lunes, 6 de julio de 2026

Un buen examen de conciencia - San Mateo 13, 24-43 -.

Un buen examen de conciencia - San Mateo 13, 24-43 -

 

Esta parábola nos puede cambiar nuestra imagen de Dios. Y es que nuestro corazón es un puñado de tierra, sembrado de buena semilla y asediado por malas hierbas; un terrón de tierra donde entrelazan sus raíces, a veces inextricables, el bien y el mal.

 

«¿Quieres que vayamos a arrancar la cizaña?», preguntan los siervos al amo. La respuesta es tajante: «No, ¡porque corréis el riesgo de arrancarme las espigas de buen trigo!».

 

Un conflicto de miradas: la de los siervos se fija en el mal, la del amo en el bien. El incansable sembrador repite: fíjate en el buen trigo del mañana, no en la cizaña. La cizaña es secundaria, viene después, vale menos.

 

Piensa en la buena semilla. Ante Dios, una espiga de trigo bueno vale más que toda la cizaña del campo; el bien es más importante que el mal; la luz cuenta más que la oscuridad.

 

La moraleja del Evangelio, de hecho, no es la de la perfección, el ideal absoluto e inmaculado, sino la del camino, de la fecundidad, del comienzo, de los racimos que maduran tenazmente al sol, de las espigas que se hinchan dulcemente de vida.

 

La parábola nos invita a liberarnos de los falsos exámenes de conciencia negativos, de elaborar la habitual y larga lista de sombras y fragilidades, que al fin y al cabo es siempre la misma.

 

Nuestra conciencia clara, iluminada y sincera debe descubrir, ante todo, lo que de vital, bello, bueno y prometedor la mano viva de Dios ha sembrado en nosotros: nuestro jardín, el Edén confiado a nuestro cuidado.

 

Sigamos el camino por el que actúa Dios: para vencer a la noche, enciende la mañana; para hacer florecer la estepa estéril, esparce infinitas semillas de vida; para levantar la harina pesada e inerte, añade una pizca de levadura.

 

Dios da inicio a la primavera del cosmos; a nosotros nos corresponde convertirnos en el verano perfumado de las cosechas. Yo no soy mis defectos ni mis debilidades, sino mis maduraciones. No estoy creado a imagen del Enemigo y de su noche, sino a imagen del Creador y de su día.

 

La actividad religiosa, radiante, positiva y vital que debemos tener hacia nosotros mismos consiste en no preocuparnos ante todo por las malas hierbas o los defectos, sino en venerar todas las fuerzas de bondad, generosidad, acogida, belleza y ternura que Dios nos entrega. Hagamos que estas broten con toda su fuerza, con todo su poder, y veremos cómo desaparecen las tinieblas.

 

Cuida y cultiva con esmero los talentos, los dones y las semillas de vida, y la cizaña tendrá cada vez menos terreno. Preocúpate por la buena semilla, ama la vida, protege cada brote, sé indulgente con todas las criaturas. Y sé indulgente también contigo mismo. Y todo tu ser florecerá en la luz.

 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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