Magnifica Humanitas: las “res novae” de nuestro tiempo
El Papa León XIV ha firmado su encíclica sobre la Inteligencia Artificial. «Magnifica Humanitas», ese es el título. Un documento centrado en el ser humano que debe ocupar el centro de la revolución tecnológica.
En concreto, el Papa pretende subrayar la importancia
de proteger las condiciones humanas del desarrollo de la Inteligencia Artificial
para que, de hecho, sea una herramienta para la protección del ser humano, que
no debe ser sacrificado en nombre del progreso. Porque el riego de un proceso
de automatización de la tecnología es una cuestión humana y, por lo tanto, también
política.
Tal vez sea esta encíclica un hito en la historia del
catolicismo. Las encíclicas sirven para dictar las prioridades de la Iglesia
católica e indican la forma en que deben abordarse. Son temas de gran
actualidad, muy a menudo asociados a las crisis de nuestro tiempo. Igualmente
significativa fue, por ejemplo, la encíclica promulgada por el Papa Francisco
sobre el medio ambiente. En realidad las encíclicas también son documentos que
indican caminos a seguir y horizontes hacia los que continuar caminando para
los católicos de todo el mundo.
Y yo creo que es un paso enorme. La Iglesia católica
no quiere quedarse mirando cómo cambia el mundo: pretende ser parte activa de
esta transformación, ofrecer criterios y perspectivas a través de los medios
que posee.
También creo que la revolución tecnológica se presenta
al mismo nivel que la revolución industrial. Quizá sea por eso que el nombre de
esta encíclica - «Magnifica Humanitas» - hace referencia precisamente a un momento de
revolución en la historia de la humanidad de la mano de la Inteligencia
Artificial.
El último Papa León fue elegido el 20 de febrero de 878: se trataba del Papa León XIII. En su encíclica “Rerum
Novarum” del 15 de mayo de 1891 (este año se cumple su 135º
aniversario), ponía de relieve cómo «un pequeño número de hombres muy ricos»
imponía «a las masas de trabajadores pobres un juego poco mejor que el de la
propia esclavitud». De esta manera se subrayaba el hecho de una
diferencia: «el abismo entre la inmensa riqueza y la más absoluta pobreza». Exactamente
lo que sigue ocurriendo en nuestros días.
Y el Papa León XIV ha querido dar una señal de
continuidad, grabando su nombre en la época histórica en la que vive.
Recientemente la Iglesia ha establecido varias
colaboraciones en materia de ciberseguridad. Por ejemplo, en junio de 2025 la
Santa Sede confió en Cyber Eagle, una empresa de última generación que
proporciona herramientas de defensa, tanto para protegerse de las amenazas que
llegan del exterior como para dar testimonio del uso responsable, es decir,
también ético de la Inteligencia Artificial.
Y el Papa León XIV ha aprobado recientemente la
creación de la Comisión Interdicasterial sobre la Inteligencia Artificial: un
organismo encargado de coordinar las reflexiones, los proyectos y las políticas
internas de la Santa Sede sobre un tema cada vez más fundamental para el futuro
global (cf. https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/05/16/160526e.html).
En la base de esta decisión se encontraba una
evaluación en profundidad de la evolución tecnológica en curso. De hecho se
hace referencia explícita al «desarrollo en las últimas décadas del
fenómeno de la inteligencia artificial y a las aceleraciones más recientes en
su uso generalizado», junto con los «efectos potenciales sobre el ser
humano y la humanidad en su conjunto». Una reflexión que va de la mano
de la preocupación de la Iglesia por «la dignidad de todo ser humano, sobre todo
en relación con su desarrollo integral», confirmando el enfoque
antropocéntrico que caracteriza la reflexión de la Iglesia sobre las nuevas
tecnologías tratando de conjugar la innovación y la protección de la persona,
la ética y la capacidad de orientación.
«Magnifica Humanitas» se presenta como una encíclica «sobre la protección de la persona humana en la era de la Inteligencia Artificial».
Y haciendo memoria, Inteligencia Artificial fue un
tema que ya había interesado al G7 celebrado en Italia en junio de 2024 y que
contó con la participación extraordinaria del entonces Papa Francisco (cf. https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2024/june/documents/20240614-g7-intelligenza-artificiale.html).
«Me dirijo hoy a ustedes, líderes del Foro
Intergubernamental del G7, con una reflexión sobre los efectos de la
inteligencia artificial en el futuro de la humanidad», había iniciado
su intervención el Papa Francisco. La Inteligencia Artificial, continuaba, «es
una herramienta extremadamente poderosa, empleada en muchísimas áreas de la
actividad humana: desde la medicina hasta el mundo laboral, desde la cultura
hasta el ámbito de la comunicación, desde la educación hasta la política. Y
ahora es lícito suponer que su uso influirá cada vez más en nuestra forma de
vida, en nuestras relaciones sociales y, en el futuro, incluso en la manera en
que concebimos nuestra identidad como seres humanos».
Pero la Inteligencia Artificial, añadía el Papa
Francisco, «se percibe, sin embargo, a menudo como ambivalente: por un lado,
entusiasma por las posibilidades que ofrece; por otro, genera temor por las
consecuencias que hace presagiar». El Papa reconocía el alcance
trascendental de la llegada de la Inteligencia Artificial, definida como «una
auténtica revolución cognitivo-industrial, que contribuirá a la creación de un
nuevo sistema social caracterizado por complejas transformaciones
trascendentales».
La Inteligencia Artificial ofrece grandes
oportunidades, explicaba el Papa, como un acceso más amplio al conocimiento, el
progreso científico y la reducción de los trabajos más pesados, pero también
corre el riesgo de aumentar las desigualdades sociales y entre países,
favoreciendo la exclusión y las divisiones en lugar de la colaboración y la
inclusión. Y, como ocurre con cualquier «herramienta» construida por el
hombre, lo que marcará la diferencia será su «uso».
La Inteligencia Artificial es, ante todo, «una
herramienta diseñada para la resolución de un problema», basada en
algoritmos y datos que permiten a las máquinas aprender y mejorar sus
respuestas. Sin embargo, añadía, hay que estar en guardia ante la tentación de
atribuir a estos sistemas una autoridad absoluta o una capacidad de juicio
propiamente humana.
Y recordaba que «no debemos olvidar que ninguna innovación es
neutra. La tecnología nace con un propósito y, en su impacto con la sociedad
humana, representa siempre una forma de orden en las relaciones sociales y una
disposición de poder, que habilita a algunos para realizar acciones e impide a
otros realizar otras. Esta dimensión constitutiva de poder de la tecnología incluye
siempre, de manera más o menos explícita, la visión del mundo de quien la ha
creado y desarrollado».
En esta estela nos ha llegado hoy la encíclica «Magnifica
Humanitas» del Papa León XIV firmada precisamente el 15 de mayo de este año - justamente en el
135º aniversario de aquella «Rerum Novarum» del Papa León XIII -.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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