lunes, 2 de marzo de 2026

Las lágrimas de quien ama: una lente sobre el mundo - San Juan 11, 1-45 -.

Las lágrimas de quien ama: una lente sobre el mundo - San Juan 11, 1-45 -

El relato de la resurrección de Lázaro es la página en la que Jesús aparece más humano. Lo vemos temblar, llorar, conmoverse, gritar. Cuando ama, el hombre realiza gestos divinos; cuando ama, Dios lo hace con gestos muy humanos.

 

Una fuerza recorre todas las palabras del relato: no es la vida la que vence a la muerte. La muerte, en realidad, vence y se traga la vida. En cambio, lo que vence a la muerte es el amor.

 

Todos los presentes ese día en Betania se dan cuenta de ello: mirad cómo lo amaba, dicen admirados. Y las hermanas acuñan un nombre precioso para Lázaro: Aquel-a-quien-amas. El motivo de la resurrección de Lázaro es el amor de Jesús, un amor que llega hasta las lágrimas, hasta el grito arrogante: ¡sal fuera!

 

Las lágrimas de quien ama son la lente de aumento más potente de la vida: miras a través de una lágrima y comprendes cosas que nunca podrías haber aprendido en los libros.

 

La rebelión de Jesús contra la muerte pasa por tres etapas:

 

1. Quitad la piedra. Aparta las rocas de la entrada del corazón, los escombros bajo los que te has enterrado con tus propias manos; aparta los sentimientos de culpa, la incapacidad de perdonarte a ti mismo y a los demás; aparta el amargo recuerdo del mal recibido, que te clava a tus cadenas interiores.

 

2. ¡Lázaro, sal fuera! Sal al sol, sal a la primavera. Y me lo dice a mí: sal de la cueva negra de los remordimientos y las decepciones, de mirarte solo a ti mismo, de sentirte el centro de todo. Sal fuera, le repite a la mariposa que hay en mí, encerrada dentro de la oruga que creo ser. No es cierto que «todas las madres del mundo dan a luz a caballo de una tumba» - Bertold Brecht -, como si la vida fuera succionada inmediatamente por la muerte, o caminara siempre al borde de un abismo. Las madres dan a luz a caballo de una esperanza, de una gran belleza, de un mar vasto, de muchos abrazos. ¡A caballo de un sueño! Y de la eternidad. Con cada hijo que nace, Cristo y el mundo gritan al unísono: ¡ven y tráenos más conciencia, más libertad, más amor!

 

3. ¡Liberadlo y dejadlo ir! Liberad a los muertos de su muerte: liberaos todos de la idea de que la muerte es el fin de una persona. Liberaos, como se liberan las velas al viento, como se desatan los nudos de quien está encerrado en sí mismo, los nudos del miedo, los enredos del corazón. Liberaos de máscaras y miedos. Y luego: dejadlo ir, dadle un camino, y amigos con quienes caminar, algunas lágrimas y una estrella polar.

 

Qué sentido de futuro y libertad emana de este Rabí que sabe amar, llorar y gritar; que libera y abre caminos en el corazón. Y comprendo que Lázaro soy yo. Yo soy Aquel-a-quien-amas, y a quien nunca aceptarás ver desaparecer en la nada de la muerte.


 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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