viernes, 20 de febrero de 2026

¿Y tú cómo ligas?

¿Y tú cómo ligas?

Una amiga me decía que hasta puede haber un machismo asintomático: el de quienes aparentemente defienden la igualdad legítima entre los sexos, pero sin creer realmente en ella en su interior. 

Wikipedia identifica el «machismo» como una «actitud o forma de pensar basada en la supuesta superioridad del hombre sobre la mujer». La breve definición describe bien el concepto, resaltando el hecho de que la presunción básica no se extiende solo a la acción, sino también y sobre todo al pensamiento. A veces, principalmente al pensamiento. 

El Señor Alfonso Carlos Serrano Sánchez-Capuchino, en defensa del alcalde de Móstoles, preguntaba a un periodista: “Y tú, ¿cómo ligas?”: https://www.dailymotion.com/video/x9ze4ws 

No sé si la pregunta puede ser calificada de una o de otra manera teniendo en cuenta el contexto en el que ha sido formulada. Tal vez, y llevada hasta el extremo, hasta pueda representar una forma de pensamiento degradante y machista referida a la figura femenina en general, enmascarado por una ocurrencia hasta con pretensión de divertida. 

Fruto de siglos de cultura impuesta, se esconde incluso en una formulación aparentemente inocente: el pensamiento machista a veces se disimula y no da señales de su presencia, hasta que se revela a la luz de la palabra de la persona que le da voz. 

No es objeto de mi reflexión el hecho de que esta pregunta - “Y tú, ¿cómo ligas?” - esté formulada por un representante de una determinada sigla política. En este caso del Partido Popular de España. No es ese mi tema. 

Si traigo el ejemplo a colación es porque seguramente se trata de uno de los mayores males de nuestra sociedad, precisamente por su dificultad para ser identificado, así como por la tendencia común a justificarlo y considerarlo inofensivo: el machismo asintomático del que me habla una amiga. 

Somos portadores de él algunos hombres. No lo sé, porque no soy mujer, si también las mujeres lo llevan. Ellas, si quieren, lo podrán decir. 

Hablo de personas normalmente cultas, que aparentemente defienden la legítima igualdad entre los sexos, pero sin creer realmente en ella en su interior. Algunos inconscientemente, forjados en la crisálida de una educación de nivel que ni los estudios ni la vida han logrado erosionar por completo; otros, racionalmente conscientes de la contradicción que los atenaza. 

Los primeros se dejan llevar por pequeños comportamientos y/o frases sexistas, sin reconocer sus graves y contradictorias implicaciones. Los segundos optan por una máscara particularmente pesada. 

Los machistas asintomáticos somos conscientes de la estupidez del concepto de machismo, así como del juicio negativo que nos rodearía si admitiéramos nuestros pensamientos más profundos. 

El problema es que no se puede evitar partir de una premisa machista en cada enfoque: como un drogadicto que sabe que se está haciendo daño, pero que no puede renunciar a su dosis. La premisa fundamental es que, precisamente, se piensa que defender la igualdad es conveniente para las mujeres, no lo más justo y mejor también para todos, hombres y mujeres. 

Incluso por eso el machismo asintomático puede ser considerado un problema grave: es el eslabón oculto - asintomático, invisible,… - de la cadena que nos ata a un determinado sistema de cultura, de valores,…, que llamamos ‘patriarcal’. 

Ese tipo de machismo, que a veces incluso ocupa cargos importantes de responsabilidad política y social, nos hace hipócritas. Un machismo así impide el cambio real, ahora más que conveniente… porque es necesario. 

Seguramente hay que tener la cultura suficiente para reconocer lo erróneo de manifestar un pensamiento así. 

¿Cómo se reconoce los machistas asintomáticos? Bueno, es muy complejo, ya que se hace todo lo posible para no ser descubierto. Es la versión sofisticada del «No soy racista, PERO...». 

Una primera pista pueden ser algunas afirmaciones. Se hace una broma de… y se atribuye el comentario al humor… Pero, en realidad, la única ironía real es que el machista asintomático es víctima de sí mismo, en su convicción de inclinarse por la simplicidad... 

Uno se pregunta cómo pueden coexistir la cultura y el machismo. Este tipo de machismo asintomático quizá no tiene que ver con determinada inteligencia ni coeficientes. Es un machismo que surge del miedo y de la inseguridad, de la baja autoestima y de la sensación de no estar a la altura, y, por lo tanto, no solo de la ignorancia. 

No hay que dejarse engañar por la duda de que una afirmación inocente y trivial, que incluso invita a sonreír (por ejemplo la susodicha pregunta ‘Y tú, ¿cómo ligas?’), puede llevar consigo, en el contenido y en la forma un elemento machista asintomático, teniendo en cuenta el contexto en el que está formulada (y que es la acusación realizada contra el alcalde, también del Partido Popular como Alfonso Serrano, de una ciudad por una presunta agresión sexual hacia una mujer además de otras agresiones). 

Mientras la sociedad no comprenda la necesidad del respeto por encima de la ocurrencia divertida, la lucha por la igualdad seguirá siendo una asignatura pendiente. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF


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