Más cerca de
la catástrofe
Cuando se atraviesan épocas de ruptura, siempre ocurre que las figuras y los conflictos tienden a adquirir un significado simbólico.
Hay momentos de crisis, por así decirlo, normales, en
los que el Orden y la Ley se reajustan o se reforman para poder adaptarse a los
cambios de la situación y así resistir y perdurar.
Pero hay otros en los que la transformación es tan
sistemática, afecta de manera tan orgánica a todos los aspectos de la vida, que
hace que cualquier reforma resulte patética y nos obliga a pensar en nuevos órdenes
globales.
Creo que nuestra época tiene algunos rasgos
catastróficos.
Catástrofe evoca un cambio radical de estado. No es el apocalipsis, pues en la idea de apocalipsis está el juicio divino que pone fin a la historia. Pero hasta igual se le parece porque se percibe de algún modo la tremenda inminencia de este desenlace con su destrucción y ruina.
Nada sigue ya las huellas del tiempo pasado. La
técnica que trastorna de manera imparable nuestras formas de vida no es
simplemente una nueva expresión del “Homo technicus”. Sitúa al propio hombre,
su evolución biológica, como objeto de su propio poder de manipulación y
transformación.
Una inteligencia distinta de la humana será llamada a
programar instituciones, comportamientos, nuestra propia imaginación.
Una metamorfosis análoga está sacudiendo la
geopolítica; los equilibrios entre los grandes espacios que habían
caracterizado la posguerra ya no se sostienen, evidentemente.
O se llega a un acuerdo, a una red de tratados, o
bien, si la locura se sigue desatando, la catástrofe actual provocará el
Apocalipsis.
Otra señal de la época de ruptura que vivimos: la crisis del Derecho en todas sus formas. En los conflictos y guerras en curso ya ni siquiera se hace mención de él. El Derecho no es ya más que el «nombre» del acto en el que realizo mi voluntad de poder.
La legalidad no solo no impide sino que tampoco es obstáculo
para la puesta en práctica del proyecto del más fuerte. En un tiempo el Estado
de derecho era el valor supremo que los occidentales ofrecían y exportaban al
resto del mundo…
Sí, nos encontramos ante una discontinuidad radical en
todos los frentes.
Nada seguirá como antes: y ésta es una parte de la
herencia que estamos dejando hoy a las generaciones futuras.
De este futuro somos responsables en nuestro presente. Más que del pasado.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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