He venido para que tengan Vida - San Juan 10, 1-10 -
Para mí, una de las frases más alegres del Evangelio, en la que baso mi fe y que me renueva cada vez que la escucho: «He venido para que tengan vida»; ha venido para que mi vida sea plena, abundante, alegre.
No para ese mínimo sin el cual la vida no es vida,
sino para esa vida exuberante, desbordante, que rompe los diques y se desborda,
un derroche de libertad y valentía.
La palabra «vida» une toda la Escritura; es una
súplica en los Salmos: ¡haz que viva! ¡Hazme caminar por los campos de la vida!
Jonás se enfada con Dios porque, en lugar de destruir
Nínive, es pastor de los ciento veinte mil habitantes de la ciudad que no
distinguen la derecha de la izquierda. El primero de todos los mandamientos, el
que introduce toda la sección de la ley, es: «Tienes ante ti la vida y la
muerte. ¡Elige!». Y quiere decir: ¡elige la vida!
Vida es todo lo que podamos pensar para llenar este
nombre. Es precisamente la pequeña palabra «vida» la que hace
irreconciliables al pastor y al ladrón.
El pastor llama a sus ovejas, a cada una por su nombre. La abundancia excesiva de Dios. ¿Qué pastor ha dado
un nombre a todas las ovejas? A algunas sí, quizá a muchas, pero de los cientos
de ovejas de su rebaño, ¿quién puede distinguirlas y recordarlas? ¿Quién pierde
el tiempo recitando cada mañana toda la letanía de sus nombres, en lugar de un
solo silbido o una llamada única para todas?
Pero está escrito así: las llama a cada una por su nombre. Para nosotros, el rebaño es anonimato, fin de la identidad, homogeneización. Para Jesús, no: me dedica tiempo, dice mi nombre, me lleva en el corazón, no me confunde con nadie más.
Y las conduce fuera. Es más, las invita fuera. No a otro recinto, quizá
más grande, sino fuera, a espacios abiertos.
Yo soy la puerta. No levanta muros ni vallas para dividir; Jesús es paso, apertura,
Pascua, resquicio de luz, vida que entra y sale. Pastor lleno de futuro, puerta
del amor leal y seguro (quien entre por mí se encontrará a salvo),
más fuerte que cualquier prisión (podrá entrar y salir), donde saciar
el hambre y la sed de la historia (encontrará pastos).
Y camina delante de las ovejas. Pastor que abre camino, que no se queda atrás
llamándolas y agitando el bastón, no es un perro pastor que debe mantener a
raya a las ovejas. No le interesa. Las ovejas se mantienen en fila porque
vislumbran delante a alguien en quien confían, ven el camino que traza, saben
que es seguro, saben que al final de esa fila hay aroma de vida.
Y Jesús se define a sí mismo como puerta: no un muro, ni una vieja valla, donde das vueltas y
vueltas y vuelves a los mismos recodos de antes, no una correa, ni corta ni
larga. Jesús es puerta abierta, agujero en la red, brecha en el muro,
paso, tránsito, espacio para el corazón, por donde va y viene el aliento de la
tierra y de los cielos nuevos.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
No hay comentarios:
Publicar un comentario