vuelve fácil, muy humano, incluso cuando dice palabras que dan vértigo. Porque no añade fatiga a la fatiga, no convoca a héroes duros y puros, no se dirige a santos, sino a personas auténticas, simplemente a hombres y mujeres sinceros de corazón.



P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

La raíz de la buena vida - San Mateo 5, 17-37 -.

La raíz de la buena vida - San Mateo 5, 17-37 -

Habéis oído que se dijo, pero yo os digo... Jesús no anuncia una nueva moral más exigente y comprometida. Esta página, que se encuentran entre las páginas más radicales del Evangelio, es también la más humana, porque aquí encontramos la raíz de la buena vida.

 

El discurso de la montaña quiere llevarnos a la raíz, siguiendo una doble directriz: la línea del corazón y la línea de la persona.

 

El gran principio de Jesús es el retorno al corazón, que es el laboratorio donde se forma lo que luego saldrá y tomará forma de palabra, gesto, acto. Es necesario sanar el corazón para sanar la vida.

 

Se dijo: no matarás; pero yo os digo: cualquiera que se enfada, cualquiera que alimenta dentro de sí ira y rencor, ya es un asesino.

 

Jesús remonta a la raíz primera, a lo que genera la muerte o la vida. Y que San Juan expresará en una afirmación colosal: «El que no ama a su hermano es un asesino» (1 Jn 3,15). Es decir: el que no ama mata.

 

No amar a alguien es quitarle la vida; no amar es una muerte lenta.

 

Pero yo os digo: no juréis en absoluto; que vuestro hablar sea sí, sí; no, no. De la prohibición del juramento, Jesús llega a la prohibición de la mentira. Di siempre la verdad, y ya no será necesario jurar. Así lleva a cabo, en la línea del corazón, las consecuencias ya implícitas en la ley antigua.

 

Y luego la línea de la persona: Si miras a una mujer para desearla, ya eres adúltero...

 

No dice: si tú, hombre, deseas a una mujer; si tú, mujer, deseas a un hombre. El deseo es un sirviente indócil, pero importante.

 

Dice: «Quien mira para desear», y quiere decir: si miras solo por tu deseo, si miras su cuerpo para tu placer, entonces pecas contra su persona. Entonces eres adúltero, en el sentido original de adulterar: falsificas, contaminas, empobreces a la persona.

 

Porque reduces a un objeto para ti, a un cuerpo desechable a la persona, que en cambio es abismo, océano, cielo, ángel, profundidad, vértigo. Peques no tanto contra la ley, sino contra la profundidad y la dignidad de la persona, que es icono de Dios.

 

Porque la ley es siempre revelación de los comportamientos que hacen crecer al hombre en humanidad, o que disminuyen su humanidad y su grandeza, lo que es como decir revelación de lo que hace feliz al hombre.

 

Jesús propone un único salto cualitativo, un cambio fundamental: pasar de la ley a la persona, del exterior al interior, de la religión del hacer a la del ser.

 

El retorno al corazón, allí donde nacen los grandes «porqués» de las acciones. Entonces el Evangelio es fácil, muy humano, incluso cuando dice palabras como estas, que dan vértigo.


 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

Haced esto en memoria mía (1 Corintios 11, 24-26).

Haced esto en memoria mía (1 Corintios 11, 24-26)

En cada Eucaristía cristiana el presbítero lo dice: “Haced esto en memoria mía”.

 

Tantos nombres han sido borrados de la memoria pública… y su olvido tiene consecuencias concretas… la discriminación, la violencia, la exclusión... son tantas veces estructurales, institucionales, normalizadas…

 

Haced esto en memoria mía”.

 

No soy de los que dicen que no tiene sentido recordar. Al contrario. Aunque mientras recordamos la historia del mundo vaya claramente en la dirección opuesta de lo que recordamos.

 

Haced esto en memoria mía”.

 

La violencia aumenta, se consolida. Se ha convertido en lenguaje político legítimo, práctica institucional, consenso electoral. Cada vez es más fuerte, visible, aceptada e incluso reivindicada.


Haced esto en memoria mía”.

 

Oímos repetir la fórmula: «recordar para que no se repita nunca más». Pero, ¿qué significa eso concretamente?

 

Si por «no se repita» entendemos que no se repita de la misma forma histórica, entonces es obvio: ningún acontecimiento de la historia se repite nunca de forma idéntica.

 

Si, por el contrario, queremos decir que no se repita en esencia, es decir, en la lógica de la deshumanización, la destrucción colectiva, el aniquilamiento sistemático,…, entonces el problema es evidente. Estamos recordando mientras está ocurriendo de nuevo.

 

Haced esto en memoria mía”.

 

Si nuestra memoria solo puede hablar del pasado y no puede nombrar el presente, ¿para qué sirve realmente? Si solo recordamos lo que ya ha concluido, lo que ya es irreversible, aquello sobre lo que ya no podemos intervenir, entonces la memoria es estéril e inútil.

 

Sirve para honrar a los muertos, claro, y es justo. Pero ya no sirve para proteger a los vivos.

 

Haced esto en memoria mía”.

 

En algunos lugares de la memoria que he visitado, y han sido unos cuantos, siempre me ha llamado la atención las listas de nombres.


Miles, decenas de miles, grabados en las paredes. Leerlos es físicamente agotador… Y, sin embargo, es un esfuerzo que tiene sentido: cada nombre transmite la idea de que no se trata de números, sino de personas. De vidas individuales, concretas, interrumpidas.


Haced esto en memoria mía”.

 

Algo en la memoria nos invita a creer que «nunca más»… pero tantas veces la memoria funciona sobretodo como instrumento de separación entre el pasado y el presente. Sirve para decir: eso sucedió entonces, allí; lo que ocurre hoy es otra cosa. Como si el problema no fuera la lógica que atraviesa los acontecimientos de ayer y de hoy, de allí y de aquí.

 

Haced esto en memoria mía”.

 

Me pregunto si basta con recordar. Si basta con repetir gestos o con nombrar a los muertos si no somos capaces de reconocer los mecanismos que producen nuevas muertes. De ser así, la memoria ha dejado de cumplir su función principal.

 

Haced esto en memoria mía”.

 

En el centro de cada Eucaristía los cristianos recuerdan una biografía con un desenlace violento de muerte. Hacen memoria de un estilo de vida con un final abrupto. De una palabra revolucionaria. De un gesto subversivo.

 

Por eso, los cristianos guardan la memoria de Aquél que partió el pan y repartió el vino, y de aquellos hombres y mujeres que imitaron su gesto en un desenlace mortal, y a los que llamamos "mártires".


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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