Resucitamos porque somos amados - San Juan 11,1-45 -
La conmovedora belleza de la humanidad de Jesús: lo vemos temblar, llorar, emocionarse, gritar. Un Dios muy humano, el que todo hombre busca: no un Dios para adorar y venerar en lo alto de los cielos, sino un Dios involucrado y envolvente, que ríe y llora, que juega con sus hijos en los cálidos juegos del sol y el mar.
De Lázaro sabemos pocas cosas, pero las que importan:
su casa está abierta, es querido por muchos, es amigo especial de Jesús: huésped,
amigo y hermano. Tres nombres para seguir siendo humanos.
Si hubieras estado aquí, nuestro hermano no habría
muerto. Las hermanas vieron cómo
sus oraciones se alejaban volando como palomas, y ninguna regresaba con una
respuesta, una hojita de olivo como respuesta, como entonces en el arca.
Pero ¿Dios escucha nuestras oraciones? Sí, siempre las
escucha; pero no nuestras peticiones, sino sus promesas. «Tu hermano resucitará».
Ella lo siente como una frase hecha, palabras formales que todos saben decir: «Sé
bien que resucitará. Pero ese día está tan lejos de este dolor». Ella
habla en futuro, Jesús en presente. Y usa palabras impresionantes: «Yo
soy la resurrección y la vida». Ahora.
Primero la resurrección y luego la vida. Primero la
liberación y luego la vida viva. Que es el resultado de muchas resurrecciones:
de vidas apagadas, de cenizas, de vidas sin sueños y sin fuego.
Yo soy la resurrección: una savia potente y fresca que se ramifica por todo
el cosmos y que no descansará hasta que haya alcanzado y hecho florecer la
última rama de la creación, el último rincón del corazón.
¡Liberadlo y dejadlo ir! Lázaro sale, envuelto en vendas como un recién
nacido. Morirá por segunda vez, pero ahora se abre ante él una gran esperanza:
alguien lo ama, alguien que es más fuerte que la muerte.
Dejadlo ir:
Jesús es el Rabí que libera y envía más allá sin atarlo a sí mismo: dadle una
estrella polar para el viaje, los ojos de alguien que llore de amor por él, la
certeza de un destino, y nadie lo detendrá.
¿Dónde está la razón última de la resurrección de Lázaro?
Está en las lágrimas de Jesús, su declaración de amor hasta el llanto. Llorar
es amar con los ojos. El hombre resucita por las lágrimas de Dios, resucitamos
porque somos amados. Yo soy Lázaro.
Cuántas veces he muerto: se había acabado el aceite de
la lámpara, se había acabado las ganas de luchar y esforzarse, quizás incluso
las ganas de vivir. Y entonces una semilla comenzó a brotar, no sé de dónde, no
sé por qué. Una piedra se movió, entró un rayo de sol. Un grito de un amigo
rompió el silencio. Unas lágrimas mojaron mis vendas.
Yo soy Lázaro, yo soy Marta y María, hermanas de
infinitos muertos. Como ellas, santo solo de la amistad, resucitado solo porque
soy amado.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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