lunes, 25 de mayo de 2026

Magnifica Humanitas: las “res novae” de nuestro tiempo.

Magnifica Humanitas: las “res novae” de nuestro tiempo

El Papa León XIV ha firmado su encíclica sobre la Inteligencia Artificial. «Magnifica Humanitas», ese es el título. Un documento centrado en el ser humano que debe ocupar el centro de la revolución tecnológica.

 

En concreto, el Papa pretende subrayar la importancia de proteger las condiciones humanas del desarrollo de la Inteligencia Artificial para que, de hecho, sea una herramienta para la protección del ser humano, que no debe ser sacrificado en nombre del progreso. Porque el riego de un proceso de automatización de la tecnología es una cuestión humana y, por lo tanto, también política.

 

Tal vez sea esta encíclica un hito en la historia del catolicismo. Las encíclicas sirven para dictar las prioridades de la Iglesia católica e indican la forma en que deben abordarse. Son temas de gran actualidad, muy a menudo asociados a las crisis de nuestro tiempo. Igualmente significativa fue, por ejemplo, la encíclica promulgada por el Papa Francisco sobre el medio ambiente. En realidad las encíclicas también son documentos que indican caminos a seguir y horizontes hacia los que continuar caminando para los católicos de todo el mundo.

 

Y yo creo que es un paso enorme. La Iglesia católica no quiere quedarse mirando cómo cambia el mundo: pretende ser parte activa de esta transformación, ofrecer criterios y perspectivas a través de los medios que posee.

 

También creo que la revolución tecnológica se presenta al mismo nivel que la revolución industrial. Quizá sea por eso que el nombre de esta encíclica - «Magnifica Humanitas» -  hace referencia precisamente a un momento de revolución en la historia de la humanidad de la mano de la Inteligencia Artificial.

 

El último Papa León fue elegido el 20 de febrero de 878: se trataba del Papa León XIII. En su encíclica “Rerum Novarum” del 15 de mayo de 1891 (este año se cumple su 135º aniversario), ponía de relieve cómo «un pequeño número de hombres muy ricos» imponía «a las masas de trabajadores pobres un juego poco mejor que el de la propia esclavitud». De esta manera se subrayaba el hecho de una diferencia: «el abismo entre la inmensa riqueza y la más absoluta pobreza». Exactamente lo que sigue ocurriendo en nuestros días.

 

Y el Papa León XIV ha querido dar una señal de continuidad, grabando su nombre en la época histórica en la que vive.

 

Recientemente la Iglesia ha establecido varias colaboraciones en materia de ciberseguridad. Por ejemplo, en junio de 2025 la Santa Sede confió en Cyber Eagle, una empresa de última generación que proporciona herramientas de defensa, tanto para protegerse de las amenazas que llegan del exterior como para dar testimonio del uso responsable, es decir, también ético de la Inteligencia Artificial.

 

Y el Papa León XIV ha aprobado recientemente la creación de la Comisión Interdicasterial sobre la Inteligencia Artificial: un organismo encargado de coordinar las reflexiones, los proyectos y las políticas internas de la Santa Sede sobre un tema cada vez más fundamental para el futuro global (cf. https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/05/16/160526e.html).

 

En la base de esta decisión se encontraba una evaluación en profundidad de la evolución tecnológica en curso. De hecho se hace referencia explícita al «desarrollo en las últimas décadas del fenómeno de la inteligencia artificial y a las aceleraciones más recientes en su uso generalizado», junto con los «efectos potenciales sobre el ser humano y la humanidad en su conjunto». Una reflexión que va de la mano de la preocupación de la Iglesia por «la dignidad de todo ser humano, sobre todo en relación con su desarrollo integral», confirmando el enfoque antropocéntrico que caracteriza la reflexión de la Iglesia sobre las nuevas tecnologías tratando de conjugar la innovación y la protección de la persona, la ética y la capacidad de orientación.


«Magnifica Humanitas» se presenta  como una encíclica «sobre la protección de la persona humana en la era de la Inteligencia Artificial».

 

Y haciendo memoria, Inteligencia Artificial fue un tema que ya había interesado al G7 celebrado en Italia en junio de 2024 y que contó con la participación extraordinaria del entonces Papa Francisco (cf. https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2024/june/documents/20240614-g7-intelligenza-artificiale.html).

 

«Me dirijo hoy a ustedes, líderes del Foro Intergubernamental del G7, con una reflexión sobre los efectos de la inteligencia artificial en el futuro de la humanidad», había iniciado su intervención el Papa Francisco. La Inteligencia Artificial, continuaba, «es una herramienta extremadamente poderosa, empleada en muchísimas áreas de la actividad humana: desde la medicina hasta el mundo laboral, desde la cultura hasta el ámbito de la comunicación, desde la educación hasta la política. Y ahora es lícito suponer que su uso influirá cada vez más en nuestra forma de vida, en nuestras relaciones sociales y, en el futuro, incluso en la manera en que concebimos nuestra identidad como seres humanos».

 

Pero la Inteligencia Artificial, añadía el Papa Francisco, «se percibe, sin embargo, a menudo como ambivalente: por un lado, entusiasma por las posibilidades que ofrece; por otro, genera temor por las consecuencias que hace presagiar». El Papa reconocía el alcance trascendental de la llegada de la Inteligencia Artificial, definida como «una auténtica revolución cognitivo-industrial, que contribuirá a la creación de un nuevo sistema social caracterizado por complejas transformaciones trascendentales».

 

La Inteligencia Artificial ofrece grandes oportunidades, explicaba el Papa, como un acceso más amplio al conocimiento, el progreso científico y la reducción de los trabajos más pesados, pero también corre el riesgo de aumentar las desigualdades sociales y entre países, favoreciendo la exclusión y las divisiones en lugar de la colaboración y la inclusión. Y, como ocurre con cualquier «herramienta» construida por el hombre, lo que marcará la diferencia será su «uso».

 

La Inteligencia Artificial es, ante todo, «una herramienta diseñada para la resolución de un problema», basada en algoritmos y datos que permiten a las máquinas aprender y mejorar sus respuestas. Sin embargo, añadía, hay que estar en guardia ante la tentación de atribuir a estos sistemas una autoridad absoluta o una capacidad de juicio propiamente humana.

 

Y recordaba que «no debemos olvidar que ninguna innovación es neutra. La tecnología nace con un propósito y, en su impacto con la sociedad humana, representa siempre una forma de orden en las relaciones sociales y una disposición de poder, que habilita a algunos para realizar acciones e impide a otros realizar otras. Esta dimensión constitutiva de poder de la tecnología incluye siempre, de manera más o menos explícita, la visión del mundo de quien la ha creado y desarrollado».

 

En esta estela nos ha llegado hoy la encíclica «Magnifica Humanitas» del Papa León XIV firmada precisamente el 15 de mayo de este año - justamente en el 135º aniversario de aquella «Rerum Novarum» del Papa León XIII -.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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