viernes, 12 de diciembre de 2025

¿Y qué decimos cuando confesamos “Creo la Santa Iglesia Católica”?

¿Y qué decimos cuando confesamos “Creo la Santa Iglesia Católica”?

¿Qué significa «católica»? La palabra «católica» significa «universal» en el sentido de «según la totalidad» o «según la integridad» - Catecismo de la Iglesia Católica) -. 

La Iglesia es universal... una palabra enorme que evoca el Universo, todo. La Iglesia es «según la totalidad», una palabra ambigua que evoca el todo... y que me parece siempre dispuesta a deslizarse hacia el totalitarismo y sus formas… 

Adoro lo particular, amo lo parcial, los matices, los fragmentos, las periferias... Y solo consigo vislumbrar el todo cuando se narra poéticamente a partir de un fragmento. 

En el mismo Catecismo se encuentra que (la Iglesia) es católica porque en ella está presente Cristo. «Donde está Cristo Jesús, allí está la Iglesia católica». 

La pregunta no es tanto «¿qué significa que la Iglesia sea católica?», sino... si la Iglesia es católica porque Cristo está presente en ella: ¿dónde está Cristo hoy? ¿Dónde lo encuentro? ¿Cuáles son las experiencias católicas, es decir, universales, que abarcan la totalidad de los seres humanos? Porque la palabra «católica» hace referencia a una Iglesia más grande, más allá de las fronteras. 

No es tanto la Iglesia la que deba decirse a sí misma que es católica, sino descubrir la catolicidad de Cristo en el mundo. Me parece que esta es la nueva tarea de la Iglesia, ir en busca de la presencia de Cristo en experiencias que no son inmediatamente religiosas y descubrir así que su imaginación es más grande que nuestros esquemas. 

¿Y dónde buscar a Cristo hoy? Esa es la pregunta. 

La primera respuesta es: no solo en el recinto de lo conocido. 

Cristo no puede ser rehén de nuestras tradiciones, de nuestras jerarquías, de nuestras manías, de nuestras liturgias, de nuestros oradores, de nuestros Obispos… Cristo no puede ser de nuestra propiedad, si la Iglesia es católica es porque debe volver a buscar su presencia en el universo... 

Y creo que la primera expresión de la universalidad, la primera huella a seguir es el Amor. ¿Qué hay más universal y, por tanto, más total y, por tanto, más católico que el amor? Dios es amor, definición bíblica. ¿Dónde buscar a Dios? ¡Donde las personas aún se atreven a inventar gestos de amor! Gestos de gratuidad, de libertad, de verdad. 

En no pocos de nuestros foros de reflexión solemos perder tiempo lamentándonos por la falta de jóvenes en las propuestas de la Iglesia y nos perdemos en la nostalgia de un tiempo que ya no existe… pero seguramente deberíamos ser más realistas... ¡la gente todavía se ama! ¡Ahí está la catolicidad de lo real, ahí está la Iglesia! ¡Ahí está Cristo! 

Ser personas según el Evangelio no significa tener que ir a Misa todos los días, estar en el Consejo Pastoral o en Cáritas, no se nos pide que hagamos esta penitencia o aquel sacrificio… «Según el Evangelio» quien ama está haciendo ya una experiencia universal y, por lo tanto, católica. 

¿Amamos realmente a alguien? ¿Estamos dispuestos a morir por amor, a dar la vida por nuestros amigos, a vivir con los brazos abiertos, sin rencor ni odio? ¿Estamos dispuestos a morir perdonando? ¡Entonces somos católicos! 

Hay muchos más católicos en el mundo que los que frecuentan la Iglesia... son las personas que aman, sea cual sea su religión o no religión, su cultura, su procedencia... 

No quiero ser malinterpretado. Yo no estoy diciendo que la Misa y los sacramentos no sirvan para nada… Solo me permito recordar que deberían ser medios para ayudarnos a crecer en el amor. 

¿Qué hay tan universal, es decir, tan católico, además del amor? 

Puede ser, por ejemplo, el cuerpo. Al fin y al cabo, cada hombre, cada mujer tiene (y «es») un cuerpo. Entonces, ¿dónde buscar al Cristo universal? En el cuerpo (y tal vez no sea casualidad que cuando se nos da la Eucaristía se susurre «el cuerpo de Cristo»). 

¿Dónde experimentar a Cristo? En el Cuerpo, en nuestras manos cuando acarician y no retienen, en nuestros ojos cuando no se cierran al dolor de los hermanos, en nuestros pies, en nuestra capacidad de dar alegría y vida al mundo... 

La Iglesia gana en credibilidad cuando invierte el enfoque... ya no podemos imponer reglas morales rígidas que definen un esquema dentro del cual uno puede definirse católico (es decir, si respeto las reglas de la Iglesia soy católico, si no, estoy fuera), sino que, por el contrario, debemos ser buscadores de la presencia de Cristo, reconocerlo y darle gracias donde el Amor se encarna, donde se hace cuerpo, incluso en situaciones que no se ajustan a nuestras tradiciones, a nuestra moral,…, a nosotros. 

La Iglesia es verdaderamente católica cuando deja de imponer condiciones y comienza a amar tanto el cuerpo del ser humano que se sorprende de todo el amor que puede dar. La Iglesia es verdaderamente católica cuando va en busca del Amor y ama el cuerpo de los hombres y las mujeres sin miedo. 

Y lo hace, por ejemplo (y es solamente un ejemplo), cuando escucha. Esta es la condición para ser verdaderamente universales, para descubrir a Cristo: hacer silencio y escuchar y reconocer, y sorprenderse, por la presencia insospechada y sorprendente del Dios Amor aquí mismo, ahora mismo, justo donde no se esperaba encontrarlo. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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