La tarea de la Iglesia en los labios de Jesús - San Mateo 28, 16-20 -
Jesús, al acercarse a ellos... Todavía no se cansa de acercarse, de salir al encuentro; se entrega, hasta el final, a esta búsqueda recíproca entre Dios y el hombre. Y les dice: «Bautizad».
Es un verbo cuya raíz significa sumergir. Sumergid
cada vida en el océano de Dios, y que sea sumergida y elevada por su ola suave
y poderosa. Haced que cada criatura entre en la vida de Dios.
En estas, que son las últimas palabras de Jesús, está
el corazón de nuestra fe: vivir de Dios. Inmersión feliz y sufrida.
Feliz, como intuye Moisés, cuando dice: todo
se da para que seáis felices vosotros y vuestros hijos. Los
mandamientos están puestos en defensa de una posible felicidad duradera.
Inmersión sufrida, dice Pablo, en la cruz que es don de sí mismo, un poder que
no es posesión.
Bautizad en el nombre del Padre, corazón que late en
el corazón del mundo; y luego en el nombre de la fragilidad del Hijo muerto en
la carne, y en el nombre de la fuerza del Espíritu que lo resucita.
La Trinidad quiere significar que la vida de Dios no
puede ser ajena ni a la fragilidad de la carne, ni a la fuerza de la vida; ni
al dolor ni a la felicidad del hombre. La Trinidad se convierte en historia
concreta de fragilidad y de fuerza, confiada no a mentes agudas, sino a
pescadores analfabetos que aún dudan, que saben que no saben, que se sienten
muy pequeños, pero invadidos y abrazados por el misterio. Por eso la
preservarán, aunque sin comprenderlo todo, como un viento en el que navega toda
la creación.
Enseñad a observar todo lo que os he mandado. No se dice: enseñad los mandamientos; ni siquiera:
ordenad que los observen. Se dice, en cambio: enseñad a vivirlos, mostrad cómo
se vive el Evangelio. Es fácil transmitir nociones, aún más fácil dar
órdenes. Pero la verdadera misión es transmitir vida, valores, energía, caminos
para vivir en plenitud.
Todo lo que os he mandado: amaos; todo lo que he dicho
del Padre: que es amor, don de la vida a las aves del cielo, a los lirios del
campo, a los hijos del hombre, esto enseñad.
Enseñad a amar, como se enseña un arte que se conoce, un camino del alma que se ha
recorrido. Enseñad a ser felices, diría Moisés. Enseñad a dar, es decir,
a estar vivos, diría Pablo.
Yo estaré con vosotros todos los días. Estaré con
vosotros, sin condiciones, incluso cuando dudéis y no logréis enseñar nada a
nadie. Con vosotros, todos los días, como semilla que crece, principio de
eternidad, alma de comunión.
La Trinidad entera está en mí, desde el principio, en
mí, creado no simplemente a imagen de Dios, sino a imagen de la Trinidad, de un
Padre que es la fuente de la vida, de un Hijo que me enamora, de un Espíritu
que enciende de comunión todas nuestras soledades.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

No hay comentarios:
Publicar un comentario