Confesión enamorada al Dios trinitario - San Juan 3, 16-18 -
Yo creo que nos basta con saber que Tú, Padre, sigues amando este mundo, que sigues dando a luz a tu Hijo por nosotros, que sigues siendo nada más que Padre y Madre, y que no te has cansado de ser Tú mismo.
Nos basta con saber que el mundo es amado, porque nosotros
no siempre lo conseguimos, nos cansamos, nos aburrimos, nos parece que todo ya
se ha dicho, hecho y escrito y que no se avanza ni un paso.
Nos basta con pedir sentir la forma trinitaria del
Amor que aún ama, hasta lo más profundo, como la savia que empuja hacia una
yema que dará fruto.
Necesitamos saber que ahora Tú eres Trinidad, que en nuestras
noches estás ahí para decirnos que aún amas a la Creación, que aún nos amas a
nosotros, que amas incluso a las plantas, y a los pájaros, a los peces, a los
perros, y también a los pecadores, y a los asesinos, y a todo lo que aparece en
la lista de lo visible y de lo invisible. Y que hacer distinciones de amor no es
cosa tuya.
Que todo es amado. Esto es trinitario. Así que
entonces nos perdemos en esta inmensidad, nos sentimos como una rama seca que
interrumpe el flujo del milagro constante.
Nos basta con saber que el mundo sigue siendo amado, ésta es nuestra fiesta de la Trinidad.
Nos basta con saber que plantados en el corazón de
nuestros instintos o de nuestros pecados, nos basta con saber que el Hijo sigue
ahí, esperándonos, para decirnos que se puede renacer, que hay que renacer, es
más, que esta muerte en la que enredamos cada buen propósito es esencial para
renacer y renacer de nuevo.
Nos basta con saber que siempre habrá un lugar cálido
como un hogar, escondido en el punto más lejano de nuestra historia, en el que
Tú nos susurras que basta con un poco de ganas de vivir de verdad.
Nos basta con saber que nada se pierde, ni nadie. No
solo nuestros seres queridos. Necesitamos que Tú nos sigas diciendo que nada de
esta extraña historia que es nuestra vida se deslizará fuera del corazón divino
e infinito. Nada que se deslice hacia la Nada.
Nos basta con saber que Tú no perderás a las personas
que nosotros hemos perdido; necesitamos creer que recuperaremos incluso los
recuerdos que hemos perdido porque Tú eres el Custodio de todas las cosas.
Quien cree ya es eterno. Quien ama ya es eterno.
Necesitamos creer que el mundo está creado para ser salvado, que la verdadera condena es no creer que se pueda ser digno de ser amado. Por eso enviaste a tu Hijo unigénito, y sigues enviándolo por eso. ¿No debería el Espíritu Trinitario decir siempre y solo esto? ¿No debería la Iglesia resplandecer precisamente por esta razón? Somos amados, esto salva; que cada uno se sienta digno de ser amado por lo que es.
Quien no cree que este amor es más fuerte que nuestras
miserias ya está condenado a una vida de infierno aquí y, lo que es más grave,
condena a quienes le rodean a un pesimismo pesado y mortífero.
A nosotros nos basta con saber que Tú aún nos amas y que nosotros no debemos hacer nada más que darnos cuenta de esta misteriosa voluntad tuya. Si luego conseguimos que las personas con las que nos encontramos se sientan amadas, si conseguimos no condenar nunca nada ni a nadie, si conseguimos mirar el mundo sintiendo con seguridad que cada mínima realidad sobre la que se posa nuestra mirada ya ha sido amada desde lo más profundo, entonces, en ese momento, seremos libres.
Y agradecidos.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
No hay comentarios:
Publicar un comentario