La escuela de una vida plena - San Mateo 11, 25-30 -
Un momento de encanto de Jesús ante los pequeños, ante
los suyos: «Te alabo, Padre, porque has revelado estas cosas a los pequeños».
Los pequeños de los que está lleno el Evangelio, los
últimos de la fila, que son los preferidos de Dios. Jesús es el primero de los
pequeños: viene como hijo de gente humilde, nace en un establo, no tiene ningún
poder en sus manos y su revolución se cumple en una cruz. Pero «el
valor de un hombre no se mide por su inteligencia, sino por lo que vale su
corazón» - Mahatma Gandhi -.
«Venid a mí todos los que estáis cansados y
oprimidos, y yo os daré descanso».
Jesús no viene con obligaciones ni prohibiciones;
viene trayendo una copa rebosante de paz. Jesús no trae nuevos preceptos, sino
una promesa: el reino de Dios ha comenzado, y es paz y alegría en el Espíritu
(Rom 14,17).
Y si te dejas llenar por la paz del Señor, a través
del descanso y la paz de vuestro corazón, decenas y miles a vuestro alrededor
se sentirán reconfortados y encontrarán consuelo.
«Aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón».
Aprended de mi corazón. A Jesús se le aprende
conociendo su corazón, es decir, su manera de amar. El maestro es el corazón.
La paz se aprende. La plenitud de la vida se aprende.
Se aprende a vivir al aprender del corazón de Dios.
Y la escuela es la vida de Jesús, este hombre sin
poderes, libre como el viento, ligero como la luz, digno y elevado, a quien
nada ni nadie ha podido doblegar jamás.
Aprended de mi forma de amar: humilde, sin arrogancia,
y manso, sin violencia. El consuelo de la existencia de cada uno es
precisamente eso, un amor humilde y manso, una criatura en paz, que difunde una
sensación de serenidad en la aridez de la vida. Y nuestra vida se reconforta
junto a la suya.
Comienza, pues, el discipulado del corazón, para
todos: niños y ancianos, mujeres y hombres, presbíteros y religiosos, para
nosotros que nos creemos inteligentes, pero que corremos el riesgo de seguir
siendo analfabetos del corazón. Funcionarios de las normas y analfabetos del
corazón.
Porque Dios no es un concepto, no es una regla, no se
reduce a un saber: Dios es el corazón dulce y fuerte de la vida.
Dice Jesús: «Llevad mi yugo sobre vosotros. Mi yugo es
dulce y mi carga ligera». En el lenguaje de la Biblia, «yugo»
indica la ley: «Llevad mi ley sobre vosotros».
Tomad sobre vosotros el amor; es un yugo ligero, es un
tirano amable, que ni por un instante hiere el corazón, no ataca lo que hay en
lo más profundo del hombre, sino que es incansable a la hora de generar, dar a
luz, cuidar, consolar y dar alivio. No es uno más entre tantos maestros, es «el»
maestro de una vida plena, que encierra el sabor y el calor de Dios.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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