lunes, 11 de mayo de 2026

Más cerca de la catástrofe.

Más cerca de la catástrofe


Cuando se atraviesan épocas de ruptura, siempre ocurre que las figuras y los conflictos tienden a adquirir un significado simbólico.

 

Hay momentos de crisis, por así decirlo, normales, en los que el Orden y la Ley se reajustan o se reforman para poder adaptarse a los cambios de la situación y así resistir y perdurar.

 

Pero hay otros en los que la transformación es tan sistemática, afecta de manera tan orgánica a todos los aspectos de la vida, que hace que cualquier reforma resulte patética y nos obliga a pensar en nuevos órdenes globales.

 

Creo que nuestra época tiene algunos rasgos catastróficos.


Catástrofe evoca un cambio radical de estado. No es el apocalipsis, pues en la idea de apocalipsis está el juicio divino que pone fin a la historia. Pero hasta igual se le parece porque se percibe de algún modo la tremenda inminencia de este desenlace con su destrucción y ruina.

 

Nada sigue ya las huellas del tiempo pasado. La técnica que trastorna de manera imparable nuestras formas de vida no es simplemente una nueva expresión del “Homo technicus”. Sitúa al propio hombre, su evolución biológica, como objeto de su propio poder de manipulación y transformación.

 

Una inteligencia distinta de la humana será llamada a programar instituciones, comportamientos, nuestra propia imaginación.

 

Una metamorfosis análoga está sacudiendo la geopolítica; los equilibrios entre los grandes espacios que habían caracterizado la posguerra ya no se sostienen, evidentemente.

 

O se llega a un acuerdo, a una red de tratados, o bien, si la locura se sigue desatando, la catástrofe actual provocará el Apocalipsis.


Otra señal de la época de ruptura que vivimos: la crisis del Derecho en todas sus formas. En los conflictos y guerras en curso ya ni siquiera se hace mención de él. El Derecho no es ya más que el «nombre» del acto en el que realizo mi voluntad de poder.

 

La legalidad no solo no impide sino que tampoco es obstáculo para la puesta en práctica del proyecto del más fuerte. En un tiempo el Estado de derecho era el valor supremo que los occidentales ofrecían y exportaban al resto del mundo…

 

Sí, nos encontramos ante una discontinuidad radical en todos los frentes.

 

Nada seguirá como antes: y ésta es una parte de la herencia que estamos dejando hoy a las generaciones futuras.

 

De este futuro somos responsables en nuestro presente. Más que del pasado. 


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF


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