viernes, 5 de diciembre de 2025

Por ahora… tampoco.

Por ahora… tampoco 

He de reconocer que no sabía cómo titular esta reflexión. Y la he titulado así “Por ahora… tampoco” también en referencia a aquel otro “por ahora” de la elección de la Arzobispa de Canterbury como Primada de la Iglesia Anglicana: https://kristaualternatiba.blogspot.com/2025/11/por-ahora.html 

En aquella reflexión yo finalizaba de esta manera: “Si en su primer libro-entrevista el Papa León XIV declaraba que «por ahora no tengo intención de cambiar la enseñanza de la Iglesia sobre la ordenación de mujeres al diaconado» tal vez el reto de la próxima década resida precisamente en ese «por ahora…»”. 

Este “por ahora” se suma otros “por ahora”. El Papa León XIV, subrayando que la Iglesia está abierta a «todos, todos, todos» acababa afirmando en su momento que «me parece muy improbable, al menos en un futuro próximo, que la doctrina de la Iglesia (cambie) los términos de lo que la Iglesia enseña sobre la sexualidad, lo que la Iglesia enseña sobre el matrimonio» (https://kristaualternatiba.blogspot.com/2025/09/iglesia-y-lgbtq-si-la-doctrina-puede.html).  

Pueso eso. Todo apunta a que, como dice el título de esta reflexión, por ahora… tampoco es posible el acceso al ministerio ordenado diaconal para las mujeres. 

He leído el documento de la Comisión Pontificia sobre la admisión de las mujeres al ministerio ordenado del diaconado (https://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino/pubblico/2025/12/04/0950/01725.html) fechado el 4 de diciembre de 2025.

Un primer elemento que llama la atención es que se consulta a la mencionada Comisión sobre el ministerio ordenado diaconal y ésta responde sobre los ministerios instituidos (es decir, se le consulta por algo que se espera implementar o desarrollar en el futuro y se responde por algo que ya existe o está en vigor, sin ningún riesgo…): 

«A este respecto, hoy es oportuno ampliar el acceso de las mujeres a los ministerios instituidos para el servicio de la comunidad. Los motu proprio Spiritus Domini y Antiquum ministerium del Papa Francisco, aunque confirman lo expresado en la Carta Apostólica de San Juan Pablo II Ordinatio Sacerdotalis, van en esta dirección. Ahora corresponde al discernimiento de los pastores evaluar qué otros ministerios pueden introducirse para las necesidades concretas de la Iglesia de nuestro tiempo, asegurando así también un adecuado reconocimiento eclesial a la diaconía de los bautizados, en particular de las mujeres. Este reconocimiento será un signo profético, especialmente allí donde las mujeres siguen sufriendo situaciones de discriminación de género». 

Por supuesto, se alcanza la unanimidad sobre este texto, hasta con evidente satisfacción de todos... Pero es una pena que no sea esto lo que se le había consultado a la Comisión… 

Más interesante y problemático es, en cambio, el modo en que se llega a la penúltima propuesta votada, con un resultado totalmente llamativo. 

Después de presentar con cierto detalle las numerosas contribuciones recibidas por solicitud expresa tras la Asamblea del Sínodo de los Obispos de octubre de 2024, en febrero de 2025 se propone una proposición al menos paradójica por sorprendente: 

«La masculinidad de Cristo, y por tanto la masculinidad de quienes reciben el Orden, no es accidental, sino parte integrante de la identidad sacramental, preservando el orden divino de la salvación en Cristo. Alterar esta realidad no sería un simple ajuste del ministerio, sino una ruptura del significado nupcial de la salvación». 

En comparación con la proposición n.º 60 del Documento de Síntesis del Sínodo de los Obispos (octubre de 2024), este texto hasta podría parecer una especie de caricatura forzada de una lectura del sexo masculino como «sustancia» del sacramento del orden. 

Y digo ‘una especie de caricatura forzada’ porque los textos recibidos por la Comisión, de los que se propone una síntesis muy genérica y resumida, no han tocado en absoluto el núcleo de un razonamiento que, por el contrario, se ha polarizado cada vez más con el tiempo, hasta proponer una justificación de la «reserva masculina» como vinculada incluso al «orden divino de la salvación en Cristo». 

Uno se pregunta al menos: 

a) Si se ha tenido suficientemente en cuenta la teología contemporánea sobre el tema. Se diría que cierta teología se ha descartado como una forma de «ideación» (es un término textual del mencionado documento en cuestión); 

b) Si es suficiente con permanecer en una «zona de confort» trasladando la cuestión al terreno pacífico de los ministerios instituidos. 

¿Es casualidad que la última formulación, la que se refiere a la masculinidad de Cristo y de aquellos que reciben el ministerio ordenado, haya dividido a la Comisión por la mitad: solo la mitad de los miembros se han sentido identificados con esa proposición antropológica y teológica? 

Creo que va a ser inevitable que no pocas mujeres católicas se sientan ofendidas por un documento no precisamente abierto o amplio en su mirada sino que hasta puede ser una grave involución del debate teológico y sinodal. 

Así las cosas, y después de casi una década de estudios, tres comisiones vaticanas, cientos de páginas de material, consultas sinodales y repetidas votaciones, …, la cuestión del ministerio ordenado diaconal femenino se presenta hoy como un camino que se asemeja cada vez más como a un cierto «querer y no poder». 

Es verdad, la Iglesia no llega a decir un no definitivo que cierre definitivamente la cuestión pero a cada paso se muestra que, en esencia, el juicio sigue siendo el mismo: los obstáculos son graves, estructurales, doctrinales, persistentes y confirmados en repetidas ocasiones por las diferentes comisiones. De tal modo que incluso cada vez que parece acercarse a un sí, surgen obstáculos doctrinales, históricos y teológicos que obligan a frenar, posponer y volver a empezar. 

El resultado final es que, aunque el acceso de las mujeres al ministerio ordenado diaconal no es rechazado abierta y definitivamente, sí es sistemáticamente aplazado durante décadas. Y uno acaba teniendo la sensación de que la frontera entre «por el momento no» y «nunca» se vuelve cada vez más difusa... 

Llegados a este punto no sé si cabe legítimamente esperar que el Magisterio evolucione en lo que respecta a la problemática teológica del ministerio ordenado diaconal femenino. Uno sí desearía que la cuestión pudiera seguir siendo abordada de manera sistemática, no solo analizando la historia de la Iglesia, sino también discerniendo “los signos de los tiempos”, porque las condiciones y las necesidades de la Iglesia actual son diferentes a las del pasado.

Si es necesaria la confrontación frontal con el Nuevo Testamento y la fidelidad a la Tradición - que va más allá de las tradiciones ligadas a un determinado ‘hic et nunc’ -, no es menos necesaria la creatividad que es obra del Espíritu Santo, en comunión con el ministerio del discernimiento en la Iglesia.

La Iglesia también se encuentra hoy ante una fuerte llamada a la apertura al soplo del Espíritu, en la conciencia de que toda forma eclesial debe permanecer abierta a sus sorpresas, capaz de reconocer los «signos» que Dios siembra a lo largo de la historia. 

Hoy en día, una de estas señales es la voz de las mujeres que piden, antes y más allá del acceso a la ordenación diaconal, el reconocimiento y el respeto de su sensibilidad: como sujetos sociales, teológicos y espirituales maduros. 

El Sínodo nos ha invitado a una conversión relacional antes que doctrinal: aprender a reconocer qué lenguaje construye comunión y cuál, en cambio, hiere; qué teología abre y cuál cierra; qué imaginario sostiene el protagonismo de todos los bautizados y cuál perpetúa la exclusión

Y ciertamente el futuro no se construye defendiendo posiciones, sino buscando juntos —mujeres y hombres— las palabras que hoy pueden custodiar verdaderamente lo que es precioso: no una «reserva de masculinidad», sino el Evangelio del Reino.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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