viernes, 15 de mayo de 2026

La Trinidad es amor - San Juan 3, 16-18 -.

La Trinidad es amor - San Juan 3, 16-18 -

Los términos que Jesús elige para hablar de la Trinidad son nombres familiares, de cariño: Padre e Hijo, nombres que abrazan, que se abrazan. Espíritu es un nombre que evoca el aliento: toda vida vuelve a respirar cuando se siente acogida, cuidada, abrazada. Al principio de todo hay una relación; al principio, el vínculo.

 

Y si estamos hechos a su imagen y semejanza, entonces la historia de Dios es al mismo tiempo la historia del hombre, y el dogma no queda en una fría doctrina, sino que me aporta toda una sabiduría de vivir.

 

El corazón de Dios y del hombre es la relación: por eso la soledad me pesa y me da miedo, porque va en contra de mi naturaleza. Por eso, cuando amo o encuentro la amistad, me siento tan bien, porque entonces vuelvo a ser a imagen de la Trinidad.

 

En la Trinidad se encuentra el espejo de lo más profundo de nuestro corazón y del sentido último del universo. En el principio y en el fin, origen y culmen de lo humano y de lo divino, está el vínculo de la comunión.

 

Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo... En estas palabras Juan resume el porqué último de la encarnación, de la cruz, de la salvación: nos asegura que Dios, en la eternidad, no hace otra cosa que considerar a cada hombre y a cada mujer más importantes que a sí mismo. Dios amó tanto... Y nosotros, creados a su imagen y semejanza, «necesitamos mucho amor para vivir bien» - Jacques Maritain -.

 

Hasta el punto de dar a su Hijo…: en el Evangelio, el verbo amar se traduce siempre por otro verbo concreto, práctico, fuerte, el verbo dar - no hay amor más grande que dar la propia vida...-. Amar no es un hecho sentimental, no equivale a emocionarse o a conmoverse, sino a dar, un verbo de manos y de gestos.

 

Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara. Salvado del único gran pecado: la falta de amor. Jesús es el sanador del desamor.

 

Lo que explica toda la historia de Jesús, lo que justifica la cruz y la Pascua no es el pecado del hombre, sino el amor por el hombre; no algo que quitar de nuestra vida, sino algo que añadir: para que todo aquel que cree tenga más vida.

 

Dios amó tanto al mundo... Y no solo a los hombres, sino al mundo entero, tierra y cosechas, plantas y animales. Y si Él lo ha amado, yo también quiero amarlo, custodiarlo y cultivarlo, con toda su riqueza y belleza, y trabajar para que la vida florezca en todas sus formas, y cuente a Dios como fragmento de su Palabra. El mundo es el gran jardín de Dios y nosotros somos sus pequeños «jardineros planetarios».

 

Ante la Trinidad, me siento pequeño pero abrazado, como un niño: abrazado por un viento en el que navega toda la creación y que se llama amor.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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