lunes, 8 de junio de 2026

Sin miedo - San Mateo 10, 26-33 -.

Sin miedo - San Mateo 10, 26-33 -

¡Vosotros valéis más que muchos gorriones! La ternura de un Dios que cuida de los gorriones, que se preocupa por mis cosas más frágiles y efímeras: me cuenta los cabellos de la cabeza. Soy un gorrión que tiene su nido en las manos de Dios, y sin embargo tengo miedo, porque los gorriones siguen cayendo al suelo, siguen muriendo niños por miles, vendidos por poco más de dos denarios.

 

Él lo sabe y lo repite tres veces: No temáis, no tengáis miedo, no os asustéis. Ni siquiera un gorrión cae al suelo sin que Dios lo quiera.

 

Pero entonces, ¿es Dios quien trunca el vuelo? ¿Es Él quien quiere la muerte?

 

No. La palabra no evoca la voluntad de Dios, sino que significa «sin Dios, lejos de Dios, sin que Él intervenga». Nada ocurre en ausencia de Dios; en cambio, muchas, demasiadas cosas ocurren en contra de la voluntad del Padre.

 

Y entonces el drama no es solo nuestro, es también de Dios. Él está presente, participa, se inclina sobre mí, entrelaza su esperanza con la mía, su aliento con el mío, su palabra con la mía; Dios no se sitúa entre la salud y la enfermedad, sino entre la desesperación y la confianza. Su hogar no son las células del organismo, sino las fibras del miedo, donde anida lo que los salmos llaman la bestia del cañaveral.

 

Dios está en el reflejo más profundo de las lágrimas, para multiplicar el valor. No mata a los asesinos de cuerpos, dice que hay algo que vale más que el cuerpo. No apacigua las tormentas, da energía para seguir remando en medio de cualquier tormenta. Y nosotros seguimos adelante en la vida por el milagro de una esperanza que no se rinde, de corazones que no se desarman.

 

Vendrán noches y redes de cazadores, vendrá también la muerte, pero: nada podrá separarnos del amor de Dios, ni espada, ni muerte, ni ángeles, ni demonios (Rom 8,39).

 

Sí, es cierto que los gorriones y los cabellos contados deben atravesar la muerte. Pero nada se perderá. Jesús me enseña a proclamar el derecho a que me sea devuelto hasta el último cabello de ese cuerpo que ha sufrido y dado testimonio de que la vida pertenece solo a Dios.

 

Temed más bien a quien tiene poder para hacer morir el alma. ¡El alma puede morir! Mortales son la superficialidad, la indiferencia, la hipocresía, cuando desanimas a los que te rodean, les quitas el alma, el valor y la inocencia, te burlas de los ideales y de los enamorados.

 

Es la falta de amor lo que mata. De un pecador se puede hacer un santo, pero de aquellos que no son nada, ni cristianos, ni paganos, ni apasionados ni fríos, ni santos ni pecadores, de ellos, las almas muertas, ¿qué haremos con ellos? - Charles Péguy -.

 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La lección de la Escuela de Salamanca: dignidad y derechos de la persona.

La lección de la Escuela de Salamanca: dignidad y derechos de la persona ¡Bravo Santo Padre! Su referencia a la Escuela de Salamanca en su i...