Las lágrimas de quien ama: una lente sobre el mundo - San Juan 11, 1-45 -
El relato de la resurrección de Lázaro es la página en la que Jesús aparece más humano. Lo vemos temblar, llorar, conmoverse, gritar. Cuando ama, el hombre realiza gestos divinos; cuando ama, Dios lo hace con gestos muy humanos.
Una fuerza recorre todas las palabras del relato: no
es la vida la que vence a la muerte. La muerte, en realidad, vence y se traga
la vida. En cambio, lo que vence a la muerte es el amor.
Todos los presentes ese día en Betania se dan cuenta
de ello: mirad cómo lo amaba, dicen admirados. Y las hermanas acuñan un
nombre precioso para Lázaro: Aquel-a-quien-amas. El
motivo de la resurrección de Lázaro es el amor de Jesús, un amor que llega
hasta las lágrimas, hasta el grito arrogante: ¡sal fuera!
Las lágrimas de quien ama son la lente de aumento más
potente de la vida: miras a través de una lágrima y comprendes cosas que nunca
podrías haber aprendido en los libros.
La rebelión de Jesús contra la muerte pasa por tres
etapas:
1. Quitad
la piedra. Aparta las rocas de la entrada del corazón, los escombros
bajo los que te has enterrado con tus propias manos; aparta los sentimientos de
culpa, la incapacidad de perdonarte a ti mismo y a los demás; aparta el amargo recuerdo
del mal recibido, que te clava a tus cadenas interiores.
2. ¡Lázaro,
sal fuera! Sal al sol, sal a la primavera. Y me lo dice a mí: sal de la
cueva negra de los remordimientos y las decepciones, de mirarte solo a ti
mismo, de sentirte el centro de todo. Sal fuera, le repite a la mariposa que
hay en mí, encerrada dentro de la oruga que creo ser. No es cierto que «todas las madres del mundo dan a luz a
caballo de una tumba» - Bertold Brecht -, como si la vida fuera succionada
inmediatamente por la muerte, o caminara siempre al borde de un abismo. Las
madres dan a luz a caballo de una esperanza, de una gran belleza, de un mar
vasto, de muchos abrazos. ¡A caballo de un sueño! Y de la eternidad. Con cada
hijo que nace, Cristo y el mundo gritan al unísono: ¡ven y tráenos más
conciencia, más libertad, más amor!
3. ¡Liberadlo
y dejadlo ir! Liberad a los muertos de su muerte: liberaos todos de la
idea de que la muerte es el fin de una persona. Liberaos, como se liberan las
velas al viento, como se desatan los nudos de quien está encerrado en sí mismo,
los nudos del miedo, los enredos del corazón. Liberaos de máscaras y miedos. Y
luego: dejadlo ir, dadle un camino, y amigos con quienes caminar, algunas
lágrimas y una estrella polar.
Qué sentido de futuro y libertad emana de este Rabí
que sabe amar, llorar y gritar; que libera y abre caminos en el corazón. Y
comprendo que Lázaro soy yo. Yo soy Aquel-a-quien-amas, y a quien nunca
aceptarás ver desaparecer en la nada de la muerte.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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