Una fuente entera a cambio de un sorbo de agua - San Juan 4,5-42 -
¿Quieres retomar los hilos de un amor? Jesús, Maestro del corazón, nos muestra el método de Dios en uno de los relatos más ricos y generativos del Evangelio.
Jesús se sienta cansado junto al pozo de Sicar; llega
una mujer sin nombre y con una vida frágil. Es la humanidad, la esposa que se
ha ido tras otros amores y que Dios, el esposo, quiere reconquistar. Porque su
amor no está cansado, y no le importan los errores, sino cuánta sed tenemos en
el corazón, cuánto deseo.
Esta relación esponsal, la trama nupcial entre Dios y
la humanidad, es la clave de la Biblia, desde el primero hasta el último de sus
73 libros: desde el momento en que te da la vida, Dios te invita a las bodas
con él. Cada uno a su manera, esposo.
Dame de beber. El esposo tiene sed, pero no de agua,
tiene sed de ser amado.
Jesús comienza su cortejo (la fe es la respuesta al
cortejo de Dios) no reprendiendo, sino ofreciendo: si supieras el don...
El don es el punto de inflexión de esta historia de
amor, la palabra que sustenta la historia sagrada. Dios no pide, da; no exige,
ofrece: Te daré un agua que se convierte en manantial. Un manantial entero a
cambio de un sorbo de agua.
Un símbolo precioso: la fuente es mucho más que lo que
necesitas para saciar tu sed; es sin medida, sin fin, sin cálculo. Exuberante y
excesiva.
Imagen de Dios: el don de Dios es Dios mismo que se
entrega. Con un fin preciso: que todos volvamos a amarlo como enamorados, no
como siervos; como enamorados, no como sumisos.
Ve a llamar a aquel a quien amas. Cuando Jesús habla con las mujeres, va directo al
centro, al pozo del corazón; el suyo es el mismo lenguaje que el de ellas, el
de los sentimientos, del deseo, de la búsqueda de razones fuertes para vivir.
Solo entre las mujeres Jesús no tuvo enemigos.
Su mirada creadora busca lo positivo de esa mujer, lo
encuentra y lo destaca dos veces: has dicho bien; y al final de la frase: en
esto has dicho la verdad. Encuentra la verdad y el bien, lo bueno y lo
verdadero incluso en esa vida accidentada. Ve la sinceridad de un corazón vivo
y es sobre este fragmento de oro sobre el que se apoya el resto del diálogo.
No hay reproches, ni juicios, ni consejos, sino que
Jesús convierte a esa mujer en un templo. Me preguntas dónde adorar a Dios, ¿en
qué monte? Pero eres tú, en espíritu y en verdad, el monte; tú eres el templo
en el que viene Dios.
Y la mujer, dejando su jarra, corre a la ciudad: hay
alguien que me ha dicho todo sobre mí... Su debilidad se convierte en su
fuerza, las heridas de ayer en ventanas al futuro. Sobre ellas construye su
testimonio de Dios.
Una historia que vale para cada uno de nosotros: no
temas tus debilidades, sino construye sobre ellas. Pueden convertirse en la
piedra angular de tu casa, del templo santo que es tu corazón.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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