jueves, 21 de mayo de 2026

Hacer valer la conciencia frente al algoritmo.

Hacer valer la conciencia frente al algoritmo

Hay reflexiones que comentan el presente. Y hay reflexiones que intentan cambiarlo.

 

Una de esas reflexiones que intentan cambiar el presente es la intervención del Papa León XIV en la Universidad “La Sapienza” (Roma, Italia) el 14 de mayo de 2026: https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/may/documents/20260514-visita-pastorale-sapienza.html

 

Yo creo que sería necesario que se leyera y se estudiara, por ejemplo, en los centros educativos.

 

No fue una simple clase universitaria, sino una profunda reflexión sobre nuestro tiempo: un tiempo dominado por la competencia, el miedo y la lógica de la fuerza, al que el Papa contrapone una idea radicalmente diferente de la humanidad, basada en la dignidad de la persona, en la conciencia y en la paz.

 

El pasaje central del discurso se resume en una frase destinada a perdurar: «Somos un deseo, no un algoritmo».

 

En esa frase se resume toda la crítica del Papa a una sociedad que reduce a las personas a números, productividad y eficiencia. Pero también está su propuesta: el ser humano no es una máquina que hay que optimizar, sino una criatura abierta al sentido, a la relación, a la búsqueda de la verdad.

 

De hecho, éste es un tema que reaparece continuamente en sus intervenciones anteriores.

 

Ya en las primeras homilías de su pontificado había hablado de una sociedad que «mide todo y comprende cada vez menos», denunciando una cultura tecnológica capaz de acelerar los procesos pero de empobrecer la interioridad del hombre.

 

En “La Sapienza”, sin embargo, el Papa da un paso más: vincula directamente esta crisis antropológica con la guerra. Para León XIV, de hecho, los conflictos no surgen solo de intereses geopolíticos o económicos, sino ante todo de una idea errónea del ser humano.


 

Cuando la persona queda reducida a una función, una identidad o un número, entonces también la paz se vuelve imposible. Por eso utiliza una expresión muy potente: «contaminación de la razón».

 

Y ésta no es una referencia formal o retórica. El Papa devuelve la centralidad a una palabra que hoy parece casi desaparecida del lenguaje público: la razón.

 

En una época en la que el rearme se presenta a menudo como inevitable, el Papa reafirma, por el contrario, que la paz no es ingenuidad, sino un fundamento moral de la sociedad y, por supuesto, de la democracia.

 

La guerra no solo destruye ciudades y vidas; altera la forma misma de pensar. Nos acostumbra a la simplificación, a la construcción del enemigo, a la lógica del «nosotros contra ellos». Y esta mentalidad acaba contaminando toda relación social.

 

Tampoco en este caso es, desde luego, la primera vez que el Papa interviene con firmeza.

 

En el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz había denunciado «la pedagogía del miedo»: gobiernos que alimentan la inseguridad para justificar nuevos gastos militares, opiniones públicas educadas en la desconfianza permanente, sociedades convencidas de que la seguridad coincide con el rearme.

 

En “La Sapienza”, de hecho, el Papa vuelve con fuerza sobre el aumento del gasto militar global, sobre todo en Europa, utilizando palabras muy duras: «No se llame defensa a un rearme que aumenta las tensiones y la inseguridad». Es una frase que aclara muchas ambigüedades del debate contemporáneo.

 

En el discurso universitario también emerge con fuerza el tema de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías aplicadas a los conflictos.

 

Cuando el Papa advierte que la IA no debe des-responsabilizar las decisiones humanas, está diciendo algo de enorme alcance ético: ningún algoritmo podrá sustituir jamás a la conciencia moral.

 

Sin embargo, el Papa nunca se limita a la denuncia. Y precisamente este es el aspecto significativo de su magisterio.

 

Por eso sigue señalando una posibilidad. Por eso el verdadero centro del discurso son los jóvenes. No los describe - como solemos hacer los adultos - como una generación frágil o perdida, sino como el lugar de donde puede nacer una nueva alianza cultural y moral.


 

Remitiéndose a San Agustín, el Papa revaloriza incluso la inquietud. No como una enfermedad que hay que erradicar, sino como una fuerza que hay que orientar.

 

El malestar de los jóvenes se convierte así en la señal de que algo en el sistema contemporáneo ya no funciona. El Papa denuncia abiertamente «el chantaje de las expectativas» y la «presión del rendimiento».

 

Palabras que describen a una generación obligada a vivir en una competencia continua, donde el valor humano coincide con el rendimiento.

 

Para el Papa la paz no es simplemente la ausencia de guerra. La paz nace de una idea diferente del ser humano y de la sociedad. Nace cuando dejamos de considerarnos instrumentos y volvemos a reconocernos como personas.

 

Por eso insiste tanto en el papel de la universidad: no debe limitarse a producir profesionales eficientes, sino a formar conciencias. Y éste es uno de los pasajes más contundentes de la intervención: «¿Qué sentido tendría formar a un investigador o a un profesional que, sin embargo, no cultiva su propia conciencia?».

 

Porque para el Papa el saber sin ética se convierte en poder; el saber con conciencia se convierte en servicio.

 

También la cuestión ecológica se inscribe en esta misma visión. Remitiéndose a la Laudato si’ del Papa Francisco, este Papa muestra la continuidad de una idea precisa: la crisis climática y la crisis espiritual nacen de la misma lógica del dominio y del consumo.

 

Y aquí llega la frase final, quizás la más poderosa de todo el discurso: «Sed artesanos de la paz verdadera: paz desarmada y desarmante».

 

No es un eslogan ingenuo. Es una visión del mundo.

 

La «paz desarmada» es aquella que rechaza la fuerza como fundamento de la política. La «paz desarmante» es aquella capaz de romper el mecanismo del odio, de la propaganda y del miedo.

 

En una época marcada por el cinismo, la guerra permanente y la idea de que nada puede cambiar, el Papa León XIV tiene el valor de volver a hablar de conciencia, justicia, futuro y esperanza.

 

Y hoy, probablemente, ese sea precisamente el gesto más revolucionario.


 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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