sábado, 23 de mayo de 2026

Vivir de Dios - San Juan 6, 51-58 -.

Vivir de Dios - San Juan 6, 51-58 -

El núcleo esencial del Evangelio se resume en solo dos palabras: pan y vida, comer y vivir.

 

Vivir, canto supremo del ser, grito final de cada salmo; vivir para siempre, vértigo de la esperanza.

 

Pero el Evangelio plantea una pregunta: ¿qué es lo que te hace vivir?

 

Yo vivo de las personas. Vivo de proyectos y de llamamientos, de pasiones y de talentos. Yo vivo de la tierra que nos sustenta y gobierna. Pero yo vivo sobre todo de mis manantiales, como ocurre con todo río, como con todo árbol arraigado a sus raíces.

 

El hombre no vive solo de pan. Es más, solo de pan el hombre muere. Pero vive de lo que sale de la boca de Dios. ¡Yo vivo de Otro! De la boca de Dios salen palabras que crean luz, agua, tierra, viento.

 

De ahí viene el cosmos, viene el aliento de vida que convierte un puñado de polvo en una persona viva. De la boca de Dios vienen mis hermanos, que son palabra de Dios, aliento de Dios; viene el beso de amor con el que comienza y termina la vida. Esta es mi fuente. ¿Qué haré?

 

En algún momento la Biblia recoge estas palabras: “acuérdate de todo el camino que el Señor te ha hecho recorrer” (Deuteronomio 8, 2). Acuérdate, porque el olvido es la raíz de todos los males. Acuérdate del camino, es decir, de las fuentes y luego del ascenso, del florecer, del crecer. Acuérdate del viento de las pistas, de lo hermoso que era tener el alma cansada por la llamada de cosas lejanas. Acuérdate de que ser hombre-con-Dios es lo contrario de perderse entre las dunas. Y de todo el maná que cayó de repente cuando ya no lo esperabas.

 

Todos podríamos contar nuestro viaje por la vida, no solo de los escorpiones o las serpientes, sino del agua que brotó un día de improviso cuando, desesperados, creíamos que no lo lograríamos y del cielo llegó algo, una fuerza, un amor, un amigo, un canto.

 

De repente se abren rendijas para recordarnos que no vivimos solos, encerrados en el círculo trágico de nuestros problemas, sino que hay un amor que asedia los confines de la historia.

 

Si he sobrevivido, si no me he convertido yo mismo en un desierto, en tierra apagada e inhóspita, se lo debo a Otro. Vivo de Dios.

 

Recordar es dialogar con mi historia, permanecer junto a mi manantial. Entonces, en cada eucaristía, con ese pequeño pan en la mano, con un episodio santo en el corazón, dialogar sin fin, como Israel ante el maná:

 

¿Qué es? Es Dios en busca del hambre y la sed del hombre.

 

¿Qué es? Es Jesucristo, hambre de algo más para quien está saciado solo de pan.

 

¿Qué es? Es Él quien vive dándose, a mí que vivo de pan y de milagro.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Un lenguaje para cada vida: la profecía de Pentecostés.

Un lenguaje para cada vida: la profecía de Pentecostés En la hermosa imagen que nos transmiten los Hechos de los Apóstoles, con esas llamas ...