sábado, 25 de abril de 2026

Un amor divino, es decir, apasionado - San Juan 14, 15-21 -.

Un amor divino, es decir, apasionado - San Juan 14, 15-21 - 

 

Si me amáis...

 

Con este verbo, el más importante de nuestro vocabulario, al que rodeamos de tanta pudor y tantas expectativas, Jesús entra en nuestros sentimientos más íntimos.

 

No se trata de una orden, ni de un imperativo, sino más bien de una constatación: quien ama observará, se convertirá para él en algo natural, casi un automatismo del corazón, observar su mandamiento, el nuevo, el único: amaos como yo os he amado (Jn 13,34).

 

El amor cambia la vida; no es un vago sentimiento mezclado de fascinación y temor lo que Jesús propone: si amas, no podrás herir, traicionar, robar, violar, burlarte, permanecer indiferente.

 

Ama y haz lo que quieras - San Agustín -. Si amas, no podrás sino observar una ley interior mucho más exigente que cualquier ley externa.

 

Pero, ¿es fácil o difícil amar a Cristo? Siete veces, en los siete versículos del pasaje, Jesús habla de unión: una pasión por unirse recorre la historia de Dios y del hombre.

 

Pasión por unirse por la que Dios se convirtió, en el principio, en el aliento mismo de Adán; por la que durante milenios buscó un pueblo, profetas de fuego, reyes y mendigos, y finalmente una joven de Nazaret para entrar en comunión con la humanidad, comunión absoluta.

 

Y aquí Juan recurre al verbo más importante de la vida espiritual: estar-en. No solo estar al lado, cerca,…, sino estar-en. Dentro, inmersos, unidos: el Espíritu estará en vosotros... yo estoy en el Padre, vosotros estáis en mí y yo en vosotros. Hasta que el otro se convierta en tu morada y tu hogar.

 

Santo Tomás de Aquino decía que el amor es la pasión de unirse a la persona amada. En Dios está primero esta pasión, Él es el primero en salir al encuentro, es Él quien busca un hogar; a nosotros nos corresponde dejarnos amar, y esto es, al fin y al cabo, gozosamente fácil y bello.

 

Amar a Cristo es tan fácil como dejarse amar. Entonces los mandamientos no son más que caminos hacia la unión, pasión por hacer lo que Dios hace, por participar de la misma energía de vida, por respirar su aliento; ya no son una orden externa, sino una forma de parecernos a Dios, la expansión de una historia de comunión, el desbordamiento hacia el exterior de una sintonía interna.

 

Este es el mandamiento: la pasión por unirse a Dios y, por tanto, por actuar con Él y como Él en la historia, ser sus manos, un fragmento de su corazón. Ninguna ética vive sin una mística.

 

No os dejaré huérfanos, porque yo vivo y vosotros viviréis. Huérfano es una palabra y una experiencia ligada a la muerte. Pero quien ama vive, tan fuerte como la muerte es el amor, las grandes aguas no pueden apagarlo, ni los ríos arrastrarlo. Viviréis porque yo vivo: la pasión por unirse se ha convertido en pasión por dar vida.

 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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