sábado, 11 de abril de 2026

Hemos sido creados para la luz.

Hemos sido creados para la luz

Celebré la Vigilia de Resurrección del Sábado Santo en un pueblo de Catalunya – Cabrianes (municipio de Sallent) – con una pequeña comunidad cristiana.

 

Y reflexionaba así ante el Cirio Pascual.

 

Vivimos una época en la que hay signos que nos recuerdan una necesidad más profunda: ¿qué debemos encender en nuestro mundo que perdure?

 

Lo que todos desean, es decir, ese arte de respetarnos unos a otros que permite reconocer la dignidad de cada hombre y cada mujer.

 

El Cirio Pascual dice que hay una llama que queremos mantener viva, que no se refiere simplemente a la liturgia cristiana, sino a algo que cada ser humano lleva dentro de sí.

 

La luz del Cirio Pascual es un signo muy pequeño, porque mientras tanto el mundo arde ferozmente de otra manera, porque hay personas que deciden que los seres humanos no son dignos y, por tanto, prenden fuego a la historia, a la civilización, a las cosas bellas.

 

¿Y entonces qué es la Pascua, esta Pascua?


No un gesto ajeno a la historia, extraño a la realidad, sino precisamente un gesto dentro de la realidad.

 

Queremos reconocer que Dios, en cada uno de nosotros, enciende una Vida más grande que nosotros. Y se nos pide que acojamos esta Vida, este fuego, que seamos sus guardianes.

 

No es solamente la luz del Cirio Pascual.

 

Es la luz de la existencia, la luz de nuestra dignidad de hijos. En la Pascua nos (re)descubrimos hijos de Dios. Y no solo eso.

 

Hoy (re)descubrimos que no somos seres con una fecha de caducidad, sino mucho más: somos dignos de una Vida eterna.

 

Eterna significa abundante, auténtica, plena, profunda,…, que no se apaga. Significa amada, destinada no a la nada sino a la verdad, a la belleza, a la plenitud, atravesando el aquí y ahora de nuestras existencias.


Porque la perfección de Dios reside en que habita en nuestra imperfección.

 

Dios es perfecto porque viene aquí, donde menos te lo esperas.

 

Y nuestra tarea, fundamentalmente, es recordar a este mundo que Dios no habita en una luz que se apaga.

 

Necesitamos vivir, necesitamos un fuego encendido en la existencia.

 

En la Vigilia de Resurrección del Sábado Santo – en Cabrianes – pedí que oremos unos por otros, para encender una luz de compasión, de generosidad, de gratuidad,…, donde hace mucho frío y ya pocos cuidan del fuego del amor y del calor de la vida.

 

Porque hemos sido creados para la vida.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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