lunes, 2 de marzo de 2026

Resucitamos porque somos amados - San Juan 11,1-45 -.

Resucitamos porque somos amados - San Juan 11,1-45 -

La conmovedora belleza de la humanidad de Jesús: lo vemos temblar, llorar, emocionarse, gritar. Un Dios muy humano, el que todo hombre busca: no un Dios para adorar y venerar en lo alto de los cielos, sino un Dios involucrado y envolvente, que ríe y llora, que juega con sus hijos en los cálidos juegos del sol y el mar.

 

De Lázaro sabemos pocas cosas, pero las que importan: su casa está abierta, es querido por muchos, es amigo especial de Jesús: huésped, amigo y hermano. Tres nombres para seguir siendo humanos.

 

Si hubieras estado aquí, nuestro hermano no habría muerto. Las hermanas vieron cómo sus oraciones se alejaban volando como palomas, y ninguna regresaba con una respuesta, una hojita de olivo como respuesta, como entonces en el arca.

 

Pero ¿Dios escucha nuestras oraciones? Sí, siempre las escucha; pero no nuestras peticiones, sino sus promesas. «Tu hermano resucitará». Ella lo siente como una frase hecha, palabras formales que todos saben decir: «Sé bien que resucitará. Pero ese día está tan lejos de este dolor». Ella habla en futuro, Jesús en presente. Y usa palabras impresionantes: «Yo soy la resurrección y la vida». Ahora.

 

Primero la resurrección y luego la vida. Primero la liberación y luego la vida viva. Que es el resultado de muchas resurrecciones: de vidas apagadas, de cenizas, de vidas sin sueños y sin fuego.

 

Yo soy la resurrección: una savia potente y fresca que se ramifica por todo el cosmos y que no descansará hasta que haya alcanzado y hecho florecer la última rama de la creación, el último rincón del corazón.

 

¡Liberadlo y dejadlo ir! Lázaro sale, envuelto en vendas como un recién nacido. Morirá por segunda vez, pero ahora se abre ante él una gran esperanza: alguien lo ama, alguien que es más fuerte que la muerte.

 

Dejadlo ir: Jesús es el Rabí que libera y envía más allá sin atarlo a sí mismo: dadle una estrella polar para el viaje, los ojos de alguien que llore de amor por él, la certeza de un destino, y nadie lo detendrá.

 

¿Dónde está la razón última de la resurrección de Lázaro? Está en las lágrimas de Jesús, su declaración de amor hasta el llanto. Llorar es amar con los ojos. El hombre resucita por las lágrimas de Dios, resucitamos porque somos amados. Yo soy Lázaro.

 

Cuántas veces he muerto: se había acabado el aceite de la lámpara, se había acabado las ganas de luchar y esforzarse, quizás incluso las ganas de vivir. Y entonces una semilla comenzó a brotar, no sé de dónde, no sé por qué. Una piedra se movió, entró un rayo de sol. Un grito de un amigo rompió el silencio. Unas lágrimas mojaron mis vendas.

 

Yo soy Lázaro, yo soy Marta y María, hermanas de infinitos muertos. Como ellas, santo solo de la amistad, resucitado solo porque soy amado.


 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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