viernes, 15 de mayo de 2026

Cristiano es quien sabe que Dios solamente ama - San Juan 3, 16-18 -.

Cristiano es quien sabe que Dios solamente ama - San Juan 3, 16-18 -

Los nombres de Dios en la montaña son uno más hermoso que otro: el misericordioso y compasivo, el lento a la ira, el rico en gracia y fidelidad (Éx 34,6). Moisés subió con dificultad, con dos tablas de piedra en la mano, y Dios lo desconcierta a él y a todos los moralistas, escribiendo en esa piedra rígida palabras de ternura y bondad.

 

Que llegan hasta Nicodemo, hasta aquella noche de renacimientos. Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo...

 

Estamos en el versículo central del Evangelio de Juan, ante un asombro que renace cada vez ante palabras dulces como la miel, tonificantes como un paseo a la orilla del mar, entre el salpicar de las olas y el aire fresco que se respira a pleno pulmón: Dios amó tanto al mundo... y la noche de Nicodemo, y las nuestras, se iluminan.

 

Jesús le está diciendo al fariseo temeroso: el nombre de Dios no es amor, es «mucho amor», Él es «el que ama mucho». Dios no hace otra cosa que, eternamente, considerar al mundo, a toda carne, más importantes que a sí mismo. Para ganarme a mí, se ha perdido a sí mismo. Locura de la cruz. Locura del Viernes Santo. Pero para nosotros, renacimiento: todo ser nace y renace del corazón de quien lo ama.

 

Intentemos saborear la belleza de estos verbos en pasado: Dios ha amado, el Hijo se ha entregado. No expresan una esperanza (Dios te amará, si tú...), sino un hecho seguro y adquirido: Dios ya está aquí, ha impregnado el mundo de sí mismo, y el mundo está imbuido de él.

 

Dejemos que los pensamientos absorban esta verdad tan hermosa: Dios ya ha venido, está en el mundo, aquí, ahora, con mucho amor. Y repitámonos estas palabras cada vez que despertemos, ante cada dificultad, cada vez que nos sintamos desanimados y se haga de noche.

 

El Hijo no ha sido enviado para juzgar. «¡Yo no juzgo!» (Jn 8,15) ¡Qué palabra rompedora, que hay que repetir a nuestra fe temerosa setenta veces siete! Yo no juzgo, ni para sentencias de condena ni tampoco para veredictos de absolución.

 

Puedo pesar las montañas con la balanza y el mar con la palma de la mano (Is 40,12), pero al hombre no lo peso ni lo mido, no preparo ni balanzas ni tribunales. Yo no juzgo, yo salvo.

 

Salvación, palabra enorme. Salvar significa nutrir de plenitud y luego conservar. Dios conserva: este mundo y a mí, cada pensamiento bueno, cada esfuerzo generoso, cada paciencia dolorosa; ni un solo cabello de vuestra cabeza se perderá (Lc 21,18), ni una brizna de hierba, ni un hilo de belleza desaparecerá en la nada. El mundo está salvo porque es amado.

 

Los cristianos no son aquellos que aman a Dios, son aquellos que creen que Dios los ama, que ha pronunciado su «sí» al mundo, antes de que el mundo le diga «sí» a Él.


Fiesta de la Trinidad: anuncio de que Dios no es en sí mismo soledad, sino comunión, vínculo, abrazo. Que nos ha alcanzado, y libera y hace que se eleve en vuelo un impulso de amor.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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