jueves, 26 de marzo de 2026

Magnificat.

Magnificat

Alma mía,

alaba,

te lo pido,

mi Señor,

 

ayúdame a aprender a leer esta vida mía,

un pergamino abierto bajo la bóveda celeste,

un púlpito desde el que Él me habla.

Alma mía, acaricia mi espíritu,

para que recupere el valor de alegrarse en Dios,

 

implora a Su Espíritu,

que permanezca conmigo,

sin cesar conmigo,

que esté sobre mí,

lo necesito como el aire.

Alma mía

susurra a Dios que Él es

mi único consolador,

Él el guardián de mi fragilidad,

Él mi única bienaventuranza.

 

Grandes cosas ha hecho en mí,

y por mí,

cosas mucho más grandes que yo.

Alma mía

confía al Padre que solo

en sus labios mi pobreza se convierte en

alegre anuncio,

 

y que no puedo prescindir de la libertad

que has hecho estallar en las prisiones de mis miedos

 

y tampoco de tu luz

puedo prescindir,

mis ojos están cansados.

Alma mía

confiesa al Padre que hay días

en los que veo su misericordia por todas partes,

en cada rincón,

y lo bendigo con oraciones.

 

Alma mía

da gracias a su poderoso brazo,

el que ha disipado mis delirios de omnipotencia

y ha levantado tiernamente mis debilidades.

Ahora que siento vibrar su gracia

en cada cosa,

espero que nunca sacie mi hambre de belleza

y vacíe siempre mis manos

permitiéndome mendigar sentido

hasta el último instante de mi vida.

 

Hoy se ha cumplido esta escritura,

hoy ocurre, hoy siempre se cumple,

en mí, en nosotros, su palabra.

Alma mía

hoy

todavía me da miedo,

y pido perdón al Padre.

Miedo de no ser capaz de encarnar la promesa,

miedo de no estar a la altura de tanta belleza.

Miedo de acostumbrarme

y de no reconocerlo más.

 

Hoy, ahora, aquí

se cumple la Escritura que hemos escuchado,

mientras Jesús cierra el rollo

y abre su propia carne

para dejarse escribir por el Padre.

Alma mía,

glorifica mi persona,

hazla dócil a la fantasía del Espíritu,

que transfigura el mundo,

Ahora, aquí.

 

Incendiando también con fuego mis miedos.

Amén.

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