Estar en un Dios vivo - San Juan 14, 15-21 -
Si me amáis...
Jesús pide morar en ese lugar del que todo tiene su
origen, del que todo parte, en el que todo se decide y que todas las religiones
llaman «corazón». Entra en mi lugar más importante e íntimo, en el
verdadero santuario de la vida. Pero lo hace con extrema delicadeza, porque
todo se sostiene en la primera palabra: «si».
Si me amáis…
Un punto de partida tan humilde, tan frágil, tan
libre, tan confiado, tan paciente: si. Sin amenazas, sin coacciones.
Puedes acogerlo o rechazarlo, con plena libertad. Si te conviertes en un lector
atento del Evangelio, sin embargo, no podrás escapar al encanto de Jesús,
hombre libre, palabra liberadora.
Si me amáis, cumpliréis…
El verdadero motor que impulsa a realizar plenamente
una obra es el amor. La experiencia cotidiana lo confirma: si hay una chispa de
amor, cada acto se carga de una vibración profunda, de un calor nuevo, y
adquiere una fuerza insospechada.
El Padre os dará otro Consolador y estará con
vosotros... cerca de vosotros... en vosotros.
En un crescendo admirable, Jesús utiliza todas las
preposiciones que hablan de comunión. Dios vive en mí, en mí culmina el éxodo
de Dios. Si pienso en el Señor, no pienso en algo que he encontrado en un
libro, por muy Evangelio que sea, sino en una historia que continúa hasta el
presente y aún no ha terminado: la historia de la comunión con una persona
viva, la historia de su ser «en» mí.
Las palabras decisivas del pasaje de Juan son: Vosotros
en mí y yo en vosotros.
Me detengo en la percepción de estar «en»
Dios, sumergido en Él, sarmiento en la vid madre, gota en la fuente, rayo en el
sol, aliento en el aire vital. Entonces te llenas de una savia, de un agua, de
una llama que harán de tu fe una visión nueva, un encantamiento, un fervor, una
poesía, un testimonio vivo.
No os dejaré huérfanos.
Huérfano es una palabra ligada a la experiencia de la
muerte y de la separación, pero Jesús es énfasis del nacimiento y de la comunión.
Otros partirán de otros supuestos, nosotros partimos de Cristo y de su modo de
liberar, de generar, de poner luz y corazón en lo que nace y nunca en lo que
muere: amar es no morir.
Lo repite también hoy: Porque yo vivo y vosotros
viviréis. Pequeña frase que da cuenta de mi esperanza. Yo pertenezco a
un Dios vivo y Él a mí. Y estas palabras me hacen una compañía dulce y
fortísima: pertenezco a un Dios vivo, amar es no morir.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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